Piense en el plástico del océano y puede imaginarse botellas y bolsas balanceándose sobre las olas, desplazándose lentamente hacia el mar. Sin embargo, la realidad es más compleja y mucho más persistente.
Incluso si detuviéramos toda la contaminación plástica hoy, nuestra nueva investigación muestra que fragmentos de plástico flotante continuarían contaminando la superficie del océano durante más de un siglo.
Estos fragmentos se descomponen lentamente, liberando microplásticos que se hunden en la columna de agua a un ritmo glacial. El resultado es una “cinta transportadora natural” de contaminación que une la superficie con las profundidades del mar.
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Nuestro nuevo estudio se propuso comprender qué sucede con los grandes trozos de plástico flotante una vez que ingresan al océano. Desarrollamos un modelo informático para simular cómo estos plásticos se degradan, fragmentan e interactúan con las partículas pegajosas en suspensión conocidas como “nieve marina”, que ayudan a transportar la materia al fondo marino.
La nieve marina es la nevada natural del océano: pequeños y pegajosos copos de plancton muerto y otras partículas orgánicas que se agrupan y se hunden lentamente, arrastrando cualquier cosa que se pegue, como los microplásticos, hacia las profundidades.
(Nan Wu, CC BY-NC-ND)
El nuevo modelo se basa en nuestro trabajo anterior que comprende el destino a largo plazo de los microplásticos de menos de 1 mm, que demostró que los plásticos solo interactuarían con partículas orgánicas finas suspendidas una vez que se hubieran descompuesto y alcanzado un umbral de tamaño crítico. Pero ese modelo unidimensional simple no consideró otros procesos físicos, como las corrientes oceánicas.
Al vincular la degradación del plástico con los procesos oceánicos, incluida la sedimentación de la nieve marina, ahora hemos proporcionado una imagen más completa de cómo las pequeñas partículas de plástico se mueven a través del sistema oceánico y por qué parte del plástico flotante parece desaparecer de la superficie.
El problema del “plástico perdido”
Cuando los plásticos de gran tamaño, como envoltorios de alimentos o fragmentos de aparejos de pesca, llegan al océano, pueden permanecer a flote durante años, lentamente golpeados por la luz del sol y las olas y colonizados por biopelículas marinas: comunidades microbianas que viven en la superficie del plástico.
Con el tiempo, se rompen en pedazos cada vez más pequeños y eventualmente se vuelven lo suficientemente pequeños como para adherirse a la nieve marina y hundirse. Pero ésta es una transformación lenta. Después de 100 años, alrededor del 10% del material original todavía se puede encontrar en la superficie del océano.

Por lo demás, los científicos han notado desde hace tiempo una desconcertante discrepancia entre la cantidad de plástico que ingresa al océano y las cantidades mucho más pequeñas que se encuentran flotando en la superficie.
Los plásticos flotantes deben eliminarse de la capa superficial del océano mediante su degradación y hundimiento, pero hasta ahora las cifras no han cuadrado del todo. Nuestros hallazgos ayudan a explicar este problema del “plástico faltante”.
No somos los primeros científicos que informan del hundimiento de los microplásticos. Pero al combinar el trabajo experimental sobre cómo los microplásticos se asocian con los sedimentos finos suspendidos, con nuestro modelado de la degradación del plástico y los procesos de sedimentación de la nieve marina, proporcionamos estimaciones realistas de cómo se eliminan los microplásticos de la superficie del océano, lo que explica el plástico faltante.
La bomba biológica natural del océano, a menudo descrita como una cinta transportadora, mueve carbono y nutrientes desde la superficie hasta las profundidades del mar. Nuestra investigación sugiere que este mismo proceso también mueve los plásticos.
Sin embargo, existe un costo potencial. A medida que la producción mundial de plástico sigue aumentando, la bomba biológica podría sobrecargarse. Si se adhieren demasiados microplásticos a la nieve marina, pueden interferir con la eficiencia con la que el océano almacena carbono, un efecto que podría tener consecuencias para los ecosistemas marinos e incluso para la regulación del clima.
Una cinta transportadora para la contaminación
La contaminación por microplásticos no es un problema a corto plazo. Incluso si hoy lográramos cero residuos plásticos, la superficie del océano permanecería contaminada durante décadas.
Para abordar el problema de manera efectiva, necesitamos pensar a largo plazo, no solo limpiar playas o océanos. Las políticas deben abordar la producción, el uso y la eliminación del plástico en cada etapa. Comprender cómo se mueve el plástico a través del sistema oceánico es un paso crucial hacia ese objetivo.
Los artículos de plástico grandes y flotantes se degradan con el paso de las décadas y desprenden microplásticos a medida que avanzan. Estos pequeños fragmentos pueden llegar a hundirse en el fondo del océano, pero sólo después de pasar por múltiples ciclos de unión y liberación de la nieve marina, un proceso que puede llevar generaciones.
Esto significa que los plásticos perdidos en el mar hace décadas todavía se están descomponiendo hoy, creando una fuente persistente de nuevos microplásticos.
El océano lo conecta todo: lo que hoy flota algún día se hundirá, se fragmentará y reaparecerá en nuevas formas. Nuestra tarea es asegurarnos de que lo que dejamos atrás sea menos dañino que lo que ya hemos dejado a la deriva.
Kate Spencer, profesora de Geoquímica Ambiental, Universidad Queen Mary de Londres y Nan Wu, modeladora ecológica, investigadora postdoctoral, British Antártida Survey; Universidad Queen Mary de Londres
Este artículo se vuelve a publicar desde The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.
