Anne Applebaum: “Cuando uno imagina los medios de comunicación en una dictadura, probablemente piensa en algo aburrido y gris. Tal vez un programa de televisión estatal soviético, que ensalza la cosecha anual. Tal vez una fotografía borrosa de un periódico del presidente Mao o del general Pinochet, rodeado de bloques de prosa turgente”.
“Pero si esa es su imagen mental, entonces su imaginación está desactualizada. Hoy en día, la propaganda autoritaria puede ser variada, colorida e incluso fascinante. Hugo Chávez, el dictador venezolano, solía actuar en televisión durante horas, cantando, charlando y entrevistando a celebridades. Un día reciente, el sitio web de Komsomolskaya Pravda, anteriormente el órgano del movimiento juvenil soviético, ahora portavoz del Kremlin de Vladimir Putin, ofrecía historias que iban desde clickbait sobre “las hermosas mujeres que atraen a a los moscovitas en estafas de citas” hasta un relato alarmista de cómo Ucrania se está “convirtiendo en un campo de entrenamiento para el ejército de la UE”.
“El objetivo de estos esfuerzos no es simplemente desinformar sino generar desconfianza. Los regímenes autoritarios modernos a menudo no ofrecen una línea de propaganda unificada sino más bien versiones contradictorias de la realidad, y en muchas formas diferentes: intelectuales y vulgares, serias y tontas, algo verdaderas y en gran medida falsas. El efecto acumulativo es dejar a los ciudadanos sin una idea clara de lo que realmente está sucediendo”.
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