Los científicos advierten que ahora es urgente comprender la conciencia

A medida que la inteligencia artificial avanza, un grupo de destacados investigadores dice que la cuestión científica más profunda de todas, cómo surge la conciencia, ya no se puede posponer. En Frontiers in Science, sostienen que los riesgos éticos, médicos y sociales hacen que sea fundamental comprender la conciencia antes de que las máquinas o los sistemas cerebrales desarrollados en laboratorio comiencen a exhibirla.

En su amplia reseña, Axel Cleeremans de la Universidad libre de Bruselas, Liad Mudrik de la Universidad de Tel Aviv y Anil Seth de la Universidad de Sussex describen un campo que se encuentra en un punto de inflexión. La neurociencia ha mapeado los circuitos cerebrales que se correlacionan con la conciencia, pero las teorías aún divergen sobre qué mecanismos hacen posible la experiencia. Los autores piden un esfuerzo científico coordinado para probar modelos competitivos y prepararse para el día en que la conciencia pueda aparecer en formas artificiales o sintéticas.

“La ciencia de la conciencia ya no es una búsqueda puramente filosófica. Tiene implicaciones reales para todas las facetas de la sociedad y para comprender lo que significa ser humano”, afirmó el autor principal, el profesor Axel Cleeremans.

El auge de las máquinas conscientes

El equipo advierte que los avances en IA y neurotecnología están superando nuestra comprensión de la conciencia misma. Las interfaces cerebro-computadora, los implantes neuronales y los algoritmos de autoaprendizaje ya imitan comportamientos humanos con un realismo asombroso. Pero sin un marco para detectar la conciencia, la sociedad corre el riesgo de cruzar líneas éticas por accidente. Si un sistema alguna vez se vuelve consciente, incluso sin darse cuenta, las cuestiones de derechos, sufrimiento y responsabilidad moral se volverían inevitables.

Cleeremans y sus colegas describen cómo las “pruebas de sensibilidad” científicas podrían algún día detectar la conciencia en pacientes con lesiones cerebrales, fetos en desarrollo, animales, organoides o sistemas de inteligencia artificial. Estos avances podrían revolucionar la medicina y la neurociencia, pero también obligarían a la sociedad a reconsiderar quién o qué se considera un ser consciente.

Estas pruebas podrían basarse en teorías líderes como la Teoría del Espacio de Trabajo Global, que ve la conciencia como la capacidad del cerebro para transmitir información globalmente, y la Teoría de la Información Integrada, que vincula la conciencia con cuán estrechamente conectadas están las partes de un sistema. Hasta ahora, incluso en humanos, la evidencia sigue dividida entre estos modelos.

De los límites éticos a los riesgos existenciales

Más allá del laboratorio, una explicación científica de la conciencia podría transformar la forma en que la humanidad gobierna la tecnología, trata a los animales y define la intención legal. Comprender la conciencia podría aclarar por qué algunos pacientes en aparente coma permanecen mentalmente presentes o qué parte de nuestra propia toma de decisiones ocurre de manera inconsciente. También podría remodelar la jurisprudencia cuestionando ideas como mens rea, la “mente culpable” que sustenta el derecho penal.

Como señalan los autores, la neurociencia ya está revelando que muchos comportamientos surgen antes de la intención consciente: un descubrimiento que podría desdibujar las distinciones de larga data entre elección y compulsión. Asimismo, saber qué animales son verdaderamente sensibles podría alterar las prácticas agrícolas, de investigación y de conservación.

“El progreso en la ciencia de la conciencia cambiará la forma en que nos vemos a nosotros mismos y nuestra relación tanto con la inteligencia artificial como con el mundo natural”, dijo el coautor Anil Seth.

Los científicos también destacan una frontera más especulativa: la conciencia artificial. Algunos teóricos creen que los sistemas computacionales podrían, en principio, lograr una experiencia subjetiva si se construyen con la arquitectura adecuada. Otros sostienen que la encarnación biológica es esencial. De cualquier manera, la línea entre simular y poseer conciencia pronto puede desdibujarse a medida que evolucionan los grandes modelos de lenguaje y los organoides neuronales.

Los autores instan a los responsables políticos a tratar la investigación de la conciencia como una prioridad, no como una curiosidad. Comprenderlo, escriben, influirá en todo, desde la medicina al final de la vida hasta la ética prenatal, desde la salud mental hasta la gobernanza de la IA. Sin él, la humanidad puede tropezar y crear entidades que sienten y sufren sin darse cuenta.

Fronteras de la ciencia: 10.3389/fsci.2025.1546279

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