Lo que comenzó como una forma de preservar los cuerpos humanos ahora se utiliza para dar nueva vida a la madera. En la Universidad de Okanagan, Columbia Británica, los investigadores están experimentando con plastinación, un proceso que reemplaza el agua en el tejido con silicona, para hacer que el cedro rojo occidental sea más duradero y resistente a la putrefacción. Los resultados podrían transformar la forma en que se utilizan los materiales naturales en el diseño de edificios sostenibles.
La plastinación se desarrolló hace décadas para preparar muestras anatómicas para estudios médicos. El equipo de la UBC, dirigido por el profesor Abbas Milani y la estudiante de doctorado Olivia Margoto, se dio cuenta de que el mismo concepto podría funcionar con materiales de construcción orgánicos. En lugar de recubrir la superficie o inyectar productos químicos, la plastinación funciona desde dentro, reemplazando la humedad con silicona y sellando estructuras microscópicas contra la descomposición.
Para probar la idea, el equipo deshidrató muestras de cedro con acetona, introdujo silicona en la madera al vacío y luego curó el material para formar una barrera interna impermeable. El resultado fue una madera que parecía sin cambios pero se comportaba de manera completamente diferente. El agua ya no podía filtrarse en sus células y las muestras tratadas permanecían más ligeras, más fuertes y más flexibles después del remojo.
Preservando la naturaleza desde adentro hacia afuera
El cedro rojo occidental es apreciado en toda América del Norte por su fragancia y belleza natural, pero se hincha y se agrieta cuando la humedad circula por sus fibras. Los tratamientos tradicionales se basan en pinturas, selladores o biocidas, que eventualmente desaparecen. La plastinación ofrece un nuevo camino al proteger la madera a nivel celular, creando una red invisible que mantiene el agua fuera mientras mantiene la fuerza.
“El cedro rojo occidental es apreciado por su abundancia y renovabilidad, aunque su tendencia a absorber la humedad es un gran inconveniente. Al aplicar plastinación, preservamos la estructura de la madera desde adentro hacia afuera, manteniendo su fuerza y mejorando dramáticamente su resistencia al agua”.
Imágenes avanzadas confirmaron que la silicona penetró aproximadamente una quinta parte de la sección transversal del cedro. Las pruebas mostraron casi un 60 por ciento menos de absorción de agua y un aumento del 45 por ciento en la hidrofobicidad de la superficie. Quizás lo más sorprendente es que el cedro tratado no perdió resistencia a la tracción; en cambio, se volvió más consistente y ligeramente más flexible, lo que podría reducir el agrietamiento y extender la vida estructural en climas severos.
En comparación con experimentos anteriores con bambú, el cedro demostró ser aún más receptivo. Sus estrechos microcanales permitieron que la silicona se uniera estrechamente a las paredes celulares, formando una estructura interna más resistente. Para los arquitectos y constructores que buscan materiales renovables y no tóxicos, esto podría significar madera que mantenga su calidez y carácter mientras se comporta como un compuesto moderno.
De la curiosidad del laboratorio al material de construcción
Las consideraciones medioambientales persisten. La acetona es un disolvente deshidratante eficaz, pero debe reciclarse de forma segura, y la silicona, aunque duradera, no es biodegradable. Los investigadores ya están explorando sistemas de recuperación de disolventes y polímeros de origen vegetal para reducir la huella del proceso. El socio industrial NetZero Enterprises posee patentes sobre la técnica y está colaborando con la UBC para ampliarla a la producción en el mundo real.
“La plastinación ofrece una poderosa alternativa a los conservadores de madera tradicionales, que a menudo dependen de productos químicos tóxicos o recubrimientos de corta duración. Esta técnica podría extender significativamente la vida útil de los productos de madera natural, sin sacrificar el desempeño ambiental”.
Como idea, es casi poética: un proceso diseñado para preservar cuerpos ahora se utiliza para preservar el cuerpo de un árbol. Imagine un revestimiento de cedro que se mantiene liso durante décadas de tormentas, o puentes de madera que resisten la putrefacción sin una gota de veneno. En palabras de Margoto, la naturaleza ya nos ha regalado materiales increíbles; el desafío es ayudarlos a perdurar. Con plastinación, la humilde tabla de cedro podría algún día durar más que sus clavos de acero.
La investigación aparece en Materiales: 10.3390/ma18184353.
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