Polémico radar de tráfico genera indignación y apelaciones de multas en San Miguel de Salinas

La instalación de una controvertida cámara de velocidad para detectar infracciones de semáforo en rojo en una intersección principal de San Miguel de Salinas ha desencadenado una ola de indignación pública y desafíos legales.

La instalación de una controvertida cámara de velocidad para detectar infracciones de semáforo en rojo en una intersección principal de San Miguel de Salinas ha desencadenado una ola de indignación pública y desafíos legales. En sólo dos meses, el ayuntamiento ha impuesto cientos de multas de 200 euros, lo que ha dado lugar a decenas de denuncias exitosas centradas en supuestas deficiencias en la señalización e instalación del dispositivo.

La cámara, situada en el corazón del pueblo en la calle Galán y Delgado, se ha convertido en el tema dominante de conversación, generando una frustración generalizada. Los conductores sorprendidos saltándose el semáforo en rojo se enfrentan a una multa sustancial de 200 euros (o 100 euros si pagan puntualmente) y una deducción de cuatro puntos de su licencia.

Muchas de las multas iniciales fueron dictadas y posteriormente impugnadas, siendo estimados varios recursos por incumplimiento de las normas reglamentarias relativas a la instalación del semáforo.

Un problema de larga data

La intersección en cuestión no es un cruce típico, sino un tramo estrecho de un solo carril utilizado para la distribución del tráfico en dos sentidos: el principal punto de acceso y salida que conecta el centro de la ciudad con Orihuela Costa y otras áreas clave. Este semáforo existe desde hace años y muchos conductores lo ignoraban sistemáticamente debido a los ciclos de luz verde demasiado cortos, lo que a menudo provocaba largas colas y retrasos.

El alcalde Juan de Dios Fresneda (Partido Socialista) defiende firmemente la represión. “Si no quieren una multa, no deberían pasarse el semáforo en rojo”, afirmó, argumentando que pasarse el semáforo en rojo sistemático en el lugar era inaceptable.

Preocupaciones regulatorias y de ingresos

Sin embargo, el núcleo de la controversia no reside sólo en las violaciones sino en la instalación misma. Los denunciantes argumentaron con éxito que las señales de advertencia iniciales eran de tamaño insuficiente (30×30 cm en lugar de los 132×90 cm requeridos). Si bien el consejo ha rectificado en gran medida la señalización, algunos requisitos legales básicos siguen sin cumplirse, lo que podría invalidar futuras multas.

El opositor Partido Popular (PP) sugiere que la medida es puramente para generar ingresos. La empresa subcontratada que gestiona el sistema cobra 12 euros por multa procesada y, según se informa, ha cobrado alrededor de 22.000 euros en sólo dos meses, lo que implica más de 1.800 supuestas infracciones. Además, los conductores sancionados deberán solicitar expresamente la prueba fotográfica que acredite la infracción.

Impacto en la comunidad

Las multas han afectado desproporcionadamente a los residentes de origen británico y centroeuropeo que viven en las urbanizaciones circundantes. Paradójicamente, el semáforo no ha logrado el objetivo de seguridad previsto; En lugar de reducir la velocidad, algunos conductores ahora aceleran en el tramo para minimizar el tiempo de espera, poniendo en peligro aún más a los peatones en un área cerca de dos escuelas. Como resultado, muchos conductores eligen ahora la carretera de circunvalación occidental, más larga, para evitar por completo el controvertido semáforo.