Considerado como el evento para iniciar con estilo la temporada navideña, el encendido anual de las luces festivas de Orihuela Costa por parte del alcalde y su cada vez más numeroso séquito el jueves por la noche resultó ser más un desaire brillante que un deleite deslumbrante, y los residentes se mantuvieron alejados de la celebración anual.
La baja participación se produce a raíz del resentimiento persistente por el evento del año pasado, cuando los residentes expresaron su descontento por la gestión de la costa mientras se enfrentaban a una policía dura durante lo que se suponía era una manifestación pacífica.
Muchos fueron amonestados simplemente por hacer sonar silbatos de protesta, y al menos un miembro del grupo fue multado con más de 600 euros. El encendido del jueves mostró claramente ese descontento: los lugareños y las asociaciones boicotearon el evento casi por completo.
Al final, asistieron menos de 30 miembros del público. La única presencia notable fue un pequeño grupo de protesta de unas 15 personas, en su mayoría niños y padres, que portaban pancartas exigiendo un mejor trato y mejores condiciones en las escuelas. Aparte de ellos, al acto asistieron principalmente un coro local y el habitual grupo de parásitos políticos, sin participación de ninguno de los grupos políticos de la ciudad.
El concejal Ortuña y el alcalde pronunciaron sus habituales discursos de autocomplacencia, tras los cuales el intento del alcalde de conseguir que un niño pequeño encendiera las luces acabó en un fracaso cada vez más incómodo. Finalmente, Ortuña tomó el control remoto de la mano del alcalde, y el ayuntamiento de Playa Flamenca y sus alrededores finalmente estallaron en una llamarada de color.
La “celebración” luego se trasladó al vestíbulo del ayuntamiento, donde los asistentes recorrieron el pequeño belén mientras el coro interpretaba una selección de villancicos populares. Sin embargo, con tan pocos residentes presentes, la alegría festiva fue silenciada y el tan esperado encendido estuvo muy por debajo de las expectativas.
Lo que se había promocionado como el punto culminante del calendario navideño de la ciudad terminó siendo un asunto decepcionante y discreto, un recordatorio de que la buena voluntad pública no puede darse por sentada cuando aún persiste el descontento debido a una mala gestión política y agravios del pasado.


