Un reloj molecular oculto en gusanos podría transformar las estimaciones forenses del tiempo de muerte

Cuando se descubre un cuerpo, una de las primeras pistas a las que recurren los investigadores no es una huella digital ni un testigo: es un gusano. Estas son las larvas de moscardas, los insectos más comúnmente utilizados para estimar el tiempo desde la muerte porque se desarrollan en etapas predecibles. Pero hay un problema: al final del desarrollo, los gusanos dejan de mostrar los cambios externos en los que confían los investigadores. Durante décadas, esa ventana estancada ha dejado a los equipos forenses con un margen de incertidumbre.

Ahora, una investigación publicada en PLOS Genetics muestra que esta ventana no está estancada en absoluto. Incluso cuando un gusano parece congelado desde fuera, su metabolismo y actividad genética continúan cambiando de manera mensurable y predecible. Al decodificar esos cambios internos, los investigadores han construido un “reloj” molecular que puede determinar la edad de un gusano cuando la apariencia exterior casi no ofrece pistas.

“El estudio de los insectos puede revelar conocimientos que benefician nuestras vidas”, dijo Matthew DeGennaro, un destacado investigador de insectos, en un comunicado de prensa. “La estimación del momento de la muerte es un ejemplo sorprendente”.

El papel de un gusano en las investigaciones de muertes

Las larvas de mosca azul crecen a través de tres etapas distintas y su desarrollo se acelera en condiciones cálidas y se ralentiza en condiciones frías. Los investigadores suelen estimar cuánto tiempo han estado presentes los insectos comparando el tamaño y el estadio de las larvas con los registros de temperatura locales.

Pero este método fracasa durante la recta final de la vida larvaria. En esta etapa, los gusanos llegan a un punto muerto: dejan de ganar tamaño, sus cuerpos mantienen la misma forma y su comportamiento se vuelve inconsistente. Aunque el desarrollo interno continúa, las señales externas apenas cambian. Dependiendo de la temperatura, este período de estancamiento puede durar desde varias horas hasta varios días, lo que deja a los investigadores con un punto ciego.

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Dentro del gusano: un reloj que sigue corriendo

En el laboratorio, los investigadores rastrearon lo que sucedía dentro de los gusanos durante la etapa en la que dejan de cambiar en el exterior. Recolectaron larvas en varios puntos de esa ventana tardía y examinaron cómo sus procesos internos cambiaban con el tiempo. Aunque los insectos parecían prácticamente idénticos hora tras hora, su funcionamiento interno distaba mucho de estar quieto.

Descubrieron que nueve señales biológicas clave, relacionadas con la forma en que los gusanos usan la energía, manejan el estrés y comienzan a reorganizar sus cuerpos para la siguiente etapa de la vida, cambiaron en un patrón predecible. Estos cambios internos actuaron como un ritmo silencioso, una especie de reloj molecular que seguía funcionando incluso cuando los cuerpos de los insectos dejaban de ofrecer pistas visibles.

Para ver si ese reloj podría usarse para decir la hora, el equipo construyó un sistema que comparó esas señales internas con etapas de desarrollo conocidas. Funcionó: el método podría ubicar la edad de un gusano dentro de la complicada ventana de la etapa tardía con mucha más precisión que las estimaciones basadas en el tamaño o la apariencia. Los investigadores también notaron que ciertos procesos relacionados con la energía subían y bajaban con la misma confiabilidad, agregando otra capa de información temporal que fortaleció el enfoque general.

Uso forense en el mundo real

El siguiente paso es probar el reloj molecular fuera de condiciones controladas de laboratorio, donde la temperatura, el ambiente y otras variables pueden cambiar el desarrollo de los insectos. Demostrar que las señales de sincronización internas se mantienen en entornos del mundo real será esencial antes de que puedan aplicarse a las investigaciones de muertes.

Por ahora, el trabajo destaca que incluso en la etapa en la que las larvas aparecen completamente quietas, su biología interna continúa avanzando de manera mensurable.

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