Durante décadas, los científicos han imaginado el océano oculto de Europa como un lugar donde microbios alienígenas podrían prosperar alrededor de respiraderos volcánicos, de forma muy parecida a como lo hacen en los mares más profundos de la Tierra. Esa visión ahora se enfrenta a un ajuste de cuentas. Un nuevo estudio sugiere que el fondo marino debajo de la luna helada de Júpiter probablemente esté cerrado, sin fracturas activas, sin calor volcánico fresco y sin forma de refrescar el combustible químico que la vida necesitaría.
La investigación, dirigida por el científico planetario Paul Byrne de la Universidad de Washington en St. Louis, concluye que las fuerzas que actúan hoy en Europa son simplemente demasiado débiles para agrietar su interior rocoso. Sin esa actividad geológica, el océano puede haberse estancado en una especie de punto muerto químico, donde el agua y la roca no tienen nada con qué comerciar. En la Tierra, las placas tectónicas exponen constantemente minerales frescos al agua de mar, creando los gradientes de energía de los que dependen los organismos de las profundidades marinas. Europa parece carecer por completo de ese motor.
El equipo modeló las tensiones debidas a la gravedad de Júpiter, el enfriamiento interno de la luna y la lenta convección del manto. Incluso teniendo en cuenta la flexión de las mareas cada 84 horas, las cifras se quedaron cortas. La marea diurna aporta sólo alrededor del tres por ciento del estrés necesario para reactivar viejas fallas. Para que el fondo marino se agrietara por su propio peso, Europa tendría que haberse reducido al menos un kilómetro de radio. No hay evidencia de que haya sucedido recientemente.
“Si pudiéramos explorar ese océano con un submarino de control remoto, predecimos que no veríamos nuevas fracturas, volcanes activos o columnas de agua caliente en el fondo marino”, explica Byrne.
No hay suficiente estrés para romper la roca
Los investigadores adoptaron un enfoque deliberadamente conservador, asumiendo que el fondo marino de Europa ya estaba debilitado por episodios tectónicos anteriores. Incluso con esa ventaja, las fuerzas que actúan hoy en día están muy por debajo de lo que se necesita para fracturar la roca en el límite entre las capas frágiles y dúctiles. La tensión de la convección del manto, por ejemplo, registra alrededor de 150 kilopascales, mientras que para romper la roca se necesitarían más de 51 megapascales. Esa brecha abarca más de dos órdenes de magnitud.
El manto de Europa también es inusualmente pequeño, aproximadamente la mitad del volumen de Marte. Eso limita la fuerza con la que puede agitarse, reduciendo aún más la probabilidad de una geología activa. Sin movimiento en el manto o contracción del interior de la luna, el fondo marino permanece bajo la presión aplastante del océano y el hielo que lo cubre, efectivamente congelado en su lugar.
Qué significa esto para la búsqueda
Un fondo marino geológicamente muerto no significa necesariamente un océano sin vida, pero sí cambia el lugar donde los científicos podrían buscar energía. Si existe vida microbiana en el agua de Europa, probablemente no pueda depender del tipo de circulación hidrotermal que alimenta los ecosistemas alrededor de las dorsales oceánicas de la Tierra. En cambio, cualquier organismo necesitaría aprovechar procesos más lentos, como la radiólisis, donde la desintegración radiactiva divide las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno.
Las verdaderas respuestas llegarán en 2031, cuando el Europa Clipper de la NASA llegue a la órbita de Júpiter. La nave espacial no aterrizará ni perforará el hielo, pero mapeará el campo de gravedad de la luna y las características de la superficie con suficiente detalle para revelar lo que sucede debajo. Esas mediciones podrían confirmar si el fondo marino es tan estático como sugieren los modelos o si todavía hay alguna sorpresa geológica aguardando en la oscuridad.
Byrne sigue siendo filosófico sobre la posibilidad de una decepción. La vida puede existir en otras partes del sistema solar o más allá, incluso si Europa resulta ser un archivo frío en lugar de un mundo vivo. Comprender por qué un océano no sustenta la vida podría ser tan valioso como encontrar uno que sí lo haga.
Comunicaciones de la naturaleza: 10.1038/s41467-025-67151-3
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