Desde las amenazas arancelarias de Trump hasta las guerras de gobernanza de la IA, la 56ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial revela tanto la influencia duradera como las crecientes limitaciones del mercado geopolítico más exclusivo del mundo.
La estación alpina suiza de Davos, cubierta de nieve y cubierta de nieve, una ciudad de esquí de sólo 10.000 residentes situada a 1.500 metros de altura, se transforma cada enero en el nexo de poder político, económico y tecnológico más concentrado del mundo. La Reunión Anual 2026 del Foro Económico Mundial, que se celebrará del 19 al 23 de enero bajo el tema “Un espíritu de diálogo”, convoca a casi 3.000 líderes intersectoriales de más de 130 países en un momento en que el propio Informe de Riesgos Globales del Foro advierte: “El mundo se está balanceando sobre un precipicio”.
La reunión de este año llega en medio de profundas turbulencias: el regreso al poder del presidente estadounidense Donald Trump con políticas arancelarias agresivas y ambiciones territoriales; la creciente fragmentación geopolítica entre Washington, Beijing y Bruselas; la rápida evolución de la inteligencia artificial que supera los marcos de gobernanza; y erosionar la confianza entre instituciones, alianzas y sociedades. Lo que surja de cinco días de reuniones a puertas cerradas, sesiones públicas y diplomacia de pasillo dará forma a las respuestas globales a las crisis en cascada; sin embargo, persisten preguntas fundamentales sobre si Davos representa una solución genuina de problemas o simplemente una creación de consenso por parte de las élites cada vez más alejada de la legitimidad democrática.
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Quién domina el escenario alpino: una participación política récord
Davos 2026 marca una participación gubernamental histórica, con los organizadores confirmando aproximadamente 400 líderes políticos de alto nivel, incluidos cerca de 65 jefes de estado y de gobierno, la mayor concentración de poder ejecutivo que el Foro haya reunido jamás. Seis de las naciones del G7 enviaron representantes, un hito que el presidente y director ejecutivo del FEM, Børge Brende, calificó de “histórico”, aunque notablemente ausentes estuvieron el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, y la italiana Giorgia Meloni de la lista oficial de asistencia (se informó posteriormente que ambos asistieron).
Los pesos pesados políticos presentes:
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encabeza la delegación estadounidense más grande de la historia, que incluye al secretario de Estado, Marco Rubio, al secretario del Tesoro, Scott Bessent, al enviado para Medio Oriente, Steve Witkoff, y a su yerno, Jared Kushner. Trump pronuncia el discurso de apertura del miércoles, su primera aparición en persona en Davos desde 2020, luego del disruptivo discurso virtual del año pasado días después de la toma de posesión. El primer ministro canadiense, Mark Carney, representa la diversificación estratégica de Ottawa lejos de la dependencia económica estadounidense en medio de las amenazas comerciales de Trump. El canciller alemán, Friedrich Merz, navega por la respuesta de Europa a las tensiones transatlánticas. El presidente francés, Emmanuel Macron, asiste el martes antes de regresar a París, gestionando la respuesta de Francia a las ambiciones de Trump en Groenlandia. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, coordina la política de la UE en múltiples frentes de crisis. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, busca el apoyo occidental continuo mientras Trump persigue las negociaciones de paz en Ucrania. El viceprimer ministro de China, He Lifeng, representa a Beijing después de que el presidente Xi Jinping rechazó asistir, lo que indica la compleja relación de China con los foros dominados por Occidente. El presidente de Siria, Ahmad al-Sharaa, hace una aparición sorprendente en representación del gobierno de transición posterior a Assad. El presidente de Argentina, Javier Milei, regresa después de que su discurso libertario en Davos de 2024 galvanizó a las audiencias de derecha.
Llamativamente ausentes: el Primer Ministro de la India, Narendra Modi, y el Presidente de Brasil, Lula da Silva, ambos representantes de importantes economías emergentes cada vez más escépticas respecto de los marcos multilaterales occidentales. Dinamarca no envió representantes gubernamentales tras las amenazas de anexión de Groenlandia y los aranceles que las acompañaron por parte de Trump, lo que subraya cómo las tensiones geopolíticas influyen directamente en la participación en Davos.
Profundidad ministerial: 55 ministros de economía y finanzas, 33 ministros de relaciones exteriores, 34 ministros de comercio y comercio, además de 11 gobernadores de bancos centrales garantizan que la experiencia técnica acompañe al liderazgo político. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y la directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, representan el multilateralismo institucional bajo presión.
Titanes tecnológicos y poder corporativo: la agenda empresarial
Casi 850 de los principales directores ejecutivos y presidentes de juntas directivas del mundo asisten junto con casi 100 pioneros y unicornios tecnológicos líderes, lo que refleja la evolución de Davos desde una pura reunión de negocios hasta un híbrido geopolítico-económico. Silicon Valley y los gigantes tecnológicos globales dominan las discusiones sobre la gobernanza de la inteligencia artificial, la infraestructura digital y la “brecha electrónica”, término que usa OpenAI para referirse a la enorme ventaja de producción eléctrica de China que permite la superioridad en el desarrollo de la IA.
Liderazgo tecnológico presente:
Jensen Huang (CEO de Nvidia) representa la industria de semiconductores que impulsa la transformación de la IA Satya Nadella (CEO de Microsoft) navega por las preocupaciones antimonopolio mientras expande los servicios de IA Demis Hassabis (CEO de Google DeepMind) aborda la seguridad de la IA y la ética del desarrollo Arthur Mensch (CEO de Mistral AI) defiende la soberanía europea de la IA Marc Benioff (CEO de Salesforce) promueve su enfoque de “narrativa en mi bolsillo” en las redes de Davos
Presencia del Sector Financiero:
Jamie Dimon (CEO de JP Morgan) ofrece las perspectivas de Wall Street sobre las perspectivas económicas y los marcos regulatorios. Los principales inversores institucionales evalúan oportunidades y riesgos en mercados globales fracturados.
La presencia corporativa refleja la fortaleza tradicional de Davos: permitir conversaciones directas entre directores ejecutivos y jefes de estado que eluden los protocolos diplomáticos. Eric Kutcher, socio de McKinsey, observó: “Se tratará de quién está presente mucho más que de lo que se ve en los temas”, reconociendo que la construcción de relaciones y los acuerdos entre bastidores a menudo resultan más importantes que las sesiones públicas.
Cinco pilares: lo que realmente se está decidiendo
El Foro estructura las discusiones en torno a cinco desafíos globales interconectados, aunque “decidido” exagera la autoridad de Davos: funciona más como un foro para establecer una agenda que como un órgano vinculante para la toma de decisiones:
1. Cooperación en un mundo en disputa
El dilema central: el multilateralismo tradicional colapsa a medida que las grandes potencias persiguen el “minilateralismo”: pequeños grupos de naciones con ideas afines que colaboran en cuestiones específicas en lugar de marcos universales. Las políticas arancelarias de Trump, las redes de la Franja y la Ruta de China y las iniciativas de autonomía estratégica de Europa fragmentan el orden internacional liberal posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Discusiones clave:
Navegar por la “Junta de Paz” de Trump para Gaza que exige cuotas de membresía de mil millones de dólares y posiciona a Trump como presidente inaugural, generando preocupaciones de soberanía sobre la mediación de conflictos liderada por Estados Unidos El futuro de Ucrania mientras Trump presiona a Zelenskyy para que conceda concesiones territoriales Gestión de la crisis en Groenlandia mientras los aliados europeos responden al neoimperialismo estadounidense Rediseño de la arquitectura comercial a medida que el proteccionismo reemplaza la ortodoxia de la globalización
El Barómetro de Cooperación Global del FEM revela que la cooperación se “reorganiza” en lugar de colapsar: los países forman alianzas selectivas basadas en intereses compartidos en lugar de principios universales. La confianza sigue siendo escasa, pero persiste la cooperación funcional cuando es mutuamente beneficiosa.
2. Liberar nuevas fuentes de crecimiento
Contexto económico: El crecimiento mundial se desacelera en medio de la persistencia de la inflación, la acumulación de deuda y el estancamiento de la productividad. Las Perspectivas de los economistas jefes para 2026 revelan una sorprendente resiliencia a pesar de los temores arancelarios, aunque los observadores advierten sobre una posible “burbuja de IA”, aun cuando la IA generativa promete billones en valor económico.
Fronteras de crecimiento:
Oportunidades de economía verde: la investigación del Foro identifica la transición de energía limpia de $5 billones como “una de las mayores oportunidades de crecimiento en el planeta”, con empresas que generan ingresos verdes superando a sus pares tradicionales en métricas financieras Potencial de mercado emergente: China contribuye con el 22,6% del crecimiento global de 2026 según las estimaciones de Davos, posicionando a Beijing para dar forma a las reglas económicas internacionales a pesar del escepticismo occidental Transformación digital: la IA agente, la computación cuántica y la biotecnología prometen revoluciones de productividad si los marcos de gobernanza permiten su implementación
Economía de la resiliencia: Los nuevos marcos enfatizan la capacidad de absorción de impactos de los sistemas económicos, preparándose para desastres climáticos, pandemias y perturbaciones geopolíticas en lugar de asumir trayectorias de crecimiento estables. El libro blanco del Foro describe el fortalecimiento de la infraestructura, la expansión de las capacidades digitales y el cierre de la brecha financiera como condiciones previas para el crecimiento sostenible.
3. Invertir en las personas: preparación de la fuerza laboral
La crisis de las competencias: el Informe sobre el futuro del empleo 2025 del Foro advierte que uno de cada cuatro puestos de trabajo cambiará de aquí a 2030, y que el 39% de las competencias actuales quedarán obsoletas. El cambio tecnológico, los cambios demográficos y las transiciones verdes impulsan transformaciones en la fuerza laboral que los gobiernos y las empresas luchan por gestionar.
Prioridades de política:
Iniciativas de recapacitación y mejora de habilidades a medida que la automatización desplaza los roles tradicionales Reformas del sistema educativo que preparan a los trabajadores para lugares de trabajo mejorados con IA Rediseños de la red de seguridad social que apoyan las transiciones profesionales Bienestar y salud mental como bases de la productividad económica
División generacional: los asistentes menores de 40 años identifican la desinformación como los principales riesgos, mientras que los cohortes de mayor edad priorizan la confrontación geopolítica, lo que refleja percepciones divergentes de amenazas que complican las estrategias de respuesta colectiva.
4. Implementar la innovación de manera responsable: la batalla por la gobernanza de la IA
Tensión central: el desarrollo de la IA se acelera más rápido que los marcos regulatorios, creando vacíos de gobernanza donde el despliegue corporativo va por delante de las salvaguardas sociales. El concepto de “brecha electrónica” destaca la infraestructura como geopolítica de la IA: las naciones que carecen de capacidad de generación de electricidad ceden soberanía tecnológica a aquellos (principalmente China y Estados Unidos) que poseen abundante poder.
Desafíos de gobernanza:
Proliferación de desechos de IA: el contenido de IA de baja calidad producido en masa (“AI slop”) degrada los ecosistemas de información, erosionando la confianza y permitiendo la manipulación Sesgo e inclusión: Garantizar que los sistemas de IA representen la diversidad de la población a lo largo del desarrollo en lugar de codificar las desigualdades existentes Dilemas de doble uso: Las tecnologías que permiten avances en el cuidado de la salud crean simultáneamente capacidades de vigilancia y armas autónomas Responsabilidad corporativa: Equilibrar los incentivos a la innovación con los requisitos de seguridad y la responsabilidad social
Tokenización y finanzas digitales: actualmente existen más de 100 mil millones de dólares en activos tokenizados en fases piloto o de producción temprana, concentrados en bonos, fondos y crédito privado. Las discusiones de Davos enfatizan la gobernanza y la integración en lugar de la transformación disruptiva, lo que refleja cautela institucional después de los excesos de las criptomonedas.
5. Construyendo prosperidad dentro de los límites planetarios
Nexo entre clima y energía: Los debates abordan los “sistemas seguros de energía, naturaleza y agua” como bases económicas en lugar de complementos ambientales. Los requisitos de infraestructura de la transición verde (generación renovable, almacenamiento en baterías, redes de transmisión) representan oportunidades masivas de despliegue de capital al tiempo que amenazan a las economías dependientes de los combustibles fósiles.
Debates sobre políticas:
Financiamiento de transición justa para comunidades y naciones que dependen de industrias intensivas en carbono Soluciones basadas en la naturaleza que integran la restauración de ecosistemas en estrategias climáticas La seguridad hídrica como punto de tensión geopolítico exacerbado por el cambio climático Modelos de economía circular que reemplazan los patrones de consumo lineales
Los costos de demora: La investigación del Foro enfatiza que posponer las inversiones climáticas aumenta exponencialmente los costos futuros, tanto financieros como en términos de requisitos de adaptación a medida que se intensifica el calentamiento.
¿Qué tan poderoso es realmente Davos? Influencia versus autoridad
El poder real de Davos sigue siendo controvertido y difícil de cuantificar. No posee autoridad vinculante, no controla presupuestos ni dispone de mecanismos de aplicación. Sin embargo, su influencia opera a través de varios canales distintos:
Mecanismos de poder blando
Autoridad para fijar la agenda: Lo que se discute en Davos (y lo que no) moldea la conciencia de las elites globales sobre las prioridades. El Informe de Riesgos Globales 2026 que identifica la “confrontación geoeconómica” y el “conflicto armado estatal” como principales amenazas influye en la forma en que los gobiernos, las corporaciones y los inversores asignan la atención y los recursos. Las preocupaciones ambientales que ocupan un lugar más bajo que en años anteriores indican un cambio de prioridades independientemente del consenso científico sobre la urgencia climática.
Efectos de red: el valor principal de Davos radica en una densidad de red incomparable. ¿En qué otro lugar los jefes de Estado, los directores ejecutivos de Fortune 500, los gobernadores de bancos centrales y los multimillonarios tecnológicos ocupan el mismo kilómetro cuadrado durante cinco días? Las conversaciones informales, las reuniones bilaterales y los encuentros espontáneos permiten llegar a acuerdos y construir alianzas que son imposibles a través de los canales diplomáticos y comerciales normales.
Concesión de legitimidad: la inclusión indica importancia global; la exclusión sugiere marginación. El nuevo presidente de Siria que asiste confiere reconocimiento internacional al gobierno de transición. La retirada de la invitación del ministro de Asuntos Exteriores de Irán (tras la represión mortal de los manifestantes) demuestra que Davos puede imponer costes reputacionales, incluso sin la autoridad de sanciones formales.
Amplificación de los medios: con más de 200 sesiones transmitidas en vivo y cobertura mediática global, los discursos y declaraciones de Davos llegan a audiencias mucho más allá de los 3000 asistentes. El discurso de Trump del miércoles dominará los titulares internacionales, amplificando sus mensajes a nivel mundial independientemente del contenido sustancial.
Limitaciones estructurales
Crítica de la captura de élite: Los críticos caracterizan a Davos como un teatro plutocrático: multimillonarios no elegidos y titanes corporativos que cooptan agendas de gobernanza sin asumir ninguna responsabilidad democrática. El modelo de membresía del Foro (las empresas pagan tarifas sustanciales para acceder) crea un sesgo inherente hacia los intereses del capital sobre los laborales, el medio ambiente o las comunidades marginadas.
Hablar sin acción: La crítica constante sostiene que Davos produce un diálogo interminable pero resultados concretos limitados. Los compromisos climáticos anunciados con fanfarria a menudo carecen de mecanismos de aplicación o de rendición de cuentas. Los compromisos de responsabilidad social coexisten con la evasión fiscal, la explotación laboral y la degradación ambiental entre las corporaciones participantes.
Influencia fragmentadora: A medida que la multipolaridad reemplaza a la hegemonía estadounidense, el papel histórico de Davos como foro occidental para la construcción de consenso disminuye. El compromiso cada vez más selectivo de China, las ausencias de India y Brasil y el escepticismo del Sur Global sobre las instituciones dominadas por Occidente socavan las afirmaciones de legitimidad universal.
Subordinación geopolítica: cuando las grandes potencias chocan, Davos no puede mediar eficazmente. Los aranceles unilaterales de Trump, la expansión de la Franja y la Ruta de China y la invasión rusa de Ucrania continúan independientemente del consenso del Foro. El poder duro (capacidad militar y coerción económica) triunfa sobre la influencia del poder blando cuando los intereses centrales chocan.
Impacto medido: lo que realmente cambia Davos
Comportamiento corporativo: La presión de los pares de los directores ejecutivos en Davos sí influye en los compromisos de sostenibilidad corporativa, las iniciativas de diversidad y las reformas de gobernanza, aunque la implementación a menudo va por detrás de la retórica. La competencia reputacional entre empresas crea incentivos para un liderazgo visible en el capitalismo de las partes interesadas, incluso cuando la primacía de los accionistas domina la toma de decisiones real.
Dirección regulatoria: El intercambio de opiniones de ministros de finanzas y banqueros centrales en Davos sirve de base para la coordinación de políticas posteriores en las reuniones del G7, el G20 y el FMI. Si bien Davos no elabora políticas, da forma a los marcos intelectuales que guían la formulación de políticas.
Flujos de inversión: las empresas de capital privado, los fondos soberanos y los inversores institucionales utilizan la inteligencia de Davos para posicionar capital. El consenso temático en torno a la IA, la energía verde o los mercados emergentes se traduce en billones en asignación de inversiones, aunque sigue siendo discutible si esto representa un despliegue inteligente o un comportamiento gregario.
Plantillas de respuesta a la crisis: la pandemia reveló la utilidad de Davos en la coordinación rápida de las élites. Las asociaciones para el desarrollo de vacunas, las intervenciones en la cadena de suministro y los esfuerzos de estabilización económica se basaron en redes construidas a través de las relaciones del Foro, lo que demuestra que cuando las crisis trascienden la ideología, el poder de convocatoria de Davos ofrece valor práctico.
Dinámica de poder en 2026: Trump como disruptor en jefe
La reunión de este año gira inevitablemente en torno a la presencia disruptiva de Trump. Sus amenazas arancelarias, ambiciones territoriales (Groenlandia, Canal de Panamá, potencialmente Canadá) y política exterior transaccional demuelen los supuestos que guiaron a Davos durante décadas. La retórica del “orden internacional basado en reglas” que prevaleció en Foros anteriores suena hueca cuando el presidente de Estados Unidos amenaza abiertamente con la anexión militar de los territorios de los aliados.
La estrategia de Trump en Davos: Su discurso del miércoles probablemente pregona la fortaleza económica estadounidense, promueve su iniciativa “Junta de Paz” y advierte a los aliados europeos que la resistencia a sus planes para Groenlandia desencadenará una escalada de aranceles. La recepción, que combina directores ejecutivos de criptomonedas, finanzas y consultoría, indica la construcción de una coalición de Trump con el capital global, incluso cuando amenaza las alianzas occidentales tradicionales.
Respuesta europea: Macron, von der Leyen y otros líderes europeos coordinan estrategias de resistencia, incluido el despliegue de herramientas anticoerción de la UE y aranceles de represalia por valor de 93 mil millones de euros. Sin embargo, la desunión europea, demostrada por la ausencia de Dinamarca mientras Francia asiste, socava la acción colectiva. Davos ofrece un lugar para que los europeos presenten un frente unido incluso cuando persisten las divisiones internas.
El posicionamiento estratégico de China: la presencia del viceprimer ministro He Lifeng (frente a la ausencia de Xi Jinping) indica la cuidadosa calibración de Beijing. China enfatiza las asociaciones con naciones del Sur Global y las iniciativas del yuan digital que desafían el dominio del dólar sin confrontar directamente a las instituciones occidentales. Davos ofrece a China plataformas para presentar modelos de gobernanza alternativos sin parecer conflictivos.
Afirmación de potencias emergentes: Indonesia, Pakistán y otras economías asiáticas aumentan la participación en Davos a medida que la multipolaridad crea oportunidades para que las potencias medias mejoren su autonomía. En lugar de elegir entre Washington y Beijing, estas naciones aprovechan ambas relaciones al tiempo que promueven distintos intereses nacionales.
El veredicto: Davos importa, pero de manera diferente a lo que se supone
Davos sigue siendo importante no porque gobierne el mundo (no lo hace), sino porque revela cómo las elites globales perciben y responden a los desafíos. El tema de la reunión de 2026, “Un espíritu de diálogo”, refleja un posicionamiento defensivo: reconocer que la fragmentación amenaza el consenso de las élites y que la cooperación requiere un cultivo explícito en lugar de una supuesta inevitabilidad.
La evolución del Foro desde una red empresarial hasta un foro geopolítico refleja la influencia duradera del capital incluso cuando instituciones multilaterales específicas se debilitan. “El capital global sigue siendo una fuerza poderosa en la política mundial, incluso si las grandes empresas multinacionales son generalmente menos aceptadas y celebradas que hace 20 o 30 años”, señala un analista de CNBC, captando la paradoja de Davos de influencia persistente en medio de una legitimidad decreciente.
Lo que Davos no puede hacer es anular el poder soberano cuando grandes estados entran en conflicto. No puede forzar la acción climática en contra de los intereses económicos, no puede imponer la gobernanza tecnológica por encima de la autonomía corporativa, no puede imponer la redistribución de la riqueza contra la resistencia de las élites. Su poder opera dentro de bandas estrechas donde el consenso de las élites se alinea con la resolución práctica de problemas.
Sin embargo, dentro de esas limitaciones, Davos moldea la forma en que las élites entienden los riesgos interconectados, coordinan respuestas a amenazas compartidas y asignan recursos entre prioridades en competencia. Sigue siendo profundamente incierto si eso será suficiente para navegar por el “precipicio” que identifica el propio informe de riesgos del Foro. Las conversaciones en las salas de conferencias y reuniones en los pasillos de Davos influirán, pero no determinarán, si el diálogo puede salvar las divisiones en una era en la que la política del poder triunfa cada vez más sobre los marcos cooperativos que permitieron la creación de Davos hace medio siglo.
Como observó el presidente del FEM, Brende: “El diálogo no es un lujo en tiempos de incertidumbre; es una necesidad urgente”. La cuestión que ronda la reunión alpina de este año sigue siendo si la necesidad será suficiente.