Por primera vez, el Telescopio Espacial James Webb de la NASA ha visto una estrella joven forjar cristales en un calor abrasador y arrojarlos a las afueras heladas de su disco de formación de planetas, lo que podría ayudar a explicar la evolución de los cometas en el borde de nuestro sistema solar.
La protoestrella, llamada EC 53, se encuentra a unos 1.300 años luz de la Tierra y está rodeada por un disco de gas y polvo donde están tomando forma planetas y otros cuerpos. Utilizando el instrumento de infrarrojo medio del telescopio espacial James Webb, los astrónomos mapearon dónde se forman los silicatos cristalinos y cómo viajan hacia afuera.
Webb señaló el disco interior (más o menos donde se habrían formado la Tierra y los planetas interiores en nuestro sistema solar) como el lugar de nacimiento de estos cristales. Los poderosos vientos del disco de la estrella actúan como una cinta transportadora cósmica, impulsando los cristales hacia el gélido disco exterior, donde eventualmente se pueden formar cometas, según un comunicado de la NASA.
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“Los flujos de salida en capas de EC 53 pueden levantar estos silicatos cristalinos recién formados y transferirlos hacia afuera, como si estuvieran en una autopista cósmica”, dijo en el comunicado Jeong-Eun Lee, autor principal de un nuevo estudio que informa los resultados. “Webb no sólo nos mostró exactamente qué tipos de silicatos se encuentran en el polvo cerca de la estrella, sino también dónde se encuentran antes y durante una explosión”.
EC 53 experimenta explosiones aproximadamente cada 18 meses, acumulando rápidamente material y enviando parte de regreso al espacio en forma de chorros y vientos. Es durante estos enérgicos episodios de 100 días de duración que la estrella forja cristales de silicato (minerales que sólo deberían formarse en ambientes cálidos) y los catapulta hacia afuera, sembrando el disco exterior con los ingredientes que los cometas helados llevan hoy.
Los astrónomos han detectado durante mucho tiempo silicatos cristalinos en cometas y discos de otras estrellas, pero la conexión entre sus orígenes ardientes y sus fríos lugares de descanso no estaba clara… hasta ahora. Los espectros detallados y el mapeo espacial de Webb proporcionan la primera evidencia directa que vincula la formación y el transporte.
“Hemos demostrado efectivamente cómo la estrella crea y distribuye estas partículas superfinas, cada una de las cuales es significativamente más pequeña que un grano de arena”, dijo en el comunicado Joel Green, coautor del estudio.
El estudio destaca cuán dinámicos son los sistemas planetarios jóvenes y cómo las estrellas remodelan activamente su entorno. La observación de discos protoplanetarios como EC 53 puede ofrecer nuevos conocimientos sobre los componentes básicos de los planetas y cometas esparcidos por el espacio.
Sus hallazgos fueron publicados el 21 de enero en la revista Nature.