Respuesta rápida: El Parlamento Europeo votó el 10 de febrero de 2026 a favor de respaldar las versiones en línea y fuera de línea del euro digital, superando un importante obstáculo político. Si la legislación se aprueba en 2026, el BCE apunta a lanzar la moneda para 2029. La medida está diseñada para reducir la dependencia de Europa de Visa, Mastercard y otras infraestructuras de pago controladas por Estados Unidos, que actualmente procesan la gran mayoría de las transacciones con tarjetas europeas.
El Parlamento Europeo ha dado al euro digital su respaldo político más significativo hasta la fecha. El 10 de febrero, los legisladores votaron 443 votos a favor para respaldar la propuesta del Banco Central Europeo de una moneda digital del banco central que funcionaría tanto en línea como fuera de línea, rechazando un intento anterior del relator parlamentario principal de restringir su uso únicamente fuera de línea.
La votación es importante porque el BCE no puede emitir un euro digital sin la aprobación legislativa. Si el reglamento pasa por el Parlamento y el Consejo Europeo en 2026, el BCE planea comenzar las pruebas en 2027 y apunta a una primera emisión para 2029.
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Pero este no es un proyecto de modernización de pagos. Es un juego de soberanía.
La vulnerabilidad de 24 billones de dólares
Cada vez que un consumidor europeo utiliza una tarjeta, paga en línea o transfiere dinero al extranjero, la transacción fluye abrumadoramente a través de infraestructura propiedad de empresas estadounidenses. Visa y Mastercard juntas procesan aproximadamente 24 billones de dólares en transacciones anualmente. Los pagos europeos con tarjeta y móviles se ejecutan casi en su totalidad a través de redes no europeas, una vulnerabilidad que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha descrito como urgente.
Esta dependencia, explorada en profundidad en el análisis de EBM sobre la ruptura de Europa con Visa y Mastercard por valor de 24 billones de dólares, se ha transformado de un inconveniente técnico a un riesgo geopolítico. Los regímenes de sanciones, las disputas comerciales y las tensiones entre Estados Unidos y China han demostrado cómo el control sobre la infraestructura de pagos puede convertirse en una palanca de poder económico. Bruselas ya no ve esto como una cuestión de mercado. Lo ve como una cuestión de seguridad, a la par de la dependencia energética y la contratación de defensa.
Lo que realmente haría el euro digital
A diferencia de las criptomonedas o las monedas estables privadas, el euro digital sería un pasivo directo del BCE: efectivo digital respaldado por el Estado, no un activo especulativo. El marco aprobado por el Parlamento enfatiza varios principios de diseño.
La funcionalidad sin conexión es fundamental. El sistema permitiría pagos sin acceso a Internet, replicando la resiliencia del efectivo físico durante cortes, incidentes cibernéticos o crisis. Esta fue un área clave del debate político: el ponente Fernando Navarrete había abogado por una versión únicamente fuera de línea, pero el Parlamento la rechazó a favor de la propuesta de modo dual completo del BCE.
La moneda no devengaría intereses y estaría sujeta a límites de tenencia, diseñados para evitar la fuga de depósitos de los bancos comerciales en momentos de tensión. Las protecciones de privacidad, particularmente para pequeñas transacciones fuera de línea, tienen como objetivo replicar el anonimato del efectivo, un contraste deliberado con los modelos CBDC con mucha vigilancia que se están desarrollando en otros lugares.
Al proporcionar una capa de liquidación pública y neutral, el BCE espera reducir las tarifas comerciales, reducir las barreras para los proveedores de pagos europeos y preservar el acceso al dinero respaldado por el Estado en una economía digital cada vez más dominada por plataformas privadas.
La dimensión fintech
El euro digital no existe de forma aislada. Se suma a un impulso europeo más amplio para recuperar el control sobre las vías de pago. La Iniciativa Europea de Pagos, respaldada por 16 bancos importantes, ya lanzó Wero, una billetera digital paneuropea que cubre a 130 millones de usuarios en 13 países. Mientras tanto, las fintech europeas están construyendo infraestructuras de pago alternativas que evitan por completo las redes de tarjetas mediante transferencias instantáneas de banco a banco.
Paralelamente, un consorcio de 11 bancos europeos está desarrollando una moneda estable respaldada por euros diseñada para competir con las monedas estables denominadas en dólares que actualmente dominan el mercado de criptopagos. S&P Global Ratings estima que el mercado de monedas estables en euros podría crecer de 650 millones de euros a 1.100 millones de euros para 2030.
Estas iniciativas (euro digital, Wero, moneda estable del euro) representan un esfuerzo coordinado, aunque no siempre perfectamente alineado, para garantizar que cuando el dinero se convierta en software, Europa conserve el control del código.
La Resistencia
El camino hacia 2029 está lejos de estar claro. Los lobbies bancarios alemanes se resistieron al proyecto durante más de dos años, retrasando el progreso mucho más allá del cronograma original del BCE. A los bancos comerciales les preocupa que un euro digital pueda canibalizar los depósitos, socavando un modelo de financiación que sustenta el sistema financiero más amplio de Europa.
Algunos legisladores siguen siendo escépticos. El eurodiputado alemán Markus Ferber ha argumentado que el euro digital corre el riesgo de convertirse en un proyecto de prestigio político en lugar de una respuesta a una demanda genuina de los consumidores. La extrema derecha se opone y el apoyo dentro de los partidos centristas sigue dividido. Construir una mayoría legislativa requerirá compromisos continuos en materia de privacidad, protecciones bancarias y el alcance del uso de la moneda.
También existe presión competitiva del sector privado. Las monedas estables, en particular los tokens vinculados al dólar como USDC y USDT, están ganando terreno más rápido que las CBDC a nivel mundial. Como señaló recientemente un ejecutivo de Citi, las monedas estables han superado efectivamente la narrativa de las CBDC en mercados donde existe claridad regulatoria.
Infraestructura estratégica, no comodidad para el consumidor
Para los consumidores, el impacto inicial de un euro digital puede ser modesto. Las tarjetas, el efectivo y las carteras móviles seguirán dominando los pagos cotidianos. Pero para los responsables de las políticas, el euro digital representa algo más fundamental: la afirmación de que la infraestructura financiera de Europa no debe controlarse desde fuera de sus fronteras.
Cada vez está más claro que los pagos se han convertido en infraestructura geopolítica. El euro digital es la respuesta de Europa a un mundo en el que las redes financieras ya no son servicios públicos neutrales sino instrumentos de poder. Sigue siendo una cuestión abierta si llegará a tiempo, dentro del presupuesto y con suficiente confianza pública. Pero la dirección del viaje –hacia un sistema de pagos europeo que sea menos dependiente de Washington, menos vulnerable a las perturbaciones y más alineado con los intereses estratégicos del continente– es ahora políticamente irreversible.
El objetivo para 2029 es ambicioso. La política es confusa. Pero la votación del 10 de febrero dejó una cosa clara: Europa ha decidido que ya no puede darse el lujo de alquilar su sistema financiero a otra persona.