Dejas caer algo detrás del sofá. Su perro se anima, observa sus manos y tal vez incluso empuja los cojines como si estuviera listo para ayudar. Tu gato, por otro lado, podría mirar en silencio o alejarse por completo.
Puede que ese contraste no sea sólo una cuestión de personalidad. En Animal Behaviour, los investigadores informan que los perros son mucho más propensos que los gatos a ayudar espontáneamente a un cuidador familiar y, en algunas situaciones, se comportan de manera muy parecida a los niños pequeños.
En un estudio que comparó perros de compañía no entrenados, gatos de compañía y niños de 16 a 24 meses, más del 75 por ciento de los perros y niños pequeños indicaron o recuperaron un objeto oculto cuando un padre o dueño lo buscó sin pedir ayuda. Los gatos rara vez lo hacían.
“Curiosamente, la mayoría de los perros y niños mostraron patrones de comportamiento similares. Se involucraron fácilmente en la situación, y más del 75 por ciento de ellos indicaron o recuperaron el objeto, lo que sugiere una fuerte motivación para ayudar, a pesar de no estar entrenados y no recibir ninguna recompensa”, dijo Melitta Csepregi, primera autora del estudio, en un comunicado de prensa.
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Pruebas de comportamiento de ayuda en gatos, perros y niños pequeños
El equipo se propuso medir el comportamiento prosocial, acciones que benefician a otro individuo sin una recompensa obvia, en un entorno controlado pero familiar.
En el experimento, un cuidador buscó un objeto que había estado oculto a la vista del niño, perro o gato. El adulto no pidió ayuda. Los investigadores rastrearon si los sujetos alternaban su mirada entre el objeto y el cuidador, se acercaban a él, lo manipulaban o lo recuperaban.
El objeto en sí era neutral, como una esponja para lavar platos, lo que eliminaba la motivación personal obvia.
Los tres grupos prestaron atención a la búsqueda del cuidador. Pero cuando llegó el momento de actuar, los perros y los niños pequeños respondieron a un ritmo similar: acercándose, indicando y, a veces, recuperando el objeto. Era mucho menos probable que los gatos intervinieran.
Cuando la motivación personal cambia el resultado
Para descartar el simple interés por un objeto, los investigadores agregaron una prueba de control en la que el objeto oculto era algo que el sujeto valoraba, como su juguete o golosina favorita.
En esas condiciones, las diferencias desaparecieron. Los gatos se involucraron a niveles comparables a los de los perros y los niños pequeños.
Ese cambio muestra que los gatos eran capaces de participar en la tarea. Su moderación en el juicio original parece deberse a la motivación, no a la incapacidad.
Los investigadores también distinguieron entre conductas impulsadas por la mejora del estímulo (atracción al movimiento o novedad) y aquellas más consistentes con una intención prosocial, como la alternancia de miradas o la búsqueda. Los perros y los niños pequeños mostraban ambos. Los gatos rara vez lo hacían.
Raíces evolutivas de la cooperación en perros y gatos
El estudio no implica que los gatos sean indiferentes o incapaces de formar vínculos fuertes. Más bien, revela una diferencia en cómo se desencadena la conducta de ayuda. Los perros y los niños pequeños participaron incluso cuando la situación no ofrecía ningún beneficio directo. Los gatos se involucraron cuando el resultado se alineó con sus propios intereses.
Al probar los tres grupos en el mismo escenario, los investigadores aíslan una distinción clave. Los perros evolucionaron a partir de ancestros altamente sociales que dependían de la coordinación y cooperación dentro de los grupos. A lo largo de miles de años de domesticación, la selección probablemente reforzó la sensibilidad a las señales humanas y la capacidad de respuesta colaborativa. Los gatos, por el contrario, descendían de cazadores solitarios que no dependían de la resolución de problemas en grupo. Su domesticación no se centró en el trabajo cooperativo con los humanos.
El resultado no es una cuestión de afecto, sino de historia evolutiva. Los perros parecen predispuestos a responder a los objetivos humanos como problemas compartidos. Los gatos parecen más selectivos sobre cuándo participar. La diferencia refleja los sistemas sociales en los que confiaban sus antepasados mucho antes de que cualquiera de las especies entrara en nuestros hogares.
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