‘Train Dreams’ describe el precio del progreso

Train Dreams es una película sobre una verdad complicada: que la vida puede ser bella y cruel al mismo tiempo. Basada en la novela corta de Denis Johnson, sigue a Robert Grainier, un maderero en el noroeste del Pacífico durante la era de la expansión hacia el oeste.

Grainier ayuda a construir los ferrocarriles, un trabajo que acaba marcando su vida. Los trenes representan progreso (velocidad, conexión, un mundo moderno moldeado por la tecnología) pero también transforman la tierra. Los bosques se talan, los paisajes cambian y algo viejo desaparece y algo nuevo ocupa su lugar. La propia vida de Grainier sigue el mismo patrón: construye un hogar y una familia, y luego ve cómo gran parte de lo que ama desaparece a través del fuego, la pérdida y el tiempo.

La película nunca trata la pérdida como una razón para rechazar el cambio. El propio Grainier encuentra momentos de curiosidad por las novedades, viaja en tren a Spokane y se maravilla de cómo un pueblo tranquilo se convirtió en una ciudad moderna. El progreso no borra la tragedia, pero la tragedia no hace que el progreso carezca de sentido.