A diferencia de muchos de sus vecinos europeos, España está adoptando un enfoque diferente ante la inmigración.
En enero, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dio a conocer un plan para regularizar a alrededor de medio millón de inmigrantes indocumentados y solicitantes de asilo, lo que generó un debate sobre el papel de los inmigrantes en la sociedad española.
Un nuevo informe, España ante el reto de la migración: dos escenarios posibles, publicado por la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia, examina cuán crucial es la inmigración para el futuro demográfico y económico del país.
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Examina dos escenarios –una migración constante frente a una disminución del 30 por ciento a largo plazo– y proyecta las perspectivas demográficas y económicas de España para 2075 en ambas situaciones.
Según el primer escenario, la población de España podría aumentar a 55 millones.
Pero si la inmigración disminuye, el país podría reducirse a sólo 40 millones, 10 millones menos que hoy.
La población en edad de trabajar (entre 16 y 64 años) cuenta una historia similar: habría alrededor de 33 millones de personas trabajadoras en el escenario base, pero sólo 24 millones si la inmigración disminuye: un déficit de nueve millones de trabajadores.
Menos trabajadores afectarían directamente a la economía, contribuyendo a una fuerte caída del PIB y a una reducción del ingreso por persona.
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El informe destaca que una caída en la migración podría reducir el PIB de España en más de un 20 por ciento para 2075 y dejar a cada residente con 18.000 euros de peor situación.
La agricultura, la hostelería y la educación sufrirían los mayores golpes si la inmigración disminuye, advierte el informe.
Más de 220.000 explotaciones agrícolas (tres de cada diez) podrían desaparecer de aquí a 2075, lo que elevaría el coste de las frutas y verduras.
Casi la mitad de los bares y restaurantes de España (alrededor de 90.000) también podrían verse obligados a cerrar, remodelando los sectores hotelero y turístico del país.
La baja inmigración podría dejar miles de aulas vacías y forzar importantes reestructuraciones y cierres de escuelas.
En 2075, España podría perder 32.000 aulas de primaria y 18.000 de secundaria.
Los estudiantes extranjeros (que ya superan el millón y representan el 12% de la educación obligatoria) desempeñan un papel crucial en el sostenimiento de las escuelas en las regiones más afectadas por el declive demográfico.
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La caída de la inmigración también podría intensificar la tendencia de la “España vacía”, dejando a las ciudades rurales cada vez más despobladas.
Con menos inmigrantes y una población que envejece, las regiones escasamente pobladas de España podrían estar al borde de convertirse en ciudades fantasma.
Para 2075, las provincias de Huesca, Soria y Teruel podrían perder el 28% de su población y casi 2.300 pueblos podrían quedar abandonados en un escenario de baja migración.
En general, el informe subraya cómo los niveles futuros de migración podrían moldear la población, la economía y las comunidades de España en las próximas décadas.
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