Los especialistas no lo catalogaron como una falla catastrófica, pero fue una señal clara de que algo andaba mal y podía poner vidas en riesgo. En respuesta, la NASA detuvo el progreso del programa. Artemis II no avanzó hasta que Orion pasó por un rediseño del escudo, pruebas de nuevos materiales y una recalibración completa de los modelos térmicos. El sueño de regresar a la luna se retrasó casi dos años.
La historia espacial está repleta de momentos en los que un problema durante el reingreso obligó a detener o reconsiderar misiones enteras. El caso de la Soyuz 1 en 1967 es uno de los más recordados. La cápsula pionera orbitó la Tierra, pero su sistema de paracaídas falló durante el reingreso y la nave espacial impactó contra el suelo a toda velocidad. El cosmonauta Vladimir Komarov murió y el programa fue suspendido durante 18 meses.
Para la NASA, la tragedia se produjo en 2003. Un fragmento de espuma golpeó el ala izquierda del transbordador Columbia durante el lanzamiento y dañó su escudo térmico. Nadie detectó el defecto. Al reingresar, el calor penetró en la estructura y la nave espacial se desintegró. Los siete miembros de la tripulación murieron. El programa del transbordador estuvo suspendido durante dos años y finalmente fue cancelado.
No hay lugar para la improvisación en el reingreso. Artemis II es fundamental para el programa lunar porque debe demostrar que existen las condiciones para transportar de forma segura a seres humanos a la Luna y devolverlos de ella. Si ese tramo final no es perfecto, el programa se detiene.
En parte por esta razón, el esperado alunizaje se trasladó a Artemis IV, previsto para antes de 2030. Artemis III será una misión intermedia, menos espectacular pero más crítica, y dedicada a validar sistemas, trajes y maniobras. Esto garantizará que, cuando llegue el momento de poner un pie en la Luna, se deje lo menos posible al azar.
Esta historia apareció originalmente en WIRED en Español y ha sido traducida del español.