Diferentes drogas psicodélicas pueden parecer mundos aparte. Pero dentro del cerebro, parecen seguir el mismo manual.
Un estudio publicado en Nature Medicine encuentra que cinco psicodélicos principales (psilocibina, LSD, mescalina, DMT y ayahuasca) producen los mismos dos efectos principales: debilitan la comunicación dentro de las redes cerebrales establecidas y al mismo tiempo aumentan la comunicación entre ellas. Esos cambios remodelan la forma en que la información fluye a través del cerebro y pueden ayudar a explicar por qué estos medicamentos se muestran prometedores para afecciones como la depresión, la ansiedad y la adicción a pesar de sus diferentes químicas.
A pesar de actuar a través de diferentes vías químicas en el cerebro, los cinco fármacos produjeron el mismo patrón de actividad a gran escala.
“Este es un gran avance en la forma en que pensamos sobre las drogas psicodélicas”, dijo el autor principal Danilo Bzdok en un comunicado de prensa. “Por primera vez, demostramos que hay un denominador común entre medicamentos que actualmente consideramos completamente separados”.
Un patrón cerebral compartido entre los psicodélicos
En condiciones normales, el cerebro está organizado en redes distintas que manejan funciones específicas, desde la visión y el movimiento hasta la memoria y la toma de decisiones. Estas redes se comunican entre sí y permanecen en su mayoría separadas.
En las cinco drogas, las conexiones dentro de las redes se debilitaron, mientras que la comunicación entre diferentes redes aumentó. En otras palabras, el cerebro pasa de una actividad especializada y estrechamente organizada a un estado de conexión más global.
En particular, aumentó la comunicación entre las llamadas redes transmodales, que manejan el pensamiento abstracto, y las redes unimodales vinculadas a funciones sensoriales y motoras.
Los cambios fueron especialmente pronunciados entre los sistemas involucrados en el pensamiento de nivel superior, como los vinculados a la autorreflexión y la toma de decisiones, y los vinculados al procesamiento sensorial, incluida la visión y el tacto. A medida que esos límites se aflojan, las señales que normalmente se mantienen separadas comienzan a mezclarse.
En efecto, la separación habitual entre pensar y sentir comienza a desdibujarse. Ese cambio puede ayudar a explicar por qué las experiencias psicodélicas a menudo combinan percepción, emoción y pensamiento alterados de maneras inusuales.
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Cómo los investigadores combinaron datos entre estudios
Para identificar ese patrón compartido, los investigadores combinaron datos de imágenes cerebrales de 11 estudios independientes realizados en cinco países, reuniendo más de 500 exploraciones de 267 participantes.
Los estudios de neurociencia psicodélica suelen ser pequeños, a menudo limitados a unas pocas docenas de participantes debido a los altos costos y las regulaciones estrictas, lo que dificulta las comparaciones directas entre medicamentos.
Para solucionar esto, el equipo reunió conjuntos de datos existentes, los volvió a analizar utilizando un proceso de procesamiento estandarizado y luego aplicó modelos estadísticos para identificar patrones que se mantenían en diferentes medicamentos, participantes y condiciones experimentales.
Los estudios anteriores no siempre coincidieron, en parte porque utilizaron métodos diferentes. Al estandarizar los datos, los investigadores pudieron separar los efectos consistentes del ruido de fondo.
“Este enfoque nos proporciona una visión de rayos X de toda la comunidad investigadora”, afirma Bzdok.
Un cerebro más flexible y por qué es importante
Lo que destaca no es sólo el patrón en sí, sino cuán consistente es entre medicamentos que alguna vez fueron tratados como fundamentalmente diferentes.
Esa coherencia les da a los investigadores algo de lo que en gran medida ha carecido el campo: un punto de referencia común. En lugar de estudiar cada psicodélico de forma aislada, los científicos ahora pueden comparar los resultados con una firma cerebral compartida, lo que facilita la interpretación de los hallazgos entre los estudios.
La investigación en esta área se desaceleró después de la década de 1970, cuando regulaciones más estrictas paralizaron gran parte del campo. Los avances en imágenes cerebrales están ayudando ahora a reabrir ese trabajo, haciendo posible estudiar estos compuestos con mayor precisión.
“Muchas terapias farmacológicas para la depresión, por ejemplo, han cambiado poco en las últimas décadas. Los psicodélicos pueden representar el cambio más prometedor en el tratamiento de la salud mental desde la década de 1980”, concluyó Bzdok.
Con una imagen más clara de cómo estos fármacos remodelan la comunicación a través del cerebro, estudios futuros pueden comenzar a probar cuáles de estos cambios son más importantes y si pueden guiarse con mayor precisión.
Este artículo no ofrece asesoramiento médico y debe utilizarse únicamente con fines informativos.
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