Dos de los elementos más importantes de la pintura son el color y la técnica. Y aunque podemos ir a la tienda de pasatiempos local para comprar un arcoíris de colores de pintura y aprender el oficio, en el pasado los pintores necesitaban conseguir estos elementos ellos mismos.
Un conjunto de pinturas murales notablemente bien conservadas en Cartagena está ayudando a ampliar lo que sabemos sobre el arte romano. Los investigadores que estudian los pigmentos de la Domus de Salvius han descubierto una técnica mural, nunca antes documentada en la Hispania romana, que combina química, artesanía y rentabilidad de una manera que parece moderna.
Publicados en Heritage Science, los hallazgos sugieren que los pintores del siglo I no eran sólo artistas, sino también químicos expertos.
“Los artesanos romanos combinaban habilidad técnica, conocimiento de los materiales y sentido estético. Sus métodos también reflejaban el estatus social de los propietarios y los gustos culturales de la época”, escribieron los autores del estudio en su investigación.
La “receta” romana para murales duraderos
En el centro de este descubrimiento se encuentra una inteligente estrategia de pigmentos que equilibra la estética con la practicidad. Los murales estudiados se basaron en una mezcla de materiales, incluido carbonato de calcio para el blanco, carbón vegetal para el negro, goethita para el amarillo y glauconita para el verde, junto con rastros de azul egipcio. Pero el detalle más revelador fue cómo los artistas manejaron el rojo.
Los pigmentos rojos de los murales romanos a menudo dependían del cinabrio, un mineral vívido pero costoso a veces llamado “oro rojo”. Los investigadores descubrieron que, para estirar este costoso material, los pintores del mural lo mezclaron con óxido de hierro.
“El óxido de hierro era un material barato que se utilizaba habitualmente en los talleres para crear tonos rojizos. El cinabrio era más costoso y tenía que ser suministrado por el cliente”, explica el equipo de investigación en un comunicado.
Aunque la combinación de estos dos materiales no era inusual, lo que diferenciaba a esta técnica era la forma en que se aplicaba. En lugar de pintar la mezcla roja directamente sobre la pared, los artesanos de este mural primero cubrieron la superficie con una capa de amarillo. Esta capa base actuó casi como una imprimación, estabilizando los pigmentos y protegiendo el cinabrio de la degradación.
“El cinabrio tiende a ennegrecerse cuando se expone a la luz, la humedad y ambientes cáusticos”, afirmaron los autores del estudio en el comunicado de prensa.
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¿Cómo descubrieron los científicos esta técnica de pintura?
El descubrimiento de esta nueva técnica provino de un conjunto de herramientas analíticas avanzadas que permitieron a los investigadores descomponer los murales a nivel microscópico.
Mediante difracción de rayos X, los científicos identificaron la composición mineral de los morteros utilizados en las paredes. Mientras tanto, la espectroscopia Raman, una técnica que detecta compuestos químicos basándose en cómo interactúan con la luz, ayudó a identificar los pigmentos mismos. Para comprender cómo se superponían esos pigmentos en la pared, el equipo utilizó microscopía electrónica, que reveló la capa amarilla previamente invisible debajo de la pintura roja.
Juntos, estos métodos expusieron un nivel de pintura técnica que no es inmediatamente obvio a simple vista. Los murales pueden parecer simples, pero su construcción muestra un profundo conocimiento de la química, el comportamiento de los materiales y la durabilidad ambiental.
Conectando la historia romana con la ciencia moderna
Los hallazgos refuerzan la idea de que la artesanía romana era mucho más sofisticada de lo que se suele suponer. Si bien la Domus de Salvius probablemente pertenecía a una familia adinerada capaz de encargar materiales costosos, la investigación sugiere que la experiencia técnica jugó un papel tan importante como la riqueza.
El estudio también apunta a una red más amplia de conocimiento compartido. Los investigadores propusieron que tales técnicas pueden haber sido enseñadas en talleres o conservadas en los primeros “libros de recetas” que circulaban entre los artesanos de todas las regiones. El equipo sugirió esto debido al hecho de que una combinación de pigmentos similar, como se ve en estos murales, solo se ha documentado una vez antes, en Éfeso, Turquía.
En general, el nuevo estudio destaca la creciente importancia de la arqueometría: la intersección de la arqueología y el análisis científico. Al combinar textos históricos con datos de laboratorio, los investigadores pueden reconstruir prácticas antiguas con un detalle sin precedentes, ofreciendo una imagen más clara de las sociedades pasadas.
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