El Partido Popular (PP) y Vox llegaron a la campaña andaluza inevitablemente influidos por las tres elecciones autonómicas anteriores, en un curso político en España con pocos precedentes en cuanto a la intensidad del calendario electoral. Si los comicios en Extremadura, Aragón y Castilla y León, celebrados en una horquilla temporal de apenas seis meses, han consolidado el poder autonómico del PP, aun a costa de volver, como en 2023, a las coaliciones con los de Santiago Abascal, Andalucía, salvo sorpresa mayúscula o fallo histórico de las encuestas, confirmará esa tendencia.
La evolución de la campaña no ha sido mala para Juan Manuel Moreno, presidente de la Junta desde 2018. Si meses antes de la misma, y ante al crecimiento exponencial que Vox viene experimentando en el último año, aunque en ocasiones por debajo de las expectativas para la extrema derecha, parecía difícil que pudiera revalidar la mayoría absoluta, todo un hito alcanzado en 2022, ahora no parece algo tan lejano. Baste observar el último sondeo de Gesop para EL PERIÓDICO, que apunta a que el PP andaluz estaría muy cerca de obtener los 55 escaños que otorgan esa mayoría absoluta, incluso con un Vox al alza.
Todo parece estar saliendo a pedir de boca para el bloque de la derecha en Andalucía, la región más poblada de España y en la que hace no mucho la hegemonía política del PSOE parecía inexpugnable. Sin embargo, los problemas pueden venir a partir del domingo, sobre todo si Moreno no alcanza finalmente la mayoría absoluta. El presidente de la Junta no ha ocultado su intención de, a diferencia de sus homólogos y compañeros de filas, los presidentes de Extremadura y Aragón, María Guardiola y Jorge Azcón, gobernar en solitario. Tirando de metáfora académica, los populares andaluces consideran que su resultado este domingo oscilará entre el “sobresaliente” y la “matrícula de honor”, dando por sentado que en ninguno de esos escenarios Abascal podrá exigir lo mismo que en las otras comunidades, donde el PP se quedó más lejos de la mayoría absoluta.
PSOE: una campaña que “no tira” con “un gran error”
En el PSOE, la campaña no ha discurrido como quería Ferraz. La movilización soñada -para que los votantes de 2023 que apostaron por el PSOE se “levantaran del sofá”, como dijo el portavoz del partido- no se ha producido. Al menos no como esperaba el partido. Varios dirigentes coinciden en que la campaña “no ha tirado”. Con lo que el temor a que el partido perforara su suelo histórico de 30 escaños se ha disparado.
María Jesús Montero ha planteado los comicios como “un plebiscito por la sanidad pública”. Pero la respuesta ciudadana no ha ido en consonancia con que esta sea una de las principales preocupaciones de los andaluces, según las encuestas. Durante la primera semana, el juicio del caso Mascarillas mezcló en todos los telediarios las imágenes del exministro José Luis Ábalos y Koldo García en el banquillo con los actos de campaña de Montero.
Pedro Sánchez y María Jesús Montero saludan a los asistentes al mitin de Granada del miércoles. / Eva Ercolanese / PSOE
Y el pasado lunes, la exvicepresidenta sirvió en bandeja munición a la derecha para acribillarla durante toda la semana al clasificar en el segundo debate electoral como “accidente laboral” la muerte en acto de servicio de dos guardias civiles. Ni Montero pidió disculpas, ni los guardias y sus allegados perdonaron al Gobierno, como se comprobó al día siguiente en la jura de bandera de una promoción de guardias jóvenes en Baeza (Jaén), donde el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, tuvo que soportar una gran pitada.
“Somos más; somos la mayoría y porque somos la mayoría, si votamos, ganamos”
Ese “gran error” de Montero ha sido “un punto de inflexión” para la campaña, según un dirigente autonómico crítico. “La última semana, en contra de lo que suele ocurrir, ha sido muy mala”, abunda esta fuente. Desde Andalucía, varios secretarios provinciales coinciden en conversación con EL PERIÓDICO: “A María Jesús se le ha notado tensa” desde entonces. Este viernes, sin embargo, volvió a contar con el apoyo de Pedro Sánchez en Sevilla, como ha ocurrido en toda la campaña, donde han acudido ministros, todos los expresidentes de Andalucía, desde Manuel Chaves a Susana Díaz, o José Luis Rodríguez Zapatero. La esperanza de los socialistas se resume en las últimas palabras de Montero: “Somos más; somos la mayoría y porque somos la mayoría, si votamos, ganamos”.
La pugna de Maíllo con Adelante Andalucía
En las izquierdas más allá del PSOE se libra otra gran batalla entre Por Andalucía, la candidatura de Antonio Maíllo, y Adelante Andalucía, el partido andalucista liderado por José Ignacio García, que ha ido ganando terreno. Una tendencia que podría confirmar el domingo el fenómeno que ya se vio en Aragón, donde las fuerzas regionales y apegadas al territorio -en aquel caso Chunta Aragonesista- superan a las organizaciones de ámbito nacional.
La campaña de Maíllo se ha enfrentado a dos grandes problemas que también han dado alas a sus competidores andalucistas. El primer obstáculo ha sido su inevitable vinculación con el Gobierno central, del que forman parte. Aunque el principal mensaje de campaña se ha centrado en la vivienda y los servicios públicos, con duras críticas a la gestión de la Junta, lo cierto es que Por Andalucía ha sufrido el efecto arrastre del PSOE, siendo percibido como un actor secundario en el Ejecutivo nacional, con serias limitaciones para criticar su gestión sobre los problemas de Andalucía.
Maíllo ha tratado de zafarse de estas ligaduras impidiendo grandes actos con los ministros de Sumar -solo lo ha hecho con Pablo Bustinduy, que abandonó la política de vivienda, y con Sira Rego, de IU-, pero también aguantando su discurso contra el ala socialista del Gobierno señalando su inmovilismo. Pero la vinculación con la candidata socialista, María Jesús Montero, con quien compartieron asiento tanto en Moncloa como en el Palacio de San Telmo, amenaza con lastrar también a su potencial aliado. El resbalón de Montero en campaña con los dos guardias civiles fallecidos en Huelva también terminó salpicando a Maíllo, que se unió a la polémica calificación de “accidente laboral”.
El candidato de Por Andalucía a la Presidencia de la Junta, Antonio Maíllo, junto al ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, en un acto de campaña en Torremolinos (Málaga). / POR ANDALUCÍA
El hándicap de los lazos de Por Andalucía con Moncloa ha sido también explotado por su principal competidor, Adelante Andalucía, que ha logrado dibujarse como un partido sin dependencias nacionales y como fuerza de oposición tanto al Gobierno andaluz como el central, siempre en pos de los intereses de la tierra. Este discurso permitió a su candidato criticar sin ambages, durante el último debate electoral de Canal Sur, el sistema de financiación autonómico pactado con ERC, un asunto también explotado por el PP y que apela al sentimiento de agravio frente a Cataluña.
El segundo obstáculo que pesa a Maíllo han sido las turbulencias internas de la coalición. Por Andalucía se lanzó el pasado septiembre con IU, Sumar, Verdes Equo e Iniciativa del Pueblo Andaluz, con un Podemos a la contra a nivel nacional y rechazando cualquier acuerdo. Los morados finalmente se unieron a la candidatura in extremis, el último día, tras los sonados batacazos electorales de Castilla y León y Aragón, donde concurrieron en solitario y no llegaron al 1% del voto. Anunciaron el acuerdo de unidad entre grandes críticas hacia Izquierda Unida por su falta de peso en las listas. Esta situación no se ha solventado en toda la campaña. Las dos principales líderes de Podemos, las exministras Ione Belarra e Irene Montero, han evitado apoyar a Antonio Maíllo y el partido organizando su propio acto central de campaña al margen de la coalición.
La visible falta de cohesión, y el rechazo cruzado de Podemos y el resto de fuerzas tejido durante meses conllevan un riesgo de desmovilización de su electorado, con dudas de que la suma aritmética de los votos pueda traducirse realmente en un crecimiento en las urnas. De esta situación también se ha aprovechado Adelante Andalucía, que siempre ha permanecido al margen de las cuitas internas y que ha centrado gran parte de su campaña en las redes sociales, logrando trasladar una sensación de frescura donde no puede competir su adversario por la izquierda.
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