Cinco siglos después de su creación por Carlos I, el Consejo de Estado reivindica en voz de su presidenta una idea casi contracultural en la política contemporánea: que el poder debe someterse al razonamiento. En la conferencia inaugural del ciclo conmemorativo del V Centenario de la institución, la exvicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo defendió este miércoles en Madrid el papel de un órgano que, sin capacidad ejecutiva ni coercitiva, presume de influencia sobre el Ejecutivo. “El 98,9% (…) de leyes, normas y reglamentos que manda el Gobierno a esta casa sigue el dictamen del Consejo de Estado (…) Que esto sea así en unos tiempos como los que nos toca vivir, en lo bueno y en lo malo… En términos coloquiales, a mí me parece una joya de raciocinio, de convivencia”, se jactó.
Calvo dibujó al Consejo de Estado como una pieza silenciosa del engranaje institucional español. Un organismo que ha sobrevivido a monarquías absolutas, constituciones liberales, dictaduras y democracias parlamentarias, y que únicamente desapareció durante el Sexenio Revolucionario del siglo XIX. “No legislamos, no decidimos, no sentenciamos, no escribimos tratados y, sin embargo, durante 500 años (…) hemos estado acompañando al poder tratando de meterlo en razón”, sostuvo.
La presidenta del máximo órgano consultivo del Gobierno centró buena parte de su intervención en una defensa del razonamiento jurídico frente a la política emocional. “Para convivir se requiere tener razones, no emociones. Las emociones son imposibles de acordar. Los sentimientos son imposibles de acordar. Las razones se pueden compartir porque se pueden desglosar, destripar y se pueden aminorar, ceder y acordar”, afirmó ante un auditorio repleto de juristas y representantes institucionales.
La reflexión de Calvo llega en un momento de fuerte polarización política y cuestionamiento constante de las instituciones. Sin citar de forma explícita la situación política actual, la presidenta del Consejo de Estado contrapuso la lógica del acuerdo técnico y jurídico frente al ruido partidista. “Este es el dilema en el que estamos andando y en ese dilema anda el Consejo continuamente”, resumió.
Calvo reivindicó además la “auctoritas” del Consejo de Estado como principal herramienta de influencia. “El capital con el que cuenta el Consejo de Estado para trabajar es reputacional”, explicó. El aniversario del Consejo de Estado servirá durante los próximos meses para reivindicar, en esta serie de conferencias que protagonizarán miembros de la institución, el peso histórico de una institución discreta pero decisiva en la arquitectura del Estado.
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