ERC y Junts mantienen a Sánchez en el alambre

Cuando se les pregunta a los dirigentes de Esquerra y Junts qué piensan hacer ante la magnitud de los casos judiciales que afectan al PSOE, responden con concisión que no se sumarán a una moción de censura del PP, porque va necesariamente de la mano de Vox, y que, si Pedro Sánchez tiene que caer, caerá solo. Así que, asumiéndolo, que se mantiene en el alambre.

Pero esto no quiere decir que no haya movimientos, y los teléfonos arden. ERC ha hecho llegar a Sánchez su “gran incomodidad” ante el goteo de informaciones sobre el caso Leire Díez y la imputación de Zapatero, con su hermano en pleno juicio y con su mujer pendiente de la vista; sin olvidar que la sentencia del caso Koldo está “al caer”. “Los tiempos judiciales se pueden jugar en función de los tiempos políticos, ya sabemos cómo va esto”, deslizan fuentes republicanas, haciendo valer su experiencia acumulada por la judicialización del ‘procés’. Pero permitir que, leyendo los sumarios que cercan al PSOE, les es muy difícil dilucidar qué es ‘lawfare’ y qué no lo es, y marcan cada vez más distancia con el Gobierno ante los micrófonos y las cámaras cuando se les pregunta si ven intencionalidad política detrás de las investigaciones. Su línea roja es clara: no pedirán elecciones si no se acredita una financiación irregular del PSOE.

Junts ha transmitido un mensaje similar a través de intermediarios. Desde que se levantaron de la mesa de negociación en Suiza, la interlocución no es tan fluida con el PSOE. Ya han advertido de que se alinean con el PNV, pero, en cambio, no ponen fecha a las elecciones. Creen que Sánchez no aguantará la presión, pero se abonan al realismo y asumen que la cita electoral no está en su mano y que pactar con el PP una moción de censura sería incomprensible para buena parte de su electorado en Catalunya, aunque sea instrumental -solo para convocar elecciones- y con un aspirante cercano a sus postulados. “¿Cambiar corrupción por corrupción?”, se pregunta un dirigente del partido de forma retórica, y recuerda que toda suma necesita a la extrema derecha de Vox.

El presidente Salvador Illa también ha levantado el teléfono para ponerse a disposición del jefe del Gobierno. Fue el primero en salir a cerrar filas con él ya pedirle públicamente que aguante. Quiso cortar de raíz las especulaciones en el mundo socialista y contener el malestar de algunos cargos intermedios del PSC. Illa razona que las elecciones municipales las ganan los alcaldables, que no deben temer por el resultado en las urnas si han hecho un buen trabajo puerta a puerta, y que Sánchez no está por la labor de anticiparse con unas generales. Ya se verá si el ambiente llega a ser tan irrespirable como para hacerlo cambiar de opinión.

Quienes seguro que necesitan más tiempo son los posconvergentes y los republicanos. Junts espera la amnistía para Carles Puigdemont, y ERC, para Oriol Junqueras, así que un adelanto electoral frustraría la posibilidad de lucir la paternidad de una medida que sigue en manos de los jueces. Los republicanos acaban de cerrar el pacto de presupuestos con Illa y los compromisos estrella pasan por la continuidad de Sánchez en la Moncloa. Sin él, no habrá tren orbital, ni sociedad de inversiones, ni el traspaso efectivo de Rodalies.

Ya se encargaron de ratificar en una comisión bilateral los detalles de estos traspasos para que fuera un acuerdo entre instituciones, y no entre partidos, con el objetivo de poder señalar, en caso de incumplimiento, que el PSOE no solo no cumple con el PSC, sino que tampoco cumple con Catalunya. Pero un adelanto electoral lastraría las virtudes del acuerdo y lo convertiría en papel mojado.

Desde Esquerra mantienen que su alianza con el PSOE es “instrumental”, que no es una cuestión de confianza en las filas socialistas, así que tampoco se trata de sentirse “orgullosos” de lo que hagan o dejen de hacer, sino de una relación de conveniencia. Un posicionamiento puramente táctico, por lo que no harán nada que facilite un Gobierno del PP y Vox, porque dicen que saben qué es y qué representa el PSOE, pero también que la corrupción es “estructural” y que, con un ejecutivo “involucionista”, Catalunya perdería todavía más.

“[Los de Junts] pueden decir misa, pero no hay nada que lo haga caer”, apoyar sobre las posibilidades de que haya una pinza contra Sánchez, recalcando que él y solo él decidirá cuál es el futuro de la legislatura, así que la estrategia de Junts es un “sinsentido”. “No esperamos que el PSOE no nos falle, solo esperamos que cumpla, porque nos es más útil, que los otros [PP y Vox]”.

Los posconvergentes se sienten con las manos libres y se esfuerzan en diferenciarse de ERC porque dan por hecho que el PSOE no cumplirá lo que sigue pendiente y porque su estrategia en Catalunya pasa por el desgaste de Illa. Pero la principal diferencia es que no se sienten en absoluto responsables de que los populares y la extrema derecha puedan llegar a la Moncloa -“que deciden los ciudadanos”, alegan-, aunque antes de una campaña electoral no quieren que el contador del Congreso sume sus votos a los de Vox.

Los casos de presunta corrupción siguen corcomiendo al Gobierno, pero ni ERC ni Junts quieren ser cómplices ni de la gestión de Sánchez ni de su caída.

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