La primera encuesta electoral de la Generalitat en este 2026 se está haciendo esperar. El Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) suele hacer público su primer barómetro entre marzo y abril, pero fuentes del organismo explican que problemas técnicos relacionados con la contratación del trabajo de campo han obligado a retrasar su difusión. La previsión es que el sondeo se conozca la primera quincena de julio. Puede que entonces Salvador Illa ya tenga aprobados los presupuestos y encarrilada la legislatura de cara a un ciclo electoral que, en Catalunya, alberga una gran incógnita: ¿cuánto crecerá Aliança Catalana? Es la pieza del tablero que más inquieta a todos los partidos porque es la que más puede enredar la gobernabilidad en ayuntamientos y en el propio Govern.
El último barómetro del CEO de 2025 situó a la extrema derecha independentista como cuarta fuerza, disputándole la tercera plaza a Junts y cerca también de ERC. El PSC seguía destacado en cabeza, pero acusando desgaste. Varias encuestas posteriores han ahondado esa erosión socialista y han aupado un poco más a Aliança siempre a costa de JxCat. En paralelo, Vox mantiene su músculo y acecha al PP, lo que significa que las dos marcas ultras del tablero catalán, Aliança y Vox, consignan expectativas de crecimiento. Los dos partidos se catapultaron con el ‘procés’ para atraer, unos a quienes lo combatían, y los otros a los decepcionados por su fracaso.
Pero de todo aquello ha pasado casi una década y ahora la gasolina que inflama el caladero ultra ya es, sobre todo, otra: la inmigración. Y en ese carburante, la ‘estelada’ y la ‘rojigualda’ se diluyen y hacen que dos electorados hasta ahora en los antípodas compartan electoralmente. Un estudio publicado esta semana por el Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS) de la UAB constata que la inmigración pesa más que la independencia entre los votantes de Aliança Catalana, y eso contribuye a la fuga de votos de Junts hacia el partido de la alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols. El auge paralelo de Vox y Aliança ya no responde solo a la cuestión territorial ya la polarización, sino al filón de la “prioridad nacional” (ya sea entendida como española o catalana).
El retrato electoral, que lleva la firma de Javier Martínez Cantó, investigador del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y de Julià Tudó, investigador de Política Comparada de la Universidad de Bergen (Noruega), concluye que, para una parte del espacio político ultraderechista, la única diferencia entre votar a Aliança oa Vox radica en sentirse más catalán o más español, porque en el rechazo al inmigrante y en el modelo social y económico hay Más similitudes que contrastes. De hecho, el perfil del votante catalán de Santiago Abascal y el de Orriols es muy parecido: hombre, de mediana edad (de 40 a 45 años), con nivel medio de estudios, ubicado en la derecha ideológica, muy interesado en la política y muy preocupado por la inmigración. En el caso de las mujeres, representan solo un 25% del voto en Aliança y un 45% en Vox.
No obstante, el informe detecta diferencias, o al menos matices, en los discursos de ambas formaciones. Vox niega la violencia de género y abraza posiciones más conservadoras y contrarias al feminismo y al colectivo LGTBI, mientras que Aliança defiende estos derechos para contraponerlos a las “prácticas asociadas al Islam”. Otro ejemplo: Vox tiende a negar o minimizar la crisis climática, que Aliança sí reconoce y plantea medidas para paliarla, apostando por las energías renovables. También Vox da más empaqueta que Aliança al catolicismo, lo que le permite atraer más apoyo entre quienes asisten regularmente a misa. En cambio, Orriols cuenta con más tirón entre quienes tienen trabajo y Vox pesca más entre los catalanes en paro.
Los autores del estudio dejaron sendos recados a Junts y PP. La escalada de sus competidores ultras les empuja a soportar el tono en el debate migratorio para recuperar el espacio electoral, pero esa estrategia de copiar al original tiende a acabar reforzando al original. Para revertir las encuestas, JxCat necesita que el ‘procés’ vuelva a ser el eje del debate porque los partidarios que se mantienen fieles a Carles Puigdemont son aquellos cuya ‘prioridad nacional’ es la independencia. En este sentido, habrá que ver si, el 16 de julio, la justicia europea le regala al expresidente, con su sentencia sobre la ley de amnistía, la que puede ser su última tabla de salvación.
Volviendo a la incógnita de cuánto subirán los ultras en las próximas elecciones, la radiografía del ICPS pronostica que, de seguir su tendencia al alza, Vox y Aliança podrían llegar a sumar una cuarta parte de los escaños del Parlament. Una fuerza exigua para liderar gobiernos, pero suficiente para complicar la formación de mayorías y elevar el riesgo de bloqueo y, por fin, de repetición electoral.
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