La cultura Chinchorro, una sociedad de pescadores y cazadores-recolectores que habitó la costa del desierto de Atacama hace más de 7.000 años, no dejó escritura alguna y no construyó ciudades monumentales. Sin embargo, desarrolló una de las tecnologías funerarias más complejas conocidas en el mundo antiguo.
(Imagen cortesía de Bernardo Arriaza)
Para los Chinchorro, los fallecidos no eran meros restos humanos; siguieron siendo parte del mundo de los vivos. La creación de sus momias implicó desmantelar y reconstruir cuerpos, utilizando madera y fibras vegetales, modelando rostros, aplicando arcilla y ceniza y recubriendo superficies con pigmentos minerales.
Cualquiera que sea la ruta de adquisición, el nuevo cálculo ayuda a explicar por qué esta pregunta es importante. Utilizando muestras del recubrimiento tomadas de una momia y las dimensiones de un cuerpo adulto, el equipo calculó el volumen que ocuparía la capa de manganeso en cada segmento del cuerpo (cara, torso, brazos, manos, piernas y pies) y luego lo convirtió en masa.
El recubrimiento completo pesaría entre 3,7 y 5,5 libras, pero, basándose en las concentraciones de manganeso medidas en las muestras, los investigadores estimaron que se necesitarían alrededor de 3,1 libras de manganeso. Según Arriaza, se trataba de un material “de pureza bastante elevada”.
El Chinchorro trituraba el manganeso y lo procesaba hasta convertirlo en un pigmento, que luego se mezclaba hasta formar una pasta y se aplicaba al cuerpo. La capa no tenía un grosor uniforme: en la cara, tenía un promedio de aproximadamente 0,1 pulgadas, mientras que en el torso tenía un promedio de aproximadamente 0,04 pulgadas.
[of the mummies]