Analizando el nuevo superciclo industrial

31 de agosto de 2026: análisis de EBM Newsdesk. Antonio Gill

Europa está entrando en una nueva era de gasto en defensa. Lo que alguna vez se consideró en gran parte del continente como un costo reacio del mantenimiento de la seguridad se ve cada vez más como una inversión estratégica en capacidad industrial, tecnología y resiliencia económica.

Los números cuentan la historia. El gasto en defensa de los 27 estados miembros de la UE alcanzó los 418 mil millones de euros en 2025, un aumento del 20% con respecto al año anterior, y se espera que aumente a 454 mil millones de euros en 2026. Eso representa un aumento del 75% desde 2021. La inversión en defensa también se está acelerando, y se proyecta que el gasto en equipos y otras inversiones alcance casi 163 mil millones de euros este año.

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El cambio está impulsado ante todo por la seguridad. La guerra de Rusia en Ucrania ha cambiado fundamentalmente los cálculos europeos sobre la preparación militar, mientras que la incertidumbre en torno al futuro de la relación transatlántica ha añadido otra capa de urgencia.

Pero las consecuencias económicas podrían ser igualmente significativas.

Durante décadas, Europa permitió que gran parte de su base industrial de defensa se redujera, se consolidara o se volviera dependiente de proveedores extranjeros. El resultado fue un continente con capacidades militares sofisticadas en ciertas áreas pero una capacidad de producción limitada en otras. Las reservas de municiones, los sistemas de defensa aérea, los drones, los misiles y otros equipos críticos se han convertido en prioridades estratégicas.

Ahora los gobiernos están gastando mucho para reconstruir esa capacidad.

La estrategia Readiness 2030 de la Comisión Europea tiene como objetivo movilizar hasta 800 mil millones de euros en gasto de defensa adicional. En su centro se encuentra el programa de préstamos Acción de Seguridad para Europa (SAFE) de 150.000 millones de euros, diseñado para ayudar a los Estados miembros a financiar importantes inversiones en defensa a través de adquisiciones comunes. El objetivo más amplio no es simplemente comprar más armas, sino crear una base industrial europea de defensa más fuerte.

Esto crea una enorme oportunidad para los fabricantes europeos.

Las empresas involucradas en misiles, radares, vehículos militares, drones, satélites, ciberseguridad, guerra electrónica y defensa aérea están pasando de los márgenes de la política industrial hacia su centro. El boom también está atrayendo a empresas de fuera de Europa. Alemania, en particular, está emergiendo como un destino importante para los grupos de defensa internacionales a medida que Berlín compromete cientos de miles de millones de euros para reconstruir sus capacidades militares.

Sin embargo, la parte más interesante de la historia puede ser la tecnología.

La guerra moderna está cada vez más moldeada por la inteligencia artificial, los sistemas autónomos, las comunicaciones por satélite, las capacidades cibernéticas y los drones de bajo coste. El campo de batalla en Ucrania ha demostrado con qué rapidez tecnologías relativamente económicas pueden alterar la estrategia militar.

Esto está creando una convergencia inusual entre la defensa y el sector tecnológico europeo.

Las empresas emergentes que anteriormente podrían haber tenido dificultades para atraer contratos de defensa tradicionales ahora encuentran gobiernos más dispuestos a experimentar. El capital de riesgo y la inversión privada son cada vez más importantes, mientras que la Comisión Europea apunta explícitamente a las ampliaciones relacionadas con la defensa y busca ampliar el acceso al capital privado. Su hoja de ruta de preparación incluye planes para un fondo de inversión de hasta mil millones de euros para apoyar proyectos y ampliaciones relacionados con la defensa.

Las implicaciones industriales podrían extenderse mucho más allá del sector de defensa.

Las nuevas instalaciones de producción requieren ingenieros, técnicos, especialistas en software, fabricantes avanzados y trabajadores de la cadena de suministro. Por lo tanto, la inversión en defensa puede respaldar los grupos manufactureros regionales y generar demanda de tecnologías que eventualmente encuentren aplicaciones civiles.

Sin embargo, existe un problema importante: históricamente Europa ha sido mucho mejor anunciando programas de defensa que coordinándolos.

El continente tiene docenas de sistemas nacionales de adquisiciones, diferentes requisitos militares e intereses industriales en competencia. Si cada país simplemente aumenta el gasto de forma independiente, Europa corre el riesgo de pagar más por un conjunto fragmentado de sistemas que no pueden funcionar juntos fácilmente.

Por eso la contratación conjunta se ha convertido en un objetivo central de la estrategia de la UE. La Hoja de Ruta de Preparación propone que al menos el 40% de la contratación de defensa se organice de forma conjunta para finales de 2027, mientras que la UE quiere que una proporción significativamente mayor de la inversión en defensa fluya hacia la industria europea.

También está la cuestión de la asequibilidad.

Los presupuestos de defensa están aumentando en un momento en que los gobiernos ya están lidiando con poblaciones que envejecen, productividad débil, deuda elevada y presión para mantener el gasto en atención médica y protección social. La Comisión Europea sostiene que un mayor gasto en defensa puede estimular el crecimiento y la competitividad, pero las compensaciones fiscales serán cada vez más difíciles para algunos gobiernos.

Eso significa que el auge de la defensa no puede medirse simplemente en euros gastados. La verdadera prueba será si el dinero crea una capacidad duradera.

Europa necesita fábricas que puedan producir a escala, cadenas de suministro que sean resilientes, empresas de tecnología capaces de competir globalmente y sistemas de adquisiciones que puedan avanzar más rápido de lo que lo han hecho históricamente. La UE ya ha comenzado a simplificar las adquisiciones de defensa y las reglas de permisos en un intento de eliminar algunas de las barreras burocráticas que frenan la expansión industrial.

El panorama más amplio es que el renacimiento de la defensa en Europa se está convirtiendo en una estrategia tanto industrial como militar.

Si los gobiernos gastan sabiamente, el continente podría emerger con una base manufacturera más sólida, un sector tecnológico más competitivo y una industria de defensa capaz de competir internacionalmente. Si el gasto sigue fragmentado y las adquisiciones continúan avanzando lentamente, se podría perder gran parte de la oportunidad.

Sin embargo, para los inversores y las empresas ya resulta difícil ignorar una conclusión: el auge de la defensa en Europa no es una reacción temporal a una crisis geopolítica. Los gobiernos están construyendo un ciclo de gasto a largo plazo en torno a la seguridad, la tecnología y la independencia estratégica.

La pregunta ahora no es si Europa gastará más en defensa. La cuestión es si Europa podrá convertir ese gasto en la próxima gran historia de crecimiento industrial.