ERNESTO EKAIZER | La mayoría del tribunal que dictará sentencia irrecurrible sobre el fiscal general del Estado ya se `retrató´ al imputarle

El magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, Andrés Palomo, tuvo discrepancias sustanciales con sus dos colegas de la sala de apelaciones. La primera tuvo lugar con la decisión (febrero de 2025) sobre la entrada y registro de la Unidad Operativa de la Guardia Civil (UCO) en los despachos del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, y de la fiscal jefa de Madrid, Pilar Rodríguez, en octubre de 2024 para clonar durante doce horas sus dispositivos (ordenadores, iPad y teléfonos móviles). Palomo no avalaba dicha entrada, pero se abstuvo de presentar voto particular porque era una decisión “no definitiva”, por así decir, en el proceso de instrucción.

Palomo se “reservado”- reconstruida su posición retrospectivamente- para otro momento.

Y fue cuando le tocó la ponencia sobre el auto de procesamiento (transformación de las diligencias en procedimiento abreviado), a finales de julio de 2025. Presentó una propuesta de archivar las diligencias tanto para Álvaro García Ortíz como para Pilar Rodríguez.

La aceptación de sus otros dos colegas (el presidente de la Sala, Julián Sánchez Melgar, y el magistrado, Eduardo de Porres) de archivar la causa contra Rodríguez no logró perfilar un acuerdo para conseguir un auto por unanimidad sobre García Ortiz.

Palomo, pues, cedió la ponencia a manos de De Porres y explicó sus divergencias esta vez sí en un voto particular.

El primero resultó fallido, pero el segundo, el voto particular realmente emitido, es el que podría ser considerado por algunos magistrados como la base de una sentencia absolutoria, alternativa a una condenatoria por parte de una mayoría del tribunal de siete magistrados que comenzará este lunes 3 de noviembre un juicio oral que, en principio, deberá durar diez días.

El autor intelectual -para usar una terminología tan gastada por la derecha mediática y judicial durante el juicio de la masacre del 11-M- de sentar en el banquillo García Ortiz es Manuel Marchena, entonces, a mediados de octubre de 2024, presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo.

Las versiones transmitidas por Susana Polo, ponente del auto del 15 de octubre de 2024 que abrió causa contra el fiscal general, a diferentes personalidades con quien ha mantenido contacto con El Periódico así han dejado constancia de ello.

Marchena y otros cuatro magistrados -Antonio del Moral, Juan Ramón Berdugo, Susana Polo y Carmen Lamela- decidieron, pues, imputar a García Ortiz. Marchena ya no es presidente de la Sala Segunda, pero forma parte, con los otros cuatro magistrados del tribunal que ahora, tras imputar, juzgarán al acusado fiscal general del Estado.

Otros dos magistrados han sido incorporados para formar un tribunal de siete, número que se dedica a causas relevantes. Son el actual presidente de la Sala Segunda, Andrés Martínez Arrieta, que será el presidente del tribunal, y Ana Ferrer.

De partida, el tribunal contará con cinco magistrados que ya se pronunciaron sobre los indicios para ordenar la investigación. Es lo que hay, porque así funciona la Sala Segunda (la magistrada Ana Ferrer ha propuesto una reforma para evitar que la sala que admita una querella e impute a un aforado sea después quien también le enjuicie).

Y para más inri, al tratarse de una sentencia del Supremo, se trata de una resolución irrecurrible por la vía ordinaria.

Susana Polo vuelve a ejercer la ponencia. Es una segunda oportunidad para ella. Y existen versiones de que podría compartir la afirmación del magistrado Palomo, a saber, que “no resulta posible atribuirle de una manera mínimamente justificada la filtración” al fiscal general del Estado.

También están las posiciones que adoptarán Martínez Arrieta y Ana Ferrer. El primero, según hemos informado, mantuvo una conversación ascendente de tono con Ángel Hurtado, instructor de la causa, en el despacho de éste último. Pero entonces Martínez Arrieta era presidente en funciones de la Sala Segunda. La segunda, Ferrer, difícilmente vaya a respaldar una sentencia condenatoria.

¿Hasta dónde querrás llegar Marchena? Es una pregunta que quizás hubiera sido relevante antes, cuando era presidente de la Sala Segunda. El voto particular de Palomo, por ejemplo, hubiera sido inimaginable en esa larga etapa de Supremo Soviético (guiado por la unanimidad).

Por tanto, este juicio puede dar mucho de sí.

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