En su discurso de Navidad de la tarde del miércoles, el Rey Felipe pidió una conducta ejemplar a todas las autoridades públicas y apeló al diálogo y la convivencia democrática. Advirtió que los retos a los que se enfrentan los ciudadanos y la tensión que perciben en el debate público les están provocando “cansancio, desencanto y desafección”.
El Rey se refirió a la “inquietante” crisis de confianza que afrontan las sociedades democráticas en un mundo convulso, donde el multilateralismo y el orden mundial están en crisis. “Esta realidad afecta gravemente a la moral de los ciudadanos y a la credibilidad de las instituciones”.
Habló de “líneas rojas” que no se pueden traspasar, como el respeto a la lengua y la escucha de las opiniones de los demás. “Hablo de conducta ejemplar en la actuación de todas las autoridades públicas; también de empatía y de la necesidad de situar la dignidad humana, especialmente la de los más vulnerables, en el centro de todo discurso y de toda política”.
Los tiempos actuales son “ciertamente exigentes”. Muchos ciudadanos sienten que el creciente costo de la vida limita sus oportunidades de avance; que el acceso a la vivienda es un obstáculo para los planes de tantos jóvenes; o que la velocidad de los avances tecnológicos genera precarización laboral.
Pero el Rey ha recordado cómo, durante los últimos 50 años, España ha demostrado reiteradamente su capacidad para responder a los retos internos y externos “cuando hay voluntad, perseverancia y visión de país”. Llamó a todos los ciudadanos a preservar su confianza en la convivencia democrática, señalando que “el extremismo, el radicalismo y el populismo prosperan en esta falta de confianza, en la desinformación, en la desigualdad, en el desencanto con el presente y en las dudas sobre cómo afrontar el futuro”.
“Sin mirar a nadie, sin culpar a los demás, ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros para fortalecer esta convivencia? Nuestras propias ideas nunca pueden ser dogmas, ni las de los demás amenazas. El progreso consiste en dar pasos, con acuerdos y compromisos, pero en la misma dirección, no a costa de la caída del otro”.
La transición a la democracia había sido un ejercicio colectivo de responsabilidad, por lo que hizo un llamamiento a la convivencia democrática, en el 50 aniversario del inicio del período de transición, destacando la valentía mostrada por sus protagonistas. “Una transición que surgió de la voluntad compartida de construir un futuro de libertades basado en el diálogo.” Quienes guiaron aquel proceso “consiguieron, en última instancia, que el conjunto del pueblo español se convirtiera en el verdadero protagonista de su futuro y asumiera plenamente su poder soberano”.
A pesar de sus diferencias y dudas, lograron superar sus desacuerdos con valentía: “la valentía de seguir adelante sin garantías, pero unidos, que es una de las lecciones más valiosas que nos dejaron”.