¿Podría el poder del pensamiento positivo ser suficiente para estimular su sistema inmunológico? Según un estudio reciente, la respuesta puede ser sí, ofreciendo una nueva visión de cómo se podrían combinar los enfoques físicos y mentales de la salud.
La idea no es tan descabellada como podría parecer. Las investigaciones muestran que nuestras mentes y cuerpos están estrechamente conectados, y el efecto placebo demuestra que creer que un tratamiento está funcionando a veces puede producir beneficios físicos mensurables.
En un nuevo ensayo controlado aleatorio, investigadores dirigidos por un equipo de la Universidad de Tel Aviv en Israel descubrieron que las personas que impulsaban con éxito la actividad en una región del cerebro relacionada con la recompensa mostraban respuestas de anticuerpos más fuertes después de recibir una vacuna de rutina.
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“Estos hallazgos sugieren que las expectativas positivas generadas conscientemente pueden activar los circuitos de recompensa para influir en la función inmune, un proceso que puede aprovecharse para una modulación inmune no invasiva”, escriben los investigadores en su artículo publicado.
Un total de 85 participantes se dividieron en tres grupos para el estudio.
Un grupo utilizó un sistema de neurorretroalimentación que los guió a través de ejercicios mentales diseñados para aumentar la actividad en la vía mesolímbica del cerebro, conocida como vía de recompensa.
La neurorretroalimentación por resonancia magnética funcional (fMRI) permite a una persona observar su propia actividad cerebral, lo que le permite aprender y practicar estrategias mentales que activan las regiones objetivo. Para el primer grupo de este estudio, el aumento exitoso de la actividad en la vía mesolímbica hizo que una cara mostrada en la pantalla de una computadora pareciera gradualmente más feliz.
Un segundo grupo se sometió a un entrenamiento de neurorretroalimentación similar, que requirió un nivel comparable de esfuerzo mental pero se centró en regiones del cerebro no relacionadas con el procesamiento de recompensas. Un tercer grupo no recibió entrenamiento en neurofeedback.
Después de que los grupos de neurofeedback completaron de 3 a 4 sesiones de entrenamiento, todos los participantes recibieron una vacuna contra el virus de la hepatitis B (VHB), que se usa comúnmente en investigaciones para estudiar las respuestas inmunes. Los niveles de anticuerpos específicos del VHB se midieron a los 14 y 28 días después de la vacunación.
Se demostró que las personas que habían completado con éxito tareas que activaban una parte de la vía mesolímbica, el área tegmental ventral (VTA), producían significativamente más anticuerpos específicos del VHB, lo que indica una respuesta inmune más fuerte, aunque la efectividad real de la vacuna no se midió específicamente.
En particular, la activación del VTA se asoció con mayores aumentos en la producción de anticuerpos específicos del VHB cuando los participantes esperaban algo positivo, como las próximas vacaciones, lo que sugiere un papel del efecto placebo.
“Teniendo en cuenta la falta de evidencia para interpretaciones alternativas, nuestros hallazgos sugieren un mecanismo de regulación inmune cerebral de arriba hacia abajo, similar al descrito previamente en roedores”, escriben los investigadores.
Si bien hemos visto resultados similares en animales, este estudio proporciona evidencia directa de que el pensamiento positivo impulsado conscientemente puede influir en la función inmune en los humanos, aunque todavía queda mucho por explorar.
“Aunque presentamos una posible intervención neuronal para estimular la respuesta inmune a la vacunación en humanos, el número de participantes en nuestro estudio se considera relativamente pequeño”, reconocen los autores.
Los hallazgos plantean la posibilidad de que las intervenciones diseñadas para fomentar expectativas positivas puedan complementar los tratamientos médicos. Estos podrían apuntar a señales químicas de apoyo inmunológico en el cerebro, incluida la dopamina.
El equipo sugiere que su enfoque “podría usarse para investigar nuevas formas de estimular los procesos inmunológicos, con posible relevancia para campos como la inmunoterapia del cáncer y la inflamación crónica”.
“De este modo, podemos aprovechar las capacidades naturales de nuestra mente y cerebro para curar nuestro cuerpo en momentos de necesidad”, concluyen los investigadores.
La investigación ha sido publicada en Nature Medicine.
