Hallan ictiosaurio de 180 millones de años con 100 dientes y piedras en el estómago

Un maltrecho depredador marino de 180 millones de años con el estómago lleno de rocas puede ser un nuevo ejemplo de perseverancia frente a adversidades extremas.

Descubierto en un pozo de arcilla en el norte de Alemania, un ictiosaurio gigante mostró signos claros de lesiones graves que deberían haber hecho que la caza fuera casi imposible, según un nuevo estudio publicado en Zitteliana. Sin embargo, contra todo pronóstico, siguió viviendo, dejando pistas en sus huesos, dientes y el contenido de su estómago que están permitiendo a los científicos una mirada poco común a la supervivencia en el océano prehistórico.

“Nuestro fósil de Temnodontosaurus es uno de los hallazgos más jóvenes de este género de ictiosaurio hasta la fecha”, dijo la autora Ulrike Albert en un comunicado de prensa. “Hasta ahora, los representantes de este género se conocían principalmente en capas geológicas más antiguas, como la esquisto de posidonia de Holzmaden. El descubrimiento de Mistelgau muestra ahora que estos grandes reptiles marinos sobrevivieron en la cuenca del suroeste de Alemania más tiempo de lo que se había documentado anteriormente”.

Un ictiosaurio gigante que superó todos los pronósticos

El fósil, desenterrado en el yacimiento de arcilla de Mistelgau, cerca de Bayreuth, en Alemania, pertenece al género Temnodontosaurus, uno de los ictiosaurios más grandes conocidos. Estos reptiles marinos parecidos a delfines alguna vez dominaron los mares antiguos, y este individuo no era un espécimen pequeño. Basándose en un cráneo que medía poco menos de cinco pies, los investigadores estiman que el animal medía aproximadamente 21 pies de longitud total.

Lo que hace que este hallazgo destaque no es sólo su tamaño: es el nivel de preservación. El fósil incluía partes del cráneo y la mandíbula inferior, la cintura escapular, las aletas anteriores, la columna y más de 100 dientes. Incluso estructuras delicadas, como partes del paladar y la región de los ojos, se conservaron con notable detalle tridimensional.

Pero la verdadera historia está en sus heridas. El esqueleto mostraba múltiples signos de traumatismo, especialmente en las articulaciones del hombro y la mandíbula. Este daño probablemente afectó la capacidad del ictiosaurio para capturar presas y debería haber acortado su vida útil.

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Misteriosas “piedras estomacales” ofrecen pistas para la supervivencia

Dentro de la región abdominal del ictiosaurio, los investigadores identificaron gastrolitos, pequeñas piedras que alguna vez estuvieron en el sistema digestivo del animal. Estas “piedras estomacales” se encuentran ocasionalmente en algunos animales, pero son excepcionalmente raras en ictiosaurios como Temnodontosaurus.

Según el Museo de Paleontología de la Universidad de California, los científicos no están del todo seguros del papel que desempeñaron los gastrolitos en los reptiles marinos. Una idea principal es que ayudaban a moler los alimentos, actuando casi como herramientas de molienda internas para descomponer presas como los peces.

En este caso, la presencia de gastrolitos puede indicar algo más dramático: un cambio en la dieta. Con lesiones que probablemente dificultaron la caza activa, este ictiosaurio puede haber adaptado su estrategia de alimentación, posiblemente consumiendo presas más blandas o dependiendo de métodos alternativos para procesar los alimentos.

“Las heridas probablemente limitaron significativamente la capacidad del animal para atrapar a sus presas. El hecho de que aún sobreviviera se evidencia, entre otras cosas, en sus dientes muy desgastados y en los gastrolitos que pudimos identificar en la región abdominal”, explicó Stefan Eggmaier, otro autor del estudio.

Combinadas con sus dientes muy desgastados, las piedras insinúan una estrategia de supervivencia que permitió al animal persistir a pesar de graves limitaciones físicas.

Lo que los ictiosaurios revelan sobre los océanos antiguos

El sitio de Mistelgau es conocido desde hace mucho tiempo por sus fósiles marinos bien conservados, y las excavaciones han estado en curso desde 1998. Este último descubrimiento añade una nueva capa a ese trabajo. No sólo proporciona una nueva visión de la cronología conocida del Temnodontosaurus en la región, sino que también ofrece una visión poco común de cómo estos animales sobrevivieron en un ecosistema implacable.

Las investigaciones futuras se centrarán en analizar los dientes y las estructuras óseas del ictiosaurio para comprender mejor su dieta, comportamiento y entorno. Estos conocimientos ayudarán a reconstruir la ecología de los mares del Jurásico en lo que hoy es la Alta Franconia.

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