La economía balear creció un 2,7% en el primer trimestre, una desaceleración de dos décimas respecto al cuarto trimestre del año anterior (2,9%), continuando la desaceleración ya observada a lo largo de 2025, al tiempo que logra capear los problemas derivados de los conflictos geopolíticos que marcaron el inicio de este año, según datos del informe Tendencias Económicas de la patronal balear CAEB.
Como resultado, la economía balear igualó la tasa de crecimiento promedio de España (2,7 por ciento), que también logró mantenerse estable, y estuvo muy por encima de la de la Unión Europea, cuyo crecimiento se redujo a la mitad (0,7 por ciento) en comparación con finales de 2025 (1,4 por ciento). Las principales potencias económicas están luchando por salir de su crisis. Francia (0,9% frente a 1,1% en el cuarto trimestre de 25), Alemania (0,3% frente a 0,4%) e Italia (0,8% frente a 0,9%). Por el contrario, la economía estadounidense aceleró su tasa de crecimiento hasta el 2,6% (2% en el 4T 25).
Por islas, el crecimiento del 2,7% de la región se distribuyó uniformemente entre ellas, con Mallorca a la cabeza (2,8% vs 2,9% en el 4T), seguida de cerca por Ibiza y Formentera, que perdieron impulso (2,7% vs 3% en el 4T), mientras que Menorca se estabilizó en un crecimiento del 2,7%, idéntico al del último trimestre de 2025.
El empleo, por su parte, mejoró las cifras de afiliación a la Seguridad Social durante los tres primeros meses del año (3,4%), manteniéndose por encima de la media nacional (2,7%) y batiendo el récord de afiliación en este periodo del año, que, por segundo trimestre consecutivo, ha superado el medio millón.
El desempleo cayó hasta el 5% de la población activa, tras haber descendido tres décimas respecto al trimestre anterior (5,3%, cuarto trimestre), menos de la mitad de la tasa nacional (10,1% frente a 10%, cuarto trimestre). La inflación tuvo un grave impacto en los ingresos salariales tras las renovadas tensiones en los mercados energéticos. En marzo, un mes después de la guerra en Oriente Medio, los precios se dispararon un 3,6 por ciento, una tasa que añadió más de un punto porcentual a las registradas en enero (2,4 por ciento) y febrero (2,2 por ciento).
Aunque gran parte de esta tendencia proviene de componentes volátiles, en particular los combustibles (7,8%), cabe destacar el contagio a la inflación subyacente, como los servicios (3,9% vs 3,1%, febrero), en particular el sector de hostelería (7% vs 6,2%, febrero). A pesar del descenso posterior en abril (3,1%), la inflación en Baleares ascendió hasta el 3,4% en mayo.
Desde la perspectiva de la oferta, en el primer trimestre se produjo un crecimiento del sector de la construcción, que mantuvo el impulso alcista observado a finales de 2025 (4,5% vs 4,2% en el 4T 25) tanto en términos de proyectos aprobados como ejecutados, mientras que el resto de sectores siguieron perdiendo impulso, como servicios con un 2,7% (2,9% en el 4T) y la industria (1% vs 1,4% en el 4T).
Por el lado de la demanda, la inversión consolidó su papel como dinamizador de la demanda interna, aumentando un 4,3% –dos décimas porcentuales más que la registrada al cierre del ejercicio anterior (4,1%)–, avance apoyado en la inversión en construcción. Ya lleva tres trimestres consecutivos de aceleración.
Al mismo tiempo, el consumo privado creció a una tasa del 2,8% durante el primer trimestre de 2026, ritmo al que vio desacelerarse su crecimiento interanual por quinta vez consecutiva (3%, T4 25). La cautela de los hogares en sus decisiones de compra se produce en un contexto de niveles récord de empleo, aunque el poder adquisitivo se ha visto erosionado por el encarecimiento gradual de la cesta de la compra.
Al mismo tiempo, el inicio de 2026, marcado por el estallido de la guerra en Oriente Medio, guardaba un gran parecido con el inicio de 2022, con la invasión rusa de Ucrania. La energía volvió a tomar protagonismo, provocando tensiones en los mercados de materias primas, inflación y condiciones financieras.
Sin embargo, análisis internacionales recientes sugieren que el shock puede ser más manejable y las consecuencias más limitadas que en la ocasión anterior, siempre que el conflicto actual no se afiance, como parece indicar el acuerdo entre Estados Unidos e Irán del 17 de junio.