El miedo al fracaso es una barrera mental que limita el progreso, paraliza el potencial e impide que los líderes realicen sus sueños, escribe la coach corporativa Elaine Lo.
El miedo al fracaso –o amicofobia– impregna el ecosistema empresarial mundial. Afecta a líderes, directores ejecutivos y gerentes de todos los sectores y, según se informa, ha impedido que uno de cada tres adultos inicie un negocio.
Desde el miedo a ser juzgado o rechazado hasta el miedo a no cumplir con las propias expectativas, la amicofobia a menudo conduce a parálisis de decisiones, pérdida de oportunidades e incluso a renunciar por completo a sus objetivos.
Pero por muy extendido que sea, el miedo al fracaso no es un obstáculo insuperable. Algunos de los líderes más célebres de todos los tiempos –Bill Gates y Richard Branson entre ellos– han experimentado grandes fracasos antes de alcanzar el éxito. Al reformular el fracaso como parte integral del proceso de aprendizaje y como catalizador de la innovación, como lo hicieron esas figuras famosas, los reveses y errores que cometemos se convierten en algo que podemos esperar e incluso aceptar.
La clave para superar el miedo al fracaso radica en nuestra forma de pensar y en cómo abordamos el problema en cuestión. Déjame darte un ejemplo. Una vez fui a escalar rocas y, por mucho que lo intenté, no pude llegar a la cima de la pared. Llegué al punto crucial, la parte más difícil de la ruta, y me caí una y otra vez. Después de una docena de intentos, me senté y reevalué. Estaba físicamente capacitado para completar el recorrido, pero algo me lo impedía. Ese “algo” era mi forma de pensar. Al preocuparme por la dificultad del punto crucial, estaba reforzando el hábito de fracasar o, en este caso, de caer. Sólo después de ver la ruta con ojos nuevos y adoptar una técnica ligeramente diferente pude superar el problema y llegar a la cima. Se trataba de lo que yo llamo ‘pensamiento de cabeza y corazón’: integrar el análisis racional con la percepción emocional.
En un entorno empresarial, el pensamiento Cabeza-Corazón nos anima a equilibrar la pasión con la practicidad y la evaluación realista, evitando así los peligros de la positividad o la negación extrema. Nos capacita para mantener la esperanza en el corazón mientras tomamos medidas prácticas con la cabeza para lograr nuestras aspiraciones. El pensamiento cabeza-corazón nos brinda lo mejor de ambos mundos: creamos resultados positivos manteniendo la esperanza, sin ignorar los problemas del mundo real ni quedar paralizados por el miedo.
Así es como puedes adoptar el pensamiento cabeza-corazón en dos sencillos pasos:
Paso uno: abrazar la mente del principiante
La mente del principiante, arraigada en el budismo zen, anima a afrontar la vida con apertura, curiosidad y una perspectiva nueva, libre de prejuicios y juicios. Fomenta la creatividad, el crecimiento y una conexión más profunda con el momento presente.
Paso dos: aplicar las lecciones aprendidas
Cuando nos enfrentamos a reveses o “fracasos”, podemos aprovechar estas experiencias para adquirir sabiduría y mejorar estratégicamente. Al examinar lo que provocó el problema y abordarlo de manera diferente la próxima vez, mejoramos nuestras posibilidades de éxito.
Elaine Lo es una apasionada defensora del desarrollo personal y de las personas. A lo largo de los años, ha capacitado a más de 5000 empleados de corporaciones multinacionales, pequeñas y medianas empresas, instituciones educativas y organizaciones no gubernamentales, ayudándolos a recorrer sus caminos personales y profesionales. Sus credenciales profesionales incluyen ser entrenadora coactiva, practicante de TKI y practicante de FIRO-B..
Imagen principal: Cortesía samantha sofia/desinstalar