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Las turberas, los héroes anónimos del secuestro de carbono, han pasado a ser el centro de atención gracias a investigaciones recientes. Estos paisajes pantanosos, a menudo pasados ​​por alto, tienen un peso muy superior al de su peso en el ciclo global del carbono.

A pesar de cubrir apenas el 3% de la superficie terrestre de la Tierra, contienen el doble de carbono que todos los bosques del mundo juntos.

Pero los mismos canales que alguna vez fueron excavados para drenar estos humedales para la agricultura y el desarrollo ahora se reconocen como fuentes importantes de emisiones de carbono.

El dilema del canal: las vías navegables como focos de emisiones

(Foto: Jeff J. Mitchell/Getty Images)

La intrincada red de canales que atraviesan Las turberas del sudeste asiático ha creado inadvertidamente una vía rápida para que el carbono escape de estas antiguas bóvedas de carbono.

Un estudio encabezado por investigadores del Instituto de Oceanografía Scripps de UC San Diego y la Universidad de Stanford revela que un tercio del carbono orgánico lixiviado de los suelos de turberas a las aguas del canal se oxida rápidamente, lo que contribuye a los niveles de dióxido de carbono atmosférico.

Este hallazgo es alarmante, considerando que las turberas del sudeste asiático, que han sido sometidas a una gran deforestación y drenaje, ya son una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero.

La degradación de estas turberas no sólo ha liberado carbono que había estado almacenado de forma segura durante milenios, sino que también ha desestabilizado un amortiguador natural crítico contra el cambio climático.

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El flujo de carbono oculto

El estudio profundiza en el destino del carbono una vez que ingresa a las redes de canales.

Por Análisis de muestras de agua de canales de turberas. En Kalimantan Occidental, Indonesia, los investigadores descubrieron que tanto la respiración microbiana como la mineralización fotoquímica son responsables de la rápida conversión de carbono orgánico disuelto (DOC) en dióxido de carbono dentro de la columna de agua.

Este proceso está influenciado por varios factores, incluida la química del agua, la hidrología y la meteorología, lo que lo convierte en un fenómeno complejo de predecir.

Sin embargo, en condiciones típicas, la oxidación del DOC en estos canales puede reducir la exportación de turba DOC en aproximadamente un 35 %, lo que indica que una porción sustancial del carbono se pierde incluso antes de que llegue a los ríos o al océano.

Las implicaciones de estos hallazgos son profundas. Subrayan la necesidad de una reevaluación de las prácticas de gestión de la tierra, particularmente en regiones ricas en turberas.

A medida que el mundo se enfrenta al apremiante problema del cambio climático, comprender y mitigar las consecuencias no deseadas de las actividades humanas en estos ecosistemas ricos en carbono se vuelve cada vez más crucial.

La investigación no sólo destaca el papel de las turberas en el ciclo global del carbono, sino que también exige medidas urgentes para proteger estos ecosistemas vitales.

Es un claro recordatorio de que las soluciones a algunos de nuestros desafíos ambientales más abrumadores pueden estar en la conservación y restauración del mundo natural.

La preservación de las turberas y la gestión cuidadosa de las vías fluviales no son sólo preocupaciones ambientales; son estrategias esenciales en la lucha contra el cambio climático.

A medida que continuamos descubriendo las intrincadas conexiones entre la tierra, el agua y la atmósfera, queda claro que cada esfuerzo para salvaguardar estos recursos naturales es una inversión en un futuro sostenible.

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