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La protesta tiene como objetivo remodelar la estrategia de desarrollo en las islas, destacando las preocupaciones sobre el papel del sector turístico en la disparidad económica y el consumo de recursos. A pesar de que el turismo sustenta aproximadamente el 40% del empleo y es un importante contribuyente al PIB, también se asocia con la creación de desigualdades y no distribuye la riqueza de manera efectiva entre la población local. Un ejemplo de ello es que las Islas Canarias registraron su mayor número de turistas junto con sus tasas de pobreza más altas tanto en 2017 como en 2023.

Los organizadores aclaran que la intención no es expulsar a los turistas o eliminar la industria, sino implementar límites y condiciones, y abordar una gobernanza que priorice las ganancias económicas sobre intereses más amplios. Los temas clave que alimentan las protestas incluyen:

  1. Salarios bajos y altas tasas de pobreza: Las Islas Canarias tienen algunos de los salarios más bajos de España y una tasa de pobreza significativa, que afecta a más del 33% de la población. Las islas han experimentado un rápido crecimiento demográfico, particularmente en Tenerife y Fuerteventura, lo que ha exacerbado estos problemas.
  2. Preocupaciones ambientales y de infraestructura: A pesar de contar con numerosos espacios protegidos, las islas enfrentan desafíos como agentes de protección insuficientes e infraestructura subdesarrollada en salud, educación y saneamiento. En particular, varias islas luchan contra el vertido de aguas residuales sin tratar al mar.
  3. Vivienda y sobreturismo: La proliferación de casas de vacaciones ha dispersado a los turistas por las islas, lo que ha afectado a las comunidades locales al hacer subir los precios de los alquileres y desplazar a los residentes. Este problema se ve agravado por las iniciativas del gobierno para atraer a nómadas digitales, lo que presiona aún más el mercado inmobiliario.
  4. Desafíos legales y regulatorios: Las posturas recientes del gobierno sobre proyectos turísticos controvertidos, como los de la playa de La Tejita y la Cuna del Alma en Tenerife, han provocado indignación por el favoritismo percibido hacia los desarrolladores a pesar de las infracciones legales.

La protesta es vista como un mecanismo de desahogo de frustraciones acumuladas con el objetivo de iniciar cambios significativos en la forma en que las islas desarrollan y gestionan el turismo. Las propuestas incluyen imponer un impuesto turístico para financiar la conservación ambiental, promulgar una moratoria sobre nuevos alojamientos turísticos y establecer leyes de residencia para frenar las compras especulativas de bienes raíces por parte de no residentes.

Esta protesta es parte de un llamado más amplio a reconsiderar los modelos económicos de las islas, priorizando la sostenibilidad y el crecimiento equitativo sobre la mera producción económica. Este evento podría marcar el comienzo de un cambio significativo en las políticas y el discurso público en torno al turismo y el desarrollo en las Islas Canarias.

Las Islas Canarias están en camino de establecer un nuevo récord histórico de llegadas de turistas en 2024, continuando una tendencia de aumento que comenzó en serio tras la pandemia. Con estimaciones oficiales que indican un total potencial de alrededor de 17 millones de visitantes para el año, esto supera el máximo anterior de 16,2 millones en 2023. Estas cifras se ven reforzadas por una recuperación significativa del turismo desde la desaceleración durante los años de COVID-19 de 2020 y 2021. .

Este aumento del turismo se considera un arma de doble filo. Por un lado, significa una recuperación sólida y una bendición para la economía local, impulsada por visitantes nacionales y extranjeros. Por otro, subraya los desafíos y presiones que enfrentan las islas, particularmente en términos de infraestructura, impacto en la comunidad local y sostenibilidad ambiental. Esto ha llevado a las protestas generalizadas de hoy en las Islas Canarias bajo la campaña “Canarias tiene un límite”, poniendo de relieve las preocupaciones sobre la sostenibilidad de este modelo de crecimiento.

Las protestas reflejan ansiedades más amplias sobre la dirección del desarrollo turístico, que, a pesar de sus beneficios económicos, se percibe que exacerba problemas locales como las altas tasas de pobreza, la degradación ambiental y el desplazamiento de las comunidades locales debido al aumento de los costos de la vivienda. Estas preocupaciones se ven amplificadas por las predicciones de que la afluencia de turistas puede seguir creciendo, particularmente con el desvío de turistas desde destinos del Mediterráneo oriental afectados por tensiones geopolíticas, como el conflicto en Gaza.

En respuesta a estas presiones, existe un llamado creciente a favor de prácticas turísticas más responsables. Organizaciones como Exceltur abogan por estrategias que alivien la saturación de espacios y servicios locales, promuevan opciones de transporte más sostenibles y aborden los impactos sociales del turismo. Esto incluye gestionar el crecimiento explosivo de los alquileres vacacionales, que tienen importantes externalidades negativas para los residentes locales.

Las protestas y el discurso en curso representan un momento crítico para las Islas Canarias, ya que la comunidad busca equilibrar las ventajas económicas del turismo con la necesidad de un desarrollo sostenible y un crecimiento equitativo. El resultado de estas discusiones y la capacidad de las islas para adaptarse a estos desafíos probablemente darán forma al futuro del turismo y la vida comunitaria en el archipiélago.