Ethan Kross siempre compartió un vínculo especial con su abuela, Dora, a quien consideraba una “segunda madre”. Ella vivía a solo unas cuadras de la casa de su infancia, y cuando él venía cada día después de la escuela, lo bañaba con besos y lo prodigaba con comida: bolas de matzá, caldo de pollo y pudín de fideos.
A pesar de su cercanía, casi nunca hablaría sobre los horrores que había soportado durante la ocupación nazi en Eyshishok, Lituania moderna, antes de haber emigrado a los Estados Unidos y encontrar un hogar en Nueva York. ¿Cómo reconstruyó su vida para convertirse en una figura tan estable para su familia? ¿Y por qué nunca discutió su trauma, excepto en ocasiones específicas como el Día de los Caídos del Holocausto? “Me pareció desconcertante, cómo podría evitar hablar sobre esos eventos, pero aún así estar bien”, dice Kross.
Tales preguntas seguirían a Kross a través de su adolescencia; como un psicólogo experimental y Director del Laboratorio de Emoción y Autocontrol en la Universidad de Michigan, ha pasado su carrera buscando una respuesta. “Las emociones están llenas de riqueza y utilidad, pero también pueden superarnos cuando somos más vulnerables”, dice. “Entonces, ¿por qué sucede eso? ¿Y qué podemos hacer para manejarlos de manera más efectiva? Eso es lo que fui a la escuela de posgrado para descubrir”.
El nuevo libro de Kross, Cambio: cómo administrar tus emociones para que no te manejenes el producto de todo lo que ha aprendido. Él tampoco es el único psicólogo fascinado por la idea de dominar nuestro …