Dígales a los estadounidenses que la IA podría quitarles sus empleos en dos años y se encogerán de hombros. Dígales que esto podría suceder dentro de 36 años y se encogerán un poco menos de hombros. De cualquier manera, eso no les quita el sueño.
Ésa es la sorprendente conclusión de un nuevo estudio sobre cómo responde la gente a las predicciones sobre la inteligencia artificial que altera la fuerza laboral. Incluso cuando los investigadores advirtieron a los participantes de la encuesta que la IA transformadora podría llegar ya en 2026, automatizando potencialmente trabajos desde enfermería hasta ingeniería de software, la mayoría de las personas no cambiaron de opinión sobre cuándo los afectaría realmente la automatización o qué debería hacer el gobierno al respecto.
Los científicos políticos Anil Menon de la Universidad de California, Merced, y Baobao Zhang de la Universidad de Syracuse encuestaron a 2.440 adultos estadounidenses en marzo de 2024, presentándoles diferentes cronogramas sobre cuándo podría surgir la IA a nivel humano. Algunos leyeron pronósticos que predecían avances para 2026. Otros vieron predicciones que se extendían hasta 2030 o 2060. Un grupo de control no recibió ningún cronograma.
Los investigadores esperaban que plazos más cortos encendieran un fuego entre las personas, estimulando la demanda de programas de reciclaje o de ingreso básico universal. En cambio, encontraron lo que llaman creencias obstinadas. La gente reconoció que la automatización podría llegar un poco antes de lo que pensaban, pero su apoyo a las respuestas políticas apenas cedió.
El problema de la credibilidad
Curiosamente, el cronograma más largo, 2060, en realidad generó más preocupación por la pérdida de empleos en la próxima década que el pronóstico de 2026. Los investigadores sospechan que las predicciones de una inminente toma de control de la IA parecieron a muchas personas menos creíbles que los pronósticos más distantes y mesurados. Una cosa es escuchar que su trabajo podría desaparecer en 36 años. Otra cosa es que te digan que esto podría suceder el próximo año, especialmente cuando miras a tu alrededor y ves el mismo lugar de trabajo que siempre has conocido.
El estudio llega en un momento en el que los líderes tecnológicos hacen afirmaciones cada vez más audaces sobre la trayectoria de la IA. Algunos predicen inteligencia artificial a nivel humano dentro de esta década, mientras que los críticos argumentan que esos pronósticos sobreestiman enormemente lo que los sistemas actuales pueden hacer realmente. Los modelos de lenguaje grandes como ChatGPT pueden escribir ensayos y generar imágenes, pero aún no pueden realizar de manera confiable muchas tareas que los humanos realizan sin pensar.
“Estos resultados sugieren que las creencias de los estadounidenses sobre los riesgos de la automatización son obstinadas. Incluso cuando se les dice que la IA a nivel humano podría llegar dentro de unos pocos años, la gente no revisa drásticamente sus expectativas ni exige nuevas políticas”.
Los participantes en el estudio leyeron viñetas que describían a expertos que predecían que los avances en el aprendizaje automático y la robótica podrían reemplazar a los trabajadores en una amplia gama de profesiones: ingenieros de software, asistentes legales, profesores, enfermeras. Después de leer, estimaron cuándo se automatizarían sus propios trabajos y los de otros, calificaron su preocupación por la pérdida de empleo e indicaron su apoyo a varias respuestas políticas, desde límites a la automatización hasta una mayor financiación de la investigación de IA.
¿Por qué la desconexión?
Los hallazgos desafían una suposición central en los debates sobre políticas públicas: que hacer que las amenazas parezcan más inmediatas movilizará a la gente a actuar. La investigación se basa en la teoría del nivel constructivo, que examina cómo nuestro sentido del tiempo da forma a la percepción del riesgo. En este caso, la proximidad temporal no se tradujo en urgencia.
Menon y Zhang señalan varias limitaciones. Su única encuesta no puede rastrear cómo las opiniones de los individuos podrían cambiar durante meses o años de exposición a los desarrollos de la IA. Tampoco probaron si la credibilidad de los pronosticadores o las compensaciones específicas de la automatización, como ganancias económicas versus pérdidas de empleo, podrían influir en las actitudes de manera diferente a la información cronológica por sí sola.
Aun así, el estudio ofrece una útil instantánea del sentimiento público en un momento crucial. Los formuladores de políticas que esperan evaluar cuándo los ciudadanos apoyarán intervenciones como programas de reentrenamiento o propuestas de ingreso universal pueden descubrir que las advertencias sobre el momento oportuno por sí solas no serán suficientes. Los investigadores sugieren que el trabajo futuro podría utilizar paneles de múltiples ondas para rastrear los cambios de actitud o examinar las reacciones a sistemas de IA específicos en lugar de pronósticos abstractos.
“Las expectativas del público sobre la automatización parecen notablemente estables. Comprender por qué son tan resistentes al cambio es crucial para anticipar cómo las sociedades afrontarán las perturbaciones laborales de la era de la IA”.
Por ahora, los estadounidenses parecen estar adoptando una actitud de esperar y ver qué pasa, incluso cuando los sistemas de inteligencia artificial que aparecen en los titulares se vuelven más capaces. Sigue siendo una cuestión abierta si eso refleja escepticismo informado o complacencia peligrosa.
La Revista de Política: 10.1086/739200
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