Algo asombroso sucede en el cerebro cuando vemos a alguien tocado: ScienceAlert

El tacto es fundamental para la forma en que percibimos nuestros propios cuerpos y nos conectamos con los demás. Una suave pincelada en nuestro cuerpo puede resultar reconfortante, mientras que un pellizco o un corte pueden resultar dolorosos.

A menudo pensamos en el tacto como algo que sentimos a través de la piel, pero nuestros ojos también desempeñan un papel importante a la hora de dar forma a lo que experimentamos.

Un ejemplo famoso es la ilusión de la mano de goma. Cuando las personas ven que se acaricia una mano de goma mientras se toca su propia mano oculta de la misma manera, pueden comenzar a sentir como si la mano de goma fuera parte de su cuerpo.

Esta ilusión muestra cómo lo que vemos puede cambiar lo que sentimos.

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Pero, ¿cómo hace esto realmente el cerebro? En nuestro último estudio, medimos la actividad cerebral para ver qué tan rápido el cerebro interpreta lo que ven los ojos cuando tocan a alguien.

Queríamos saber cómo y cuándo el cerebro determina si el tacto es placentero o doloroso, amenazante o seguro, o si le sucede a nuestro propio cuerpo o al de otra persona.

(Conectar imágenes/Getty Images)

¿Qué sucede en el cerebro cuando vemos que tocan a alguien?

Usamos electroencefalografía (EEG) para registrar la actividad cerebral del cuero cabelludo con una precisión de milisegundos mientras los participantes miraban cientos de videos cortos que mostraban diferentes tipos de tacto en una mano. Estos incluían movimientos suaves con un cepillo, presiones con un dedo o contacto afilado con un cuchillo.

Luego utilizamos el aprendizaje automático para ver si los patrones de actividad en el cerebro de los espectadores podían revelar qué tipo de contacto estaban viendo.

A los 60 milisegundos de ver un toque, el cerebro distinguió quién y qué estaba siendo tocado. Por ejemplo, podría decir si la escena mostraba una mano desde una perspectiva en primera persona (probablemente la propia) o en tercera persona (probablemente la de otra persona), y si era una mano izquierda o derecha.

Alrededor de 110 milisegundos, se procesó información sensorial, como cómo se siente el tacto en la piel: suave y hormigueante por una pincelada o agudo y doloroso por la punta de un cuchillo.

Un poco más tarde, alrededor de 260 milisegundos, el cerebro comenzó a registrar dimensiones emocionales, como si el tacto parecía tranquilizador, doloroso o amenazador. Estos hallazgos muestran que, en sólo una fracción de segundo, nuestro cerebro transforma una simple imagen del tacto en una rica sensación de quién está involucrado, cómo se siente y si es reconfortante o doloroso.

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Por qué esto es importante para la empatía y la conexión social

Nuestros hallazgos muestran que cuando vemos que tocan a alguien, nuestro cerebro interpreta rápidamente cómo se siente ese toque. Esto encaja con la idea de que el cerebro “refleja” brevemente lo que ve en los demás, simulando su experiencia como si fuera la nuestra.

Esta respuesta rápida y encarnada puede formar la base de la empatía, un proceso que nos ayuda a reconocer el peligro y conectarnos socialmente.

Algunas personas realmente sienten sensaciones como hormigueo, presión o dolor cuando ven que tocan a otros, un fenómeno conocido como “toque indirecto”. Comprender cómo el cerebro decodifica instantáneamente el tacto observado puede ayudar a explicar por qué ver una imagen de lesión o dolor puede hacer que algunas personas se estremezcan físicamente mientras que otras no se ven afectadas.

Nuestro siguiente paso es explorar cómo estas rápidas respuestas cerebrales difieren entre las personas que experimentan un contacto indirecto y las que no, lo que podría ayudar a explicar las diferencias individuales en la empatía.

A largo plazo, comprender cómo el cerebro ve e interpreta el tacto podría ayudar a explicar los problemas de empatía, mejorar las terapias que utilizan el tacto o la conciencia corporal y mejorar la inmersión y la conexión social en entornos digitales como la realidad virtual.

Nos recuerda que incluso ver el tacto puede ayudarnos a sentirnos más cerca de los demás.La conversación

Sophie Smit, investigadora asociada postdoctoral en neurociencia cognitiva, Universidad de Sydney y Tijl Grootswagers, investigadora principal de ARC DECRA en neurociencia cognitiva, Universidad de Western Sydney

Este artículo se vuelve a publicar desde The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.