Orihuela Costa, Alicante — Los estudiantes de la escuela Playas de Orihuela, una de las tres escuelas primarias de la costa de Orihuela, están soportando aulas congeladas porque el Ayuntamiento local no repara una caldera averiada desde marzo del año pasado. La escuela, que atiende a más de 700 estudiantes, ahora enfrenta un empeoramiento de las condiciones después de que se cortó el suministro de gas el mes pasado, dejando todos los rincones del edificio sin calefacción.
“Estamos helados”, dice un maestro, describiendo cómo los niños mantienen sus abrigos puestos durante las lecciones. La falta de calefacción agrava una situación que ya es difícil: a principios de este año, las altas temperaturas y el aire acondicionado inadecuado dejaron las aulas peligrosamente calientes, creando un estrés térmico extremo tanto para los estudiantes como para el personal.
Las reiteradas quejas al Ayuntamiento han quedado sin respuesta. La Asociación de Padres de Familia (AFA) encargó informes técnicos y propuso soluciones temporales, como aires acondicionados portátiles, pero fueron rechazados por limitaciones de electricidad y regulaciones administrativas. Como resultado, las aulas se quedaron con sólo uno o dos pequeños ventiladores cada una, lo que las autoridades escolares consideraron “claramente insuficiente”.
La dirección de la escuela subraya que la falta de calefacción y refrigeración adecuadas no es culpa suya. “Somos la única institución pública que carece de aire acondicionado en un edificio expuesto al sol todo el día”, afirma un profesor. “El problema es del Ayuntamiento de Orihuela, que año tras año no nos facilita lo que le solicitamos”.
Los padres ahora están organizando peticiones exigiendo acción, destacando que el frío extremo en invierno y el calor opresivo en verano obstaculizan el aprendizaje, ponen en peligro la salud de los niños y crean desigualdad educativa en comparación con las escuelas equipadas con control climático moderno.
En septiembre pasado, el calor extremo provocó desmayos y mareos en las aulas que superaron los 30°C, muy por encima del límite de 27°C recomendado por las normas de salud ocupacional. Los expertos en pediatría han advertido que la exposición prolongada a este tipo de condiciones afecta la atención, la concentración, el estado de ánimo y el rendimiento académico general.
Mientras tanto, el Ayuntamiento continúa financiando carnavales, fiestas y otros eventos públicos, dejando languideciendo las reparaciones urgentes de las escuelas. La caldera sigue sin ser reparada mientras se reúne la junta escolar para discutir la crisis, mientras estudiantes y maestros luchan en aulas bajo cero.
La comunidad educativa insiste en que el consejo debe priorizar el derecho básico de los niños a un entorno de aprendizaje seguro y cómodo por encima de las festividades públicas.
María José, presidenta de Unidos por la Costa, escribió en un mensaje de WhatsApp: “En pleno siglo XXI, en un colegio público, los alumnos todavía se congelan porque la caldera sigue estropeada. Y lo más grave es que esto no es sorpresa: el problema se conoce desde marzo. Nueve meses después, los responsables todavía no han hecho lo más básico”.
Si la caldera no se puede reparar, deben comprar una nueva. Esto requiere una evaluación técnica del coste y la instalación, seguida de una licitación pública. Incluso con prisas, el procedimiento estándar dura al menos un mes y medio.
Luego se atreven a criticarnos por señalar estos descuidos. Lo vergonzoso no es denunciarlo, sino que haya concejales dispuestos a mirar para otro lado mientras los niños pasan el invierno en aulas sin calefacción”.