Mucho antes de que se escribieran los números o se grabaran las ecuaciones en tablillas de arcilla, es posible que las primeras comunidades agrícolas ya estuvieran haciendo matemáticas, con flores.
Un nuevo estudio, publicado en el Journal of World Psychology, sugiere que algunas de las primeras representaciones artísticas de plantas realizadas por la humanidad no eran meramente decorativas sino profundamente estructuradas, reflejando formas sofisticadas de organizar el espacio y la simetría hace más de 8.000 años.
Los investigadores que analizan la cerámica antigua del norte de Mesopotamia han identificado lo que puede ser el arte botánico más antiguo del mundo. Estas vasijas finamente pintadas, producidas por la cultura halafiana, presentan flores, arbustos, ramas y árboles dispuestos con sorprendente regularidad.
Según el estudio, los diseños utilizan patrones numéricos claros, lo que ofrece una visión poco común de cómo los pueblos prehistóricos pensaban sobre el orden, la división y el equilibrio mucho antes de que existieran las matemáticas formales.
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El arte botánico más antiguo del mundo
(Crédito de la imagen: Yosef Garfinkel)
Los hallazgos provienen de un extenso estudio de cerámica recuperada en 29 sitios arqueológicos en el norte de Mesopotamia, una región asociada con algunas de las primeras aldeas agrícolas del mundo. Se analizaron cientos de vasijas de cerámica y revelaron un vocabulario visual sorprendentemente rico de la vida vegetal.
A diferencia del arte prehistórico anterior, que se centraba abrumadoramente en animales o figuras humanas, la cerámica halafiana marca un cambio significativo. En lugar de humanos y animales, la cerámica halafiana exhibe flores, así como plántulas, arbustos, ramas y árboles imponentes. Algunas imágenes parecen más naturalistas, mientras que otras están abstraídas en formas repetidas; todos exhiben una planificación artística deliberada.
“Estas vasijas representan el primer momento en la historia en el que la gente eligió retratar el mundo botánico como un tema digno de atención artística. Refleja un cambio cognitivo ligado a la vida del pueblo y una creciente conciencia de la simetría y la estética”, dijeron los autores del estudio en un comunicado de prensa.
En particular, ninguna de las imágenes de plantas representa cultivos comestibles. Esa ausencia sugiere que el arte no era educativo ni agrícola, sino que era una elección estética, posiblemente porque se sabía que las flores evocaban respuestas emocionales positivas y placer visual.
Cómo estos diseños revelan el pensamiento matemático temprano
Esta investigación contribuye a la etnomatemática, un campo que examina cómo el razonamiento matemático emerge a través de prácticas culturales en lugar de la escritura formal.
Lo que distingue a estas imágenes no es sólo lo que representan, sino cómo están organizadas. Muchos cuencos exhiben flores con un número de pétalos que siguen secuencias numéricas precisas. En algunos casos, superficies enteras se dividen en unidades florales espaciadas uniformemente, lo que demuestra una progresión geométrica constante.
Los investigadores sostienen que estos patrones son intencionales y no accidentales. Reflejan la capacidad de dividir el espacio equitativamente y pensar en unidades repetidas y escalables, que son habilidades matemáticas que probablemente corresponden a las tareas cotidianas de los aldeanos.
“La capacidad de dividir el espacio de manera uniforme, reflejada en estos motivos florales, probablemente tenía raíces prácticas en la vida diaria, como compartir cosechas o asignar campos comunales”, dijo Yosef Garfinkel.
Lo que nos dice este descubrimiento sobre el arte y las matemáticas
Los sistemas matemáticos escritos no aparecerían en Sumer hasta miles de años después de la cerámica examinada en este estudio. Esto hace que el arte botánico halafiense sea increíblemente importante para la historia de la humanidad.
“Estos patrones muestran que el pensamiento matemático comenzó mucho antes de escribir. La gente visualizaba divisiones, secuencias y equilibrio a través de su arte”, explicó Sarah Krulwich.
Al documentar las imágenes botánicas más antiguas conocidas y descubrir sus fundamentos matemáticos, el estudio replantea cómo entendemos la vida temprana de las aldeas. Estas comunidades no sólo cultivaban y se asentaban; también observaban la naturaleza, organizaban su mundo y expresaban ideas complejas a través del arte.
En la hermosa geometría de las flores pintadas ya estaban tomando forma las raíces de las matemáticas.
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