Hasta ahora, un vehículo ligero de Infantería, como los Uro VAMTAC, estaba pensado para, en caso de guerra, hacer lo que indican sus siglas: Vehículo de Alta Movilidad Táctica, o sea, transportar y desplegar rápidamente tropas o, armado con una torreta o con un mortero, hacer fuego de apoyo en una ofensiva. Pero también puede llevar una antena, y un pequeño hardware de telecomunicaciones para anular la señal a drones enemigos, camuflar las emisiones radioeléctricas del vehículo y sus ocupantes o limpiar la señal de radio de interferencias del adversario.
Es la nueva capacidad que ha propuesto al Ejército de Tierra una firma española, Integrasys, dentro de la revolución que está viviendo la guerra electrónica y la prioridad con que a esa revolución la tratan las apuestas inversoras de Defensa. Los militares españoles han probado esa capacidad en el último ejercicio Aquiles de simulación de guerra electrónica.
Son cargas muy pequeñas de hardware consiguiendo efectos muy amplios. En este caso, tres cajas para emitir, eliminar señal y limpiar interferencias, las tres algo más gruesas que una tableta, con unos cables y un ordenador adaptado para gestionar la antena que viaja en el remolque. Y esto, si la conexión vía satélite es adecuada, puede actuar a más de 1.000 kilómetros de distancia.
A bordo de un vehículo de infantería VAMTAC, en la pantalla del ordenador, el espectro de una comunicación interferida y rescatada / El Periódico
Todo lo que se mueve o emite en el campo de batalla es adquirible por sensores, observable por satélites y abatible por drones, misiles o cañones. Es la ley de la guerra transparente que se ha impuesto en el frente de Ucrania. Y si, por trigonometría de señales de satélites, ya es posible localizar dónde está despegando un dron de largo alcance, como los que a centenares envía Rusia para atacar a ciudades ucranianas en las noches de bombardeo, se puede también, vía satélite, enviarle a ese aparato una señal que lo ciegue desde un puesto de mando a 1.000 kilómetros del lugar donde está despegando para atacar.
Ese puesto de mando puede ser el VAMTAC moviéndose por el frente. Es una de las técnicas que se investigan en España con apoyo de las inversiones de ayuda a la innovación militar del área de Innovación del Ministerio de Defensa. En esa área, las Fuerzas Armadas están probando una nueva dimensión de guerra electrónica.
Espada contra escudo
“Si monitorizas el tráfico de drones, puedes predecirlo, y puedes negarlo”, asegura Álvaro Sánchez, ingeniero y CEO de Integrasys. Detectar y perturbar la señal del contrario es la base, pero también lo es la posibilidad de interponer un escudo electrónico contra la señal perturbadora hostil. Espada contra escudo, como siempre, solo que en este caso se avanza a una guerra electrónica pret-a-porter.
Sánchez muestra un chaleco antifragmentos. No va a hablar de grandes antenas ni de barridos electromagnéticos de gran potencia, sino del combate electrónico de cercanía. “No hace mucho, esta capacidad, por peso, no era transportable para un soldado. Ahora ya sí”, explica. Por dentro de la prenda protectora se ha instalado un aparato que emite un deseo del soldado que lo lleve puesto. Puede interferir la señal -los ingenieros lo llaman coloquialmente “jammear”- que gobierna un dron que se dirige hacia él (si no es filoguiado por fibra óptica…), o puede emborronar la señal de radio con que se comunican sus enemigos, o puede, en fin, proteger de eso mismo sus comunicaciones de radio con sus compañeros.
A la izquierda, la señal de una videocámara callejera de seguridad interferida, ya la derecha, una vez limpiada esa señal con un sistema de guerra electrónica. / Integrasys
Radio, interferencias de radio y antiinterferencias de radio. La guerra electrónica se mueve en un invisible juego de espejos. En ese juego se participa en tierra, en mar, el aire y en el espacio, siempre en el espectro radioeléctrico. Y en él investiga para Defensa las grandes compañías, como Indra, GMV, Sener o el grupo Oesía, en programas en las que también están las pequeñas, como la de Álvaro Sánchez. El sistema Santiago II es uno de ellos, para la inteligencia de señales vía satélite. Aprovechar y entender lo que nos llega desde las máquinas que orbitan la Tierra, es una de las capacidades que la compañía de Sánchez desarrolla para, entre otros clientes, Arabia Saudí, país atribulado en pleno intercambio de hostilidades entre Estados Unidos e Israel, por una parte, e Irán por otra.
Más capacidades
El Centro de Sistemas y Tecnologías de la Información de las Fuerzas Armadas (CESTIC) ha adquirido, a través de Telefónica y Aicox, un eliminador de interferencias de Integrasys, el Clean RF, para proteger las comunicaciones críticas del Estado. “Detecta la interferencia, la elimina y reconstruye tu señal restaurándola como estaba antes de que la atacaran”, explica el ingeniero el Sánchez.
Además, están ya en uso por el Mando Conjunto del Ciberespacio otras capacidades de la compañía, el Jamm CCS y el RF Shield, que sirven para proteger de interferencias las comunicaciones vía satélite.
Se trata de otra de las pescas en un creciente ecosistema de innovación propiciado por Defensa. Las Fuerzas Armadas están embarcadas en la renovación de toda la panoplia española de guerra electrónica, tratando de que la dependencia exterior sea mínima. Se trata además de aprovechar las bazas que proporciona la ingeniería. Sánchez lo resume: “Es mucho más barato derribar un dron de 20.000 euros con una señal electromagnética que con un misil de un millón”.
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