Bernadette Chirac falleció ayer por la noche a los 93 años. Su figura ha sido homenajeada no solo como la viuda del expresidente Jacques Chirac, sino también como una política independiente y una mujer comprometida con el apoyo a las personas enfermas.
Bernadette Chirac “falleció por la noche, en paz y rodeada de sus seres queridos. Había cumplido 93 años el pasado 18 de mayo”, anunció este sábado a la AFP su hija Claude Chirac.
El presidente francés Emmanuel Macron rindió homenaje a una “gran dama de corazón” que “marcó nuestra historia” y también “el destino de millones de enfermos anónimos gracias a su compromiso íntimo y constante”, especialmente al frente de la Fundación de los Hospitales de París–Hospitales de Francia.
Como homenaje, el presidente y su esposa invitan “a quienes lo desean a acudir a partir de las 15:00 a la Maison Élysée, situada frente al palacio presidencial”, donde “se pondrá a disposición un libro de condolencias”.
Esposa durante más de 60 años de Jacques Chirac, permaneció durante mucho tiempo a la sombra de quien era considerada una gran figura política. Acompañó a su marido a lo largo de todo su camino hacia el Palacio del Elíseo (ministerios, la jefatura de gobierno, el Ayuntamiento de París, el partido RPR, etc.) hasta su victoria en las elecciones presidenciales de 1995, lograda en su tercer intento.
Bernadette Chirac fue la única primera dama francesa que ejerció personalmente un cargo político: consejera general del departamento de Corrèze, donde fue elegida de manera ininterrumpida entre 1979 y 2015.
Nacida el 18 de mayo de 1933 en París, Bernadette Chodron de Courcel creció en una familia de diplomáticos del distrito XVI de la capital francesa. Estudiante de Ciencias Políticas en París (Sciences Po), fue allí donde conoció a Jacques Chirac, con quien se casó en 1956.
Durante el primer mandato presidencial de Jacques Chirac (1995-2002), se mantuvo inicialmente en un segundo plano. Sin embargo, complementó un papel esencial en la reelección de su marido en 2002, cuando ya era muy popular entre los franceses, especialmente gracias a su liderazgo en la campaña “Pièces Jaunes” a favor de los niños hospitalizados, y era muy apreciada por los cargos electos de la derecha, que buscaban su apoyo en las elecciones municipales y legislativas.
“Una mujer de carácter”
De apariencia clásica y burguesa, considerada mucho más conservadora que su marido y dotada de un sólido instinto político, quien había adquirido el apodo de “Bernie” advirtió a Jacques Chirac en 1997 sobre el desastre que supondría la disolución de la Asamblea Nacional. Atribuía esa decisión al entonces secretario general del Elíseo, Dominique de Villepin.
Esto no impidió que Villepin alabara posteriormente “la memoria de una mujer libre, independiente y profundamente comprometida”.
A diferencia de su marido, apoyó a Nicolas Sarkozy, a quien Jacques Chirac nunca perdonó por haber respaldado a Édouard Balladur en 1995. El expresidente Sarkozy expresó en X que perdía “a una gran amiga”, que era “fiel, valiente, divertida, exigente y afectuosa”.
En 2002, “su análisis resultó especialmente acertado”, recordó el exministro Jean-François Copé, ya que fue una de las pocas personas que anticipó el ascenso del líder del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen.
Varios candidatos a la presidencia tampoco dejaron de rendirle homenaje
“Era una mujer con carácter, exigente ante todo consigo misma, fiel y fuerte en las dificultades; una personalidad que los franceses respetaban y apreciaban”, resumió Édouard Philippe ante la AFP.
Bruno Retailleau elogió a “una mujer excepcional” que “encarnó, con una dignidad poco común, el sentido del deber y el amor por Francia”.
“Bernadette Chirac era una mujer de carácter, de una fuerza poco común, que se convirtió en un rostro familiar y apreciado por todos”, añadió Gabriel Attal.
Jordan Bardella también rindió homenaje a quien fue “la pieza clave de la operación Pièces Jaunes”.
A pesar de sus convicciones de derechas, varias personalidades de izquierda también destacaron su trayectoria.
El expresidente François Hollande, que coincidió con ella en la vida política de Corrèze, la describió como una “dama obstinada, voluntariaa, sin duda entregada, pero sobre todo independiente”. Consideró que había logrado “imponer su personalidad, sus ideas y su estilo en un entorno que no le era favorable”.
Por su parte, el socialista Olivier Faure destacó que “supo hacerse un lugar en un siglo en el que las mujeres seguían siendo presentadas como una simple prolongación de sus maridos. A su manera, participó en la lucha feminista”.