El primer mapa olfativo es un gran avance en la investigación sensorial, un paso para ayudarnos a abordar la pérdida del olfato

Muchas personas consideran que el sentido del olfato es menos importante que sus otros sentidos, a pesar de su papel a la hora de ayudarnos a interpretar nuestro entorno, experimentar el gusto y detectar peligros. Para los científicos, el olfato (la percepción de las moléculas en el aire) todavía está lleno de preguntas sin respuesta, especialmente en lo que respecta a cómo se organizan los receptores del olfato en la nariz.

Para ayudar a desvelar este misterioso sentido, investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard han creado el primer mapa detallado de cómo se organizan más de mil receptores del olfato en la nariz. El trabajo marca un gran avance en la investigación olfativa y llena un vacío de larga data en nuestra comprensión de los sentidos.

“Nuestros resultados ponen orden en un sistema que antes se pensaba que carecía de orden, lo que cambia conceptualmente cómo pensamos que funciona”, dijo el autor principal del estudio Sandeep Datta, profesor de neurobiología en el Instituto Blavatnik de Harvard, en un comunicado de prensa.

Los hallazgos, publicados en Cell, algún día podrían respaldar el desarrollo de terapias nuevas y mejoradas para pacientes que han perdido el sentido del olfato.

El olfato sigue siendo misterioso

En comparación con otros sentidos como la visión, el oído y el tacto, el olfato sigue siendo poco comprendido a nivel biológico. Los científicos ya cuentan con mapas detallados que muestran cómo se organizan los receptores de los ojos, los oídos y la piel, junto con sus correspondientes áreas del cerebro.

“El olfato ha sido la única excepción; es el sentido al que le ha faltado un mapa durante más tiempo”, dijo Datta.

Una de las razones del retraso es la complejidad. Mientras que la visión depende de sólo tres tipos principales de receptores, el olfato depende de miles.

Durante los últimos 35 años, los investigadores identificaron muchos de estos receptores e intentaron mapearlos, pero en gran medida asumieron que los receptores, aunque confinados a ciertas zonas, estaban dispuestos al azar, sin un patrón consistente. El interés en esta cuestión ha aumentado en los últimos años, en parte debido al fuerte aumento de la pérdida del olfato tras la pandemia de COVID-19, así como a los avances en técnicas genéticas que permiten a los científicos estudiar el sistema con mucho mayor detalle.

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Los receptores del olfato están sorprendentemente altamente organizados

En el nuevo estudio, el equipo de investigación utilizó dos técnicas genéticas, llamadas secuenciación unicelular y transcriptómica espacial, para analizar alrededor de 5,5 millones de neuronas en más de 300 ratones. Esto les permitió determinar la ubicación exacta y las conexiones de receptores y neuronas.

“Este es posiblemente el tejido neuronal más secuenciado hasta la fecha, pero necesitábamos esa escala de datos para comprender el sistema”, dijo Datta en el comunicado.

El mapa resultante mostró que los receptores del olfato están dispuestos en bandas horizontales apretadas en la nariz de los ratones, agrupados por tipo. En lugar de ser aleatorio, el sistema está muy estructurado.

“Demostramos que el desarrollo puede lograr la hazaña de organizar mil receptores olfativos diferentes en un mapa increíblemente preciso que sea consistente en todos los animales”, dijo Datta.

El equipo también demostró que este mapa de receptores se alinea con los mapas existentes de los centros de procesamiento del olfato del cerebro, ofreciendo nuevos conocimientos sobre cómo viaja la información desde la nariz al cerebro.

Mejora de las terapias para la pérdida del olfato

A continuación, los investigadores pretenden determinar el orden exacto de estas bandas de receptores. También están ampliando su trabajo al tejido humano para ver con qué precisión se traduce el mapa del ratón entre especies.

Una comprensión más profunda de cómo funciona el sentido del olfato podría eventualmente respaldar el desarrollo de terapias dirigidas, incluidos tratamientos con células madre o incluso interfaces cerebro-computadora. Perder el sentido del olfato puede tener efectos sorprendentemente graves en la salud mental, provocando aislamiento, síntomas de ansiedad y depresión.

“El olfato tiene un efecto realmente profundo y generalizado en la salud humana, por lo que restaurarlo no es sólo por placer y seguridad, sino también por bienestar psicológico”, añadió Datta. “Sin comprender este mapa, estamos condenados al fracaso en el desarrollo de nuevos tratamientos”.

Este artículo no ofrece asesoramiento médico y debe utilizarse únicamente con fines informativos.

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