¿Cuándo comes podría ser tan importante como lo que comes?

Es cerca de medianoche y me estoy dando un atracón tanto de un programa de Netflix como de las sobras de la nevera. Sé que me arrepentiré por la mañana, y tal vez en los años venideros.

Con mis banquetes nocturnos, sin darme cuenta estoy jugando rápido y relajado con un sistema que evolucionó para mantener mi cuerpo sincronizado con el Ciclo natural de 24 horas de día y noche.. Sus efectos incluyen establecer horarios óptimos para comer, y cada vez hay más evidencia de que anular este horario puede tener graves consecuencias para la salud.

Este artículo forma parte de una serie sobre nutrición que profundiza en algunas de las tendencias más candentes del momento. Leer más aquí.

La sincronización comienza en un pequeño grupo de neuronas en el cerebro llamado núcleo supraquiasmático (SCN), que es el cronometrador central del cuerpo. Su función es garantizar que procesos biológicos como conciliar el sueño se produzcan en el momento óptimo. El SCN se reinicia diariamente con la luz y la oscuridad, creando un ciclo de aproximadamente 24 horas llamado ritmo circadiano. También coordina el apetito para garantizar que tengamos un suministro adecuado de energía durante el día y podamos pasar la noche sin que la digestión o el hambre nos despierten.

Esto se traduce en picos naturales de apetito por la mañana y temprano en la noche. Los procesos involucrados en la digestión, absorción y metabolismo de los alimentos son coordinados de manera similar por el SCN para que estén preparados para la acción en el momento apropiado.