Durante décadas se creyó que la causa de la muerte de la Niño del Cerro El Plomo El cuerpo de un niño de hace 560 años, de aproximadamente 8 años, que se secó por congelación de forma natural, se considera hoy uno de los artefactos antropológicos más importantes de Chile y un testimonio del Imperio Inca.
Fue encontrado con los brazos cruzados alrededor de las piernas y la cabeza apoyada sobre el hombro y brazo derechos, como si se hubiera quedado dormido de esa manera. Los investigadores creían que había consumido chicha de maíz o alguna otra sustancia alcohólica o narcótica para inducir el sueño antes de que los antiguos lo colocaran en su tumba helada. Sin embargo, estudios científicos recientes han refutado esta idea, sugiriendo que murió por un traumatismo craneoencefálico.
“Hemos roto la creencia o mito de 70 años de que este niño murió en paz”, afirma Mario Castro, director del Museo Nacional de Historia Natural de Chile (MNHN).
Ceremonias del Imperio Inca
Esta nueva comprensión desafía todo lo que se sabía sobre Capacochauna de las ceremonias más importantes del Tawantinsuyu o Imperio Inca, en la que se ofrecían niños y adolescentes en señal de agradecimiento a Inti, el dios Sol, típicamente durante el mes de la cosecha.
Se celebraban en las cimas más altas del territorio, en este caso a 5.400 metros sobre el nivel del mar, para que su alma pudiera ascender rápidamente al mundo superior, desde donde protegería a su comunidad junto a los dioses. Al mismo tiempo, demostraba la influencia y el dominio del soberano.
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El Niño del Cerro El Plomo
Los cazadores de tesoros descubrieron la momia en 1954 y desde entonces se encuentra bajo custodia del MNHN, en colaboración con la Clínica Alemana de Santiago de Chile. Nuevas tomografías computarizadas realizadas a la momia revelan que un objeto contundente que se movía de derecha a izquierda provocó heridas en el hueso frontal del cráneo. El niño probablemente estaba de pie con la cabeza agachada cuando recibió el golpe. Se cree que el golpe fue ejecutado con habilidad.
“Las crónicas de los sacerdotes españoles —que habían estado en contacto con el Imperio Inca— describían esta forma de muerte violenta en estas ofrendas, pero no se habían encontrado evidencias”, añade Castro.
El niño del Cerro El Plomo es La primera momia del mundo examinada mediante la técnica de la dermatoscopia (un método no invasivo para estudiar las lesiones cutáneas). Estos análisis, realizados cuidadosamente por la dermatóloga Verónica Catalán, determinaron que el color azulado de las uñas y las manchas oscuras en las plantas de los pies no se debían a congelaciones, como se había interpretado en 1954 —basándose únicamente en el examen físico— y en 1983, mediante microscopía electrónica.
Los estudios radiológicos también demostraron que el niño había ingerido “un gran volumen de alimentos” cerca del momento de su muerte, que no habían sido digeridos. También se confirmó la presencia de cocaína, lo que indica que masticaba hojas de coca para combatir la fatiga. Castro señala que se necesitan más análisis para determinar cuánto tiempo había consumido esta sustancia.
La datación por radiocarbono determinó que la muerte del niño probablemente ocurrió alrededor del año 1460, antes de la llegada de los españoles a América, lo que desmiente una afirmación hecha en 2011, que erróneamente afirmaba que el niño sufría triquinosis, una enfermedad parasitaria que se transmite por el consumo de carne de cerdo, un animal introducido durante la colonización.
Otra línea de investigación que se está llevando a cabo actualmente consiste en estudiar los parásitos encontrados en el recto de la momia para determinar si había sido infectado.
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¿De dónde viene la momia Plomo?
Antes de ser sacrificado, el niño caminó más de 2.000 kilómetros desde el centro-sur de Perú hasta su muerte en el Cerro El Plomo, situado a unos 45 kilómetros al este de la actual Santiago de Chile, durante seis a nueve meses. Este recorrido explica el engrosamiento de la piel de sus pies, algo atípico para su edad, y la decoloración oscura. Un dato adicional: los zapatos que llevaba en el momento de su muerte no mostraban señales de uso.
Los investigadores calcularon la duración del viaje estudiando los isótopos estables presentes en el contenido del estómago de la momia, cuyos resultados aún no se han publicado. Sin embargo, los científicos afirman que el niño permaneció en Cusco durante dos años antes de emprender la larga caminata hacia Santiago de Chile.
Mauricio Moraga, investigador del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile, junto a sus colegas, realizaron un análisis genético del cuerpo. Estos análisis implicaron la secuenciación completa del genoma, ya que las condiciones de frío mantuvieron intacto el cuerpo y también preservaron el ADN.
Una revisión de la secuencia del genoma del niño sugiere afinidades genéticas con poblaciones actuales de los Andes del centro-sur y con individuos antiguos del norte de Chile y las tierras altas del sur del Perú.
“Esto responde a una de las preguntas más importantes sobre esta ceremonia: ¿los sacrificados venían del Cusco, el corazón del Imperio, o de los pueblos cercanos a las altas cumbres donde se realizaba la Capacocha?”, dice Moraga.
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Futuras investigaciones sobre linajes genéticos
Aunque la calidad de la información genómica obtenida es extraordinaria —”como si el niño no hubiera muerto”, señala—, aún no es posible determinar con precisión el lugar de origen. Se necesitan más muestras de ADN antiguo de otros individuos y de más poblaciones nativas para poder comparar, ya que varias subregiones y períodos están poco representados en el registro genético de América del Sur, lo que limita el alcance de un análisis más exhaustivo.
Castro sabía que los hallazgos podían ofender a ciertas comunidades y temía titulares sensacionalistas en los medios locales. Creía que era fundamental enfatizar que los sacrificios de Capacocha deben entenderse dentro de un contexto antropológico y cultural que no puede juzgarse con los estándares actuales.
“No voy a perder el respeto a los pueblos originarios. Esta era una tradición milenaria”, afirma Castro.
Verónica Catalán añade: “Entender la verdadera causa de la muerte del niño del Cerro El Plomo enriquece nuestro conocimiento sobre la cultura Inca”.
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