Por qué hacer amistad con más personas puede estar destrozándonos
Algo extraño sucedió entre 2008 y 2010. De repente, los estadounidenses tuvieron más amigos cercanos que nunca, pasando de un promedio de dos confidentes a cuatro o cinco. Al mismo tiempo, la polarización política aumentó en un patrón que los investigadores pudieron medir objetivamente a través de miles de encuestas. Ahora los científicos creen saber por qué estas dos tendencias podrían estar conectadas, y la respuesta desafía todo lo que asumimos sobre la conexión social.
Stefan Thurner y sus colegas del Complexity Science Hub de Viena analizaron décadas de datos de encuestas y encontraron una inquietante paradoja: cuanto más estrechamente conectados estamos, más fragmentada se vuelve nuestra sociedad. Su modelo matemático, publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, sugiere que no se trata sólo de correlación sino de causalidad, impulsada por las matemáticas fundamentales de cómo se comportan las redes.
La era de los dos amigos ha terminado
Durante generaciones, la investigación sociológica pintó un cuadro coherente de la vida social estadounidense. La gente mantenía aproximadamente dos amigos cercanos, el tipo de relaciones que realmente podían influir en su forma de pensar sobre temas importantes. Ese número se mantuvo estable en todos los estudios durante décadas, una constante confiable en el cambiante panorama de la vida moderna.
Luego llegó 2008. Los investigadores, siguiendo 30 encuestas diferentes que abarcaban a más de 57.000 personas en Europa y Estados Unidos, observaron que ese número aumentaba drásticamente. Para 2024, la media había llegado a 4,1 amistades cercanas. El cambio se produjo rápidamente y se concentró en unos pocos años, cuando Facebook se abrió al público y los teléfonos inteligentes comenzaron a aparecer en millones de bolsillos.
Jan Korbel, científico del Complexity Science Hub, describe el hallazgo con una nota de sorpresa en el trabajo publicado.
“Alrededor de 2008, hubo un fuerte aumento de un promedio de dos amigos cercanos a cuatro o cinco”.
Mientras tanto, las actitudes políticas se estaban endureciendo. El equipo examinó más de 27.000 encuestas del Pew Research Center, que ha estado formulando a los estadounidenses las mismas preguntas políticas desde 1999. En ese primer año, sólo el 14 por ciento de los encuestados mantenía opiniones consistentemente liberales. En 2017, esa cifra había aumentado al 31 por ciento. Las opiniones conservadoras mostraron un patrón similar, aumentando del 6 por ciento al 16 por ciento. El término medio, donde la gente sostenía una mezcla de posiciones liberales y conservadoras, se estaba vaciando.
Cuando la conexión se vuelve fragmentación
Los investigadores construyeron un modelo matemático para probar si estos patrones estaban relacionados. Lo que encontraron se asemeja a una transición de fase en la física, como el momento en que el agua cristaliza repentinamente en hielo. Por debajo de cierto umbral de conectividad, las sociedades siguen siendo fluidas y mixtas. Pero al cruzar esa línea crítica, entre tres y cuatro contactos estrechos, el sistema adopta una nueva configuración: menos grupos, más estrechamente unidos, con puentes hostiles o inexistentes entre ellos.
Markus Hofer, del Complexity Science Hub, explica el mecanismo en el estudio.
“Cuando la densidad de la red aumenta con más conexiones, la polarización dentro del colectivo inevitablemente aumenta drásticamente”.
La lógica es contradictoria pero convincente. Cuando tienes más amigos cercanos, encuentras opiniones diferentes con más frecuencia. Parece que eso debería hacernos más tolerantes y más flexibles en nuestro pensamiento. En cambio, crea más fricción. Cada desacuerdo se convierte en una oportunidad para retirarnos a grupos que ya están de acuerdo con nosotros. Y como tenemos más opciones de amistad disponibles, ya no necesitamos esforzarnos tanto para mantener relaciones que nos desafíen.
Thurner ofrece un experimento mental contundente. Si sólo tienes dos amigos, tolerarás casi cualquier cosa para conservarlos. Pero si tienes cinco y uno se vuelve difícil, simplemente puedes dejar que esa relación se desvanezca. Tienes copias de seguridad. La presión para salvar las diferencias se evapora y es reemplazada por la facilidad de crear una red que refuerza lo que ya se cree.
El resultado no es sólo polarización sino fragmentación, un término que los investigadores utilizan con cuidado. La gente ya no está simplemente en desacuerdo. Se clasifican en campos que apenas se comunican, conectados sólo por finos hilos de hostilidad. La democracia, que depende de que todos los sectores de la sociedad participen en la toma de decisiones compartida, comienza a desmoronarse cuando los grupos ya no pueden hablar entre sí.
El momento apunta a las redes sociales y los teléfonos inteligentes como aceleradores, aunque los investigadores no llegan a afirmar una causalidad directa. Estas tecnologías no crearon la dinámica matemática que impulsa la fragmentación, pero pueden haber empujado a las sociedades más allá del umbral crítico donde esas dinámicas toman el control. La transición de fase siempre fue posible. La era digital simplemente lo hizo inevitable.
Lo que aún no está claro es si este proceso puede revertirse o si las sociedades que cruzan el umbral quedan atrapadas en su nuevo estado fragmentado. Los investigadores sugieren que aprender temprano a interactuar con diferentes opiniones y cultivar activamente la tolerancia podría ayudar, pero esas son estrategias a largo plazo para un problema que cristalizó en sólo dos años. Por ahora, vivimos las secuelas de una transición que apenas notamos cuando ocurrió.
Actas de la Academia Nacional de Ciencias: 10.1073/pnas.2517530122
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