A medida que se acerca Halloween, resurgen historias de brujas y sus pociones, a menudo presentando plantas espeluznantes como la belladona, la mandrágora y la artemisa.
Estos productos botánicos, impregnados de mitos y folclore, han estado vinculados durante mucho tiempo con hechizos y hechicería.
Sin embargo, detrás de su espeluznante reputación se esconde una historia farmacológica fascinante y, en algunos casos, una relevancia médica continua.
Belladona
La belladona (Atropa belladonna), también conocida como belladona, tiene una larga y contradictoria historia como veneno y medicina. Su nombre, que significa “mujer hermosa” en italiano, se refiere a su uso cosmético en la época del Renacimiento, cuando las mujeres usaban el jugo de sus bayas para dilatar sus pupilas y parecer más atractivas.
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Pero esta belleza conlleva peligros. La belladona es muy tóxica. Ingerir incluso unas pocas hojas o bayas puede ser fatal y tocarlas puede irritar la piel. También se ha utilizado por sus propiedades alucinógenas en muchas culturas.
El poder de la planta proviene de los alcaloides tropanos como la atropina y la escopolamina. Estos compuestos bloquean la acción de la acetilcolina, una sustancia química que envía mensajes entre las células nerviosas del sistema nervioso parasimpático.
Este sistema ayuda a regular el movimiento muscular y las funciones corporales clave, incluida la frecuencia cardíaca, la respiración, la memoria, el aprendizaje, la sudoración, la digestión y la micción.
La medicina moderna utiliza atropina para dilatar las pupilas durante los exámenes oculares, tratar la bradicardia (frecuencia cardíaca lenta) y actuar como antídoto para el envenenamiento por organofosforados causado por ciertos pesticidas y agentes de guerra química. La escopolamina se prescribe para el mareo y las náuseas posoperatorias.
La investigación científica continúa destacando la relevancia médica de la belladona. Sin embargo, persisten las preocupaciones sobre la seguridad. Múltiples agencias de atención médica han emitido advertencias sobre los productos homeopáticos que contienen belladona, particularmente aquellos destinados a los bebés para la dentición y los cólicos, luego de informes de convulsiones y problemas respiratorios.
Belladonna también debe usarse con precaución en personas que toman otros medicamentos que pueden aumentar el riesgo de efectos secundarios, incluidos antihistamínicos, antidepresivos y antipsicóticos.
Mandrágora
Otra planta de la familia de las solanáceas es la mandrágora (Mandragora officinarum), cuya raíz con forma humanoide ha inspirado siglos de mitos, desde los antiguos textos griegos hasta la Biblia.
El folclore advertía que arrancar una mandrágora del suelo desataría un grito mortal; una historia tan duradera que incluso llegó a la serie de Harry Potter.
En la brujería, se creía que la mandrágora era un ingrediente clave en los ungüentos voladores, se usaba como amuletos para la fertilidad y la protección y se agregaba a las pociones de amor, tal vez debido a sus efectos alucinógenos. Históricamente, se utilizó como anestésico, sedante y ayuda para la fertilidad.
Al igual que la belladona, la mandrágora contiene alcaloides tropanos como la atropina y la escopolamina, que tienen propiedades psicoactivas. Un estudio de 2022 catalogó 88 usos medicinales tradicionales de la mandrágora, que van desde alivio del dolor y sedación hasta trastornos digestivos y de la piel.
Sin embargo, la ciencia no necesariamente respalda todas estas afirmaciones. La escopolamina puede actuar como antiespasmódico, aliviando los espasmos de los músculos intestinales y ayudando con los problemas digestivos.
También puede provocar somnolencia al bloquear los receptores antimuscarínicos M1 en el cerebro. Pero los extractos de hojas de mandrágora muestran resultados mixtos, y algunas pruebas sugieren que pueden causar dermatitis en lugar de tratarla.
Artemisa
La artemisa (especie de Artemisia) es otra hierba a menudo vinculada a la magia y la curación. Tradicionalmente se utilizaba para realzar los sueños y ahuyentar a los malos espíritus. En 2015, se otorgó el Premio Nobel por el descubrimiento de la artemisinina, un compuesto contra la malaria derivado de Artemisia annua, o artemisa anual.
En la medicina tradicional china, la artemisa aparece en la moxibustión, una terapia que consiste en quemar la hierba cerca de los puntos de acupuntura para estimular la curación. Los herbolarios también lo utilizan para tratar irregularidades menstruales y problemas digestivos.
La artemisa común figura como ingrediente homeopático en la Farmacopea Europea, donde se usa para ayudar con períodos irregulares, síntomas de menopausia y afecciones nerviosas como sonambulismo, convulsiones, epilepsia y ansiedad.
Las partes aéreas de la artemisa se utilizan para producir aceite esencial, que contiene compuestos como alcanfor, pineno y cineol. Estas sustancias son conocidas por sus propiedades antioxidantes, antibacterianas y antifúngicas.
La artemisinina de la planta puede estimular suavemente el útero y ayudar a regular los ciclos menstruales. Los estudios en animales sugieren que el extracto de hoja de artemisia puede ayudar a tratar afecciones inflamatorias de la piel al reducir la liberación de sustancias químicas que causan inflamación por parte de las células inmunitarias.

La evidencia clínica sigue siendo limitada y se necesitan investigaciones más rigurosas para confirmar su seguridad y eficacia. La artemisa también puede provocar reacciones alérgicas como irritación de la piel y dificultades respiratorias, y debe evitarse durante el embarazo, ya que puede provocar contracciones uterinas.
Los mitos que rodean a estas plantas pueden parecer una fantasía, pero la verdad es igualmente cautivadora. No brujería, sino química: compuestos complejos que han influido tanto en la curación antigua como en la medicina moderna.
A medida que los investigadores continúan explorando su potencial, estas hierbas nos recuerdan que muchas leyendas tienen sus raíces en la farmacología real. Entonces, mientras revolvemos nuestros calderos este Halloween, vale la pena recordar que la verdadera magia de la belladona, la mandrágora y la artemisa no reside en la superstición, sino en la ciencia.
Dipa Kamdar, profesora titular de práctica farmacéutica, Universidad de Kingston
Este artículo se vuelve a publicar desde The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.
