El comienzo de 2026 muestra una economía impulsada más por presiones estructurales a largo plazo que por un ciclo de recuperación normal. Los mercados operan en un entorno geopolítico fragmentado donde las preocupaciones por la seguridad dan forma cada vez más a las políticas comerciales, de inversión y tecnológicas.
Las tensiones geopolíticas, las interrupciones de las cadenas de suministro y la intensa competencia en áreas como la inteligencia artificial están influyendo hacia dónde fluye el capital y cómo se valoran los riesgos. Si bien el crecimiento estadounidense sigue siendo relativamente fuerte, coexiste con una incertidumbre geopolítica constante, una persistente inflación de los servicios y una dirección política global desigual. Como resultado, el optimismo del mercado es desigual: los inversores favorecen la estabilidad percibida pero se mantienen cautelosos respecto de los riesgos vinculados a la geopolítica, la política comercial y los errores de cálculo económicos.
Los mercados globales han abierto el año moviéndose a diferentes velocidades. Las acciones estadounidenses se mantienen cerca de máximos históricos, lo que sugiere confianza en la durabilidad de las ganancias, pero el liderazgo se está reduciendo a medida que los inversores cuestionan las elevadas valoraciones de la tecnología. Japón se destaca como beneficiario de las reformas estructurales y la dinámica monetaria, mientras que Europa y el Reino Unido siguen limitados por un impulso de crecimiento más débil.
En el caso de las materias primas, la divergencia es sorprendente. Los precios del petróleo señalan un mundo de amplia oferta, donde los conflictos geopolíticos añaden sólo una prima modesta a una demanda estructuralmente débil. El oro, por el contrario, refleja una ansiedad financiera más profunda; aumento de la deuda, desconfianza geopolítica y diversificación de los bancos centrales, lo que pone de relieve una desconexión entre la economía física y el sistema financiero.
Los mercados de Oriente Medio y el Norte de África han comenzado 2026 con una base más firme, respaldados por el impulso de las reformas y no solo por la fortaleza de las materias primas. El acontecimiento más trascendental es la decisión de Arabia Saudita de abrir completamente su mercado de valores a los inversores extranjeros a partir de febrero. Esta medida señala un impulso estratégico para profundizar la liquidez, atraer capital a largo plazo y respaldar el ambicioso proyecto Visión 2030.
Las primeras ganancias de las acciones de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos sugieren un optimismo cauteloso, ya que los inversores anticipan un mejor acceso al mercado y posibles reponderaciones de los índices. Para la región, 2026 podría marcar un cambio de ser una inversión pequeña y opcional a convertirse en una parte regular y más significativa de las carteras de inversionistas globales. Comentario proporcionado por Mohanad Yakout, analista senior de mercado de Scope Markets