Un abejorro de cola de ante sobre una flor artificial
Laboratorio de abejas en la Universidad Médica del Sur
Los abejorros han aprendido a reconocer secuencias de luces intermitentes y vibraciones similares al código Morse, lo que demuestra un sentido del ritmo que nunca se ha visto en un animal con un cerebro tan pequeño.
La capacidad de reconocer ritmos flexibles y abstractos (cuando, por ejemplo, el mismo patrón o melodía se toca a un ritmo diferente y de diferentes maneras) sólo se ha demostrado en unas pocas aves y mamíferos, incluidos loros, pájaros cantores y primates como los chimpancés.
Andrew Barron de la Universidad Macquarie en Sydney, Australia, y sus colegas realizaron una serie de experimentos para tratar de determinar si los abejorros de cola beige (Bombus terrestris), que tienen cerebros mucho menos complejos, también podían reconocer una variedad de ritmos diferentes.
En el primer experimento, los abejorros aprendieron a elegir entre dos flores artificiales compuestas por luces LED parpadeantes. Una flor producía destellos largos y la otra pulsaciones cortas, como guiones y puntos en código Morse. Una flor contenía una recompensa (sacarosa) y la otra, la desagradable quinina.
Una vez que las abejas aprendieron a distinguir entre las flores brillantes que ofrecían recompensa y castigo, fueron probadas con flores llenas sólo de agua. Casi todas las abejas seguían eligiendo la flor que producía el tipo de destello que antes contenía sacarosa.
A continuación, los científicos aumentaron la complejidad de los estímulos luminosos, y cada flor emanaba un patrón de destello diferente, ya sea guión, guión, punto, punto o punto, guión, punto, guión. Las abejas todavía podían distinguir entre ellos.
Pero luego llegó el resultado verdaderamente “notable”, dice Barron. Las flores artificiales fueron reemplazadas por un laberinto, y en el cruce entre dos ramas, había un piso vibrante.
“Si estaba vibrando, significaba girar a la derecha para conseguir azúcar”, dice Barron. “Entonces, un ritmo indicaba girar a la izquierda, un ritmo indicaba girar a la derecha, y los entrenamos así. Les demostramos que podían aprender eso”.
Finalmente, sin más entrenamiento de las abejas, los científicos reemplazaron el piso vibrante con luces LED que parpadeaban con el mismo patrón que este piso. “No todos lo entendieron, pero la población en general demostró que eran capaces de transferir la tarea de la vibración a pulsos de luz”, dice Barron.
En otras palabras, las abejas podían reconocer un patrón independientemente de cómo se presentara. Ya fueran destellos de luz o vibraciones, reconocieron los ritmos.
Hasta ahora se pensaba que el reconocimiento rítmico abstracto requería un cerebro grande, afirma Barron. Comprender cómo las abejas hacen esto con cerebros diminutos podría revolucionar la forma en que los drones en miniatura y otros dispositivos pequeños y autónomos interpretan el mundo, afirma.
“Creo que lo que este trabajo demuestra es que tiene que haber un truco más sencillo”, dice Barron. “Que un organismo como una abeja, con un cerebro tipo abeja, sea capaz de abstraer un ritmo es notable”.
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