Los humanos antiguos eran sorprendentemente creativos, estructurados y geométricos en su pensamiento hace unos 60.000 años, según algunas cáscaras de huevos de avestruz intrincadamente grabadas encontradas en el sur de África.
Los fragmentos supervivientes de estas conchas decoradas, descritas por primera vez en 2010, no están garabateados al azar, como los bordes del cuaderno de un soñador, sino grabados con características geométricas conscientes, como cuadrículas y diamantes.
Estos diseños, analizados en un nuevo estudio realizado por investigadores en Italia, proporcionan un puente entre eones y un vistazo a las mentes de nuestros predecesores.
“Estos signos revelan una forma de pensar geométrica sorprendentemente estructurada”, dice Silvia Ferrara, arqueóloga de la Universidad de Bolonia y autora principal del estudio.
“Estamos hablando de personas que no se limitaron a dibujar líneas, sino que las organizaron según principios recurrentes: paralelismos, cuadrículas, rotaciones y repeticiones sistemáticas: una gramática visual en embrión”.
Para descifrar la “gramática geométrica” utilizada por los decoradores de las conchas, los investigadores analizaron la disposición espacial de las marcas en 112 fragmentos grabados de cáscaras de huevos de avestruz. Descubiertas en dos sitios de refugio en Sudáfrica y en una cueva en el sur de Namibia, estas conchas intactas pueden haber sido utilizadas en su apogeo como contenedores de agua, como todavía lo hacen algunos recolectores de la región.
Pero ¿fueron sus diseños intencionalmente complejos? Los investigadores examinaron casi 1.300 líneas grabadas en los fragmentos de concha y concluyeron que sus creadores demostraron un sorprendente nivel de organización cognitiva.
Más del 80 por ciento de los grabados muestran regularidades espaciales coherentes, con diseños ricos en paralelismo, ángulos rectos y repetición de líneas y patrones. Las creaciones más complejas presentan bandas rayadas, rejillas y motivos de diamantes.
Estos diseños proporcionan evidencia de que los primeros humanos no solo tenían mano firme sino también una mente creativa capaz de realizar operaciones cognitivas como rotación, traducción e incrustación, que transforman líneas simples en creaciones diversas y diseños jerárquicos.
Es más, se trata de una prueba tangible de la base cognitiva necesaria para el surgimiento del pensamiento abstracto. La capacidad de conceptualizar cosas fuera de la propia experiencia personal, incluidas cosas que no se pueden ver o que tal vez ni siquiera existan, es un rasgo humano definitorio y la fuente de toda nuestra ficción buena (y mala).
El estudio se basa en hallazgos anteriores que sugieren que los humanos poseen un sentido intuitivo de las características geométricas, como líneas, puntos, paralelismos y ángulos rectos, y que estas “intuiciones geométricas” son parte del conocimiento central de la humanidad.
“Estos grabados son organizados y consistentes, y muestran dominio de las relaciones geométricas”, dice Ferrara.
“No hay sólo un proceso de repetición de signos: hay una verdadera planificación viso-espacial, como si los autores ya tuvieran en mente una imagen general de la figura antes de grabarla”.
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Por supuesto, no está claro si estos diseños tienen algún significado esotérico más profundo, y eso está más allá del alcance del trabajo. Pero resaltan una progresión crucial en la evolución del pensamiento humano, que sentó las bases para un futuro lleno de arte e invención.
“Nuestro análisis muestra que el Homo sapiens hace 60.000 años ya poseía una notable capacidad para organizar el espacio visual según principios abstractos”, afirma Valentina Decembrini, estudiante de doctorado en la Universidad de Bolonia y primera autora del estudio.
“Transformar formas simples en sistemas complejos siguiendo reglas definidas es un rasgo profundamente humano que ha caracterizado nuestra historia durante milenios, desde la creación de decoraciones hasta el desarrollo de sistemas simbólicos y, en última instancia, la escritura”.
Esta investigación fue publicada en PLOS One.
