La NASA se toma en serio la instalación de una planta de energía nuclear en la Luna para 2030.
Desde hace algunos años, la agencia trabaja en el desarrollo de un reactor nuclear que podría alimentar una o más bases en la superficie lunar, que la NASA quiere construir a través de su programa Artemis.
En diciembre pasado, el presidente Donald Trump emitió una orden ejecutiva llamando a comenzar la construcción de dicha base para 2030, y a que un reactor nuclear esté listo para lanzarse hacia la superficie lunar ese mismo año.
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Y el martes (13 de enero), la NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) anunciaron que firmaron un memorando de entendimiento que reafirma su compromiso de cumplir ese ambicioso plazo.
“Bajo la política espacial nacional del presidente Trump, Estados Unidos se compromete a regresar a la Luna, construir la infraestructura para quedarse y realizar las inversiones necesarias para el próximo salto gigante a Marte y más allá”, dijo el martes el administrador de la NASA, Jared Isaacman, en un comunicado.
“Para lograr este futuro es necesario aprovechar la energía nuclear”, añadió. “Este acuerdo permite una colaboración más estrecha entre la NASA y el Departamento de Energía para ofrecer las capacidades necesarias para marcar el comienzo de la Edad de Oro de la exploración y el descubrimiento espacial”.
La energía nuclear tiene sentido para puestos de avanzada tripulados en lugares del espacio profundo como la Luna y Marte, dicen muchos defensores de la exploración. Los sistemas de fisión pueden generar electricidad de forma continua durante años sin necesidad de repostar y no se ven afectados por los cambios en las condiciones climáticas o la luz solar.
La NASA y el DOE han trabajado juntos en sistemas de energía nuclear espacial durante más de medio siglo: a lo largo de décadas, muchos de los exploradores robóticos del espacio profundo de la agencia, como su orbitador Cassini Saturn y los rovers Curiosity y Perseverance de Marte, han utilizado generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG) como fuente de energía.
“La historia muestra que cuando la ciencia y la innovación estadounidenses se unen, desde el Proyecto Manhattan hasta la misión Apolo, nuestra nación lleva al mundo a alcanzar nuevas fronteras que antes se consideraban imposibles”, afirmó en el mismo comunicado el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright. “Este acuerdo continúa ese legado”.