Pere Salvà, catedrático emérito de Geografía Humana de la Universitat de las Illes Balears y uno de los principales expertos de la región en demografía y población, cree que existe “una auténtica fuga de cerebros” en Baleares. “Hemos invertido en la educación de nuestros jóvenes, pero al final son otros países los que se benefician de esta inversión”.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística, 13.007 ciudadanos baleares viven en el extranjero, cifra que supera los 8.442 de hace diez años. Y la mayoría de ellos tienen menos de 40 años. El setenta por ciento de estos emigrantes se encuentran en otro país europeo, donde hay más oportunidades laborales altamente calificadas que las disponibles en las islas.
“Las Baleares se han especializado en ofrecer empleos de muy baja cualificación, y cuando un joven tiene un alto nivel educativo tiene que emigrar porque aquí no encuentra oportunidades laborales adecuadas”, explica Salvà. Este es el caso de profesionales altamente cualificados en enfermería, medicina, informática e ingeniería, entre otros campos. Por este motivo, quienes emigran se dirigen a Reino Unido, Alemania, Francia o los países nórdicos, además de Estados Unidos.
“Si no cambiamos el modelo económico, corremos el riesgo de que esta situación empeore más allá de lo que hemos visto en esta década. La mano de obra poco cualificada que llega a Baleares es lo que interesa a algunos empresarios porque pueden pagar salarios más bajos.
“Este es un modelo precario, con bajos niveles de cualificación, pero con un gran número de trabajadores que también necesitan atención sanitaria, educación, vivienda y servicios sociales. Exportamos talento e importamos trabajadores poco cualificados”. Si este modelo continúa, la fuga de cerebros persistirá. “Es esencial empezar a abordar la necesidad de construir una economía de mayor calidad para los residentes”.