Los sueños inmersivos pueden ser la clave para una mejor calidad del sueño

Dormir es algo muy voluble. A veces, puedes dormir ocho horas completas y aun así despertarte atontado. Otras veces duermes mucho menos y te sientes sorprendentemente renovado. Un nuevo estudio sugiere que esta diferencia puede deberse a un factor que se pasa por alto: la intensidad con la que sueñas.

Los investigadores han descubierto que las personas experimentan un sueño más profundo y reparador después de un sueño inmersivo, incluso cuando su actividad cerebral no coincide con lo que los científicos definen tradicionalmente como “sueño profundo”. Los hallazgos, publicados en PLOS Biology, desafían las suposiciones de larga data sobre lo que realmente hace que el sueño sea reparador.

En lugar de que las ondas cerebrales lentas determinen por sí solas la calidad del sueño, la investigación señala que los sueños contribuyen poderosamente a lo descansados ​​que nos sentimos.

“Ya sabemos que los sueños se extienden más allá del sueño REM y ocupan una gran parte de la noche, pero su función aún no está clara. Nuestro estudio sugiere que los sueños pueden ayudar a moldear cómo experimentamos el sueño al sumergirnos en un mundo interno que nos mantiene desconectados del entorno externo”, dijeron los autores del estudio en un comunicado de prensa.

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Un vínculo sorprendente entre los sueños y la calidad del sueño

Para investigar cómo los sueños moldean la percepción del sueño, los investigadores monitorearon a 44 adultos durante cuatro noches utilizando registros de EEG. Se despertó repetidamente a los participantes durante el sueño no REM y se les pidió que informaran sobre sus experiencias mentales justo antes de despertar.

Los resultados confirmaron parte de lo que la ciencia del sueño ha creído durante mucho tiempo: las transiciones de ondas cerebrales más rápidas y de mayor frecuencia a otras más lentas se asociaron con una sensación más fuerte de sueño profundo. Pero también hubo resultados inesperados.

Cuando los participantes informaron haber soñado, incluso si no podían recordar detalles específicos, la relación entre el sueño y las ondas cerebrales comenzó a cambiar. Los sueños parecieron anular las señales habituales de la profundidad del sueño.

En cuanto a los tipos de sueños, los sueños más inmersivos tuvieron el efecto más fuerte. Los sueños vívidos, extraños y emocionalmente intensos se vincularon con una mayor sensación subjetiva de sueño profundo. Por el contrario, los pensamientos más abstractos o reflexivos se asociaron con un sueño más ligero y menos satisfactorio.

“Comprender cómo los sueños contribuyen a la sensación de sueño profundo abre nuevas perspectivas sobre la salud del sueño y el bienestar mental”, dijeron los autores del estudio. “Las alteraciones en los sueños (por ejemplo, una reducción en la riqueza o frecuencia de los sueños) podrían influir en cómo las personas perciben la profundidad o la duración del sueño y pueden contribuir a la insatisfacción con la calidad del sueño”.

Cómo esto desafía lo que sabíamos sobre el sueño

Durante décadas, la calidad del sueño ha estado estrechamente ligada a la actividad de ondas lentas, el sello distintivo del sueño profundo no REM. Esta etapa ha sido considerada el estándar de oro para la restauración física y mental.

El nuevo estudio complica este panorama porque soñar, especialmente cuando se siente inmersivo, generalmente está relacionado con una mayor actividad cerebral similar a la de la vigilia, no con las ondas lentas asociadas con el sueño profundo. Sin embargo, en el estudio, los participantes aún informaron sentir que habían dormido más profundamente después de estas experiencias oníricas.

Esa contradicción sugiere que el sueño no es sólo un proceso biológico medido por ondas cerebrales, sino también una experiencia subjetiva moldeada por nuestra percepción.

Cómo funcionan las etapas del sueño y dónde encajan los sueños

El sueño se desarrolla en ciclos, moviéndose entre etapas REM y no REM a lo largo de la noche. El sueño no REM incluye etapas más ligeras, así como un sueño profundo de ondas lentas, donde la actividad cerebral se ralentiza y el cuerpo lleva a cabo gran parte de su reparación física.

El sueño REM, por otro lado, es cuando normalmente ocurren los sueños más vívidos. Durante esta fase, la actividad cerebral se vuelve más similar a la vigilia, incluso cuando el cuerpo permanece en gran medida inmovilizado.

Lo que destaca esta nueva investigación es que los sueños pueden funcionar como una especie de amortiguador psicológico, sumergiéndonos tan completamente en un mundo interno que permanecemos desconectados de las perturbaciones externas. Esa sensación de inmersión, en lugar de la mera inconsciencia, puede ser lo que nos hace sentir verdaderamente descansados ​​por la mañana.

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